Salud por: Equipo de redacción Por qué siempre hay espacio para el postre: explicación científica del fenómeno 2026-01-12

Sentir que siempre hay espacio para el postre no es una cuestión de falta de autocontrol, sino un fenómeno respaldado por la ciencia. Expertos en anatomía y neurociencia explican que el estómago y el cerebro juegan un papel clave en esta experiencia cotidiana que combina digestión y placer.

Michelle Spear, profesora de Anatomía en la Universidad de Bristol, señala que al iniciar una comida se activa la llamada acomodación gástrica, proceso en el cual la musculatura del estómago se relaja para incrementar su volumen sin generar sensación inmediata de presión. Esto permite que, incluso después de sentirse saciado, sea posible seguir comiendo, especialmente alimentos más ligeros como los postres.

La diferencia digestiva también influye. Mientras los platos principales, ricos en grasas y proteínas, son más pesados y lentos de procesar, los postres suelen ser blandos, dulces y fáciles de digerir, lo que facilita que se consuman sin la misma sensación de llenura. Este contraste explica por qué el postre parece “entrar” con mayor facilidad tras una comida abundante.

El cerebro completa la ecuación con la llamada hambre hedónica o hambre emocional, que responde al deseo de comer por placer más que por necesidad fisiológica. El azúcar activa el sistema de recompensa y libera dopamina, neurotransmisor asociado al bienestar, que silencia temporalmente las señales de saciedad. Además, el efecto novedad del sabor dulce y el retraso en la acción de las hormonas de saciedad refuerzan la sensación de que siempre queda espacio para un bocado más.