Los días 5 y 6 de marzo de 2026, se realiza el simposio “Teotihuacan a través del tiempo. La configuración histórica de la zona arqueológica” en el lugar donde, según la mitología nahua, fue creada la última era o Quinto Sol. Especialistas analizan cómo se construyó una idea de esta urbe desde la arqueología y la antropología.
La Zona Arqueológica de Teotihuacan, a través del Departamento de Museos y Comunicación Educativa y el Centro de Estudios Teotihuacanos, organiza el encuentro que reúne a investigadoras e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM) y Autónoma del Estado de México, la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, e independientes. Alonso Rodríguez Terán, comunicador del equipo organizador, destacó que comprender Teotihuacan implica conocer los procesos históricos que han permitido su exploración, investigación y conservación.
En las conferencias sobre “Factores históricos y configurativos”, figuró Leopoldo Batres. La restauradora Elvira Pruneda Gallegos, bisnieta del arqueólogo porfirista, señaló que sus estudios en Teotihuacan comenzaron en 1884 con el descubrimiento del primero de dos murales en el Templo de la Agricultura. Más allá de su formación militar, Batres fue anticuario y el primer mexicano en cursar estudios en el Museo de Etnografía del Trocadero en París. Lorena López Jáuregui, doctorante del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, explicó cómo los Congresos Internacionales Americanistas configuraron una visión decimonónica que presentaba a Teotihuacan como “La Pompeya mexicana”.
El historiador Omar Ramírez Casas expuso un tema desconocido: un jardín paisajístico proyectado por Leopoldo Batres al costado sur de la Pirámide del Sol. Su investigación partió del hallazgo fotográfico realizado por Fernando del Río González en octubre de 1948. Tres imágenes muestran un parterre formal junto al museo local y edificios auxiliares para visitantes. La construcción inició en 1907 bajo dos premisas porfiristas: los parques como indicadores civilizatorios y el embellecimiento paisajístico como recreación visual. Además identificó otro álbum fotográfico fechado el 18 octubre 1908 –posible obsequio para Porfirio Díaz– con tres fotografías capturadas por Agustín Barraza donde destaca claramente este espacio verde.