Rescatar a la policía.
_ En el tema de la seguridad pública es recurrente opinar sobre el comportamiento negativo, restrictivo y sin criterio de algunos policÃas del Distrito Federal (caso aparte son los del Estado de México). A un lado dejamos la explicación de estas conductas que, entre otros factores, han detonado la crisis de escasa credibilidad en las instituciones que deben velar por el bienestar ciudadano.
Entre las instituciones que peor imagen tienen dentro del gobierno de la ciudad de México, están aquellas encargadas de administrar, procurar y fortalecer la justicia y la convivencia segura. En esta roja evaluación, la policÃa en sus distintas corporaciones está muy mal parada frente a la opinión pública. Las redes sociales han ayudado a exhibir a gran escala los problemas diversos de las agrupaciones policÃacas que van desde la obesidad, la negligencia y la corrupción, hasta las violaciones a los derechos humanos, el abuso de autoridad y el hostigamiento sexual.
En el vértigo de la burla e indignación colectiva, nos hemos desviado del análisis de tres estructuras básicas que han dado pie al sÃndrome de la policÃa indolente: 1. La estructura de poder, 2. La estructura de la corrupción ciudadano-policÃa y 3. La estructura de la improvisación emergente.
En la estructura de poder encontramos toda la serie de cuotas, prebendas, negociaciones que una persona que desea ingresar al servicio pùblico policial debe pagar y realizar. En el registro, el acceso a uniformes, armas, artÃculos de trabajo e incentivos, las condiciones laborales de estos servidores públicos son de las más violentas y excluyentes. Esto fortalece la estructura de la corrupción por los bajos salarios, la falta de oportunidades para ascensos por mérito y los altos riesgos en el combate frente a una delincuencia cada vez más organizada (fenómeno presente en todo el paÃs). La popular mordida, la prestación de servicios que demeritan el fin último de la seguridad (como hacer labores de "viene-viene") son problemas originados corresponsablemente, es decir gobierno-ciudadano.
Además de esto, encontramos un enfoque de la seguridad pública centrado en la garantÃa del orden jurÃdico sobre la prevención social, es decir, estamos frente al uso excesivo de la fuerza pública en los eventos relacionados con la manifestación de ideas. Por ejemplo, la detención de jóvenes sin que haya sido comprobada su participación en actos de vandalismo durante las marchas del año pasado. La falta de estrategias y coordinación entre la policÃa local y la federal ha provocado una polarización social que perjudica su imagen como autoridad de confianza. Ha quedado lejos la policÃa de barrio, la cercanÃa con la vida cotidiana y el reconocimiento a la vocación de servicio que tienen algunos elementos, muy a pesar de sus precarias condiciones laborales.
El cambio de un Secretario de Seguridad Pública que se enganchó en el orden jurÃdico sin estrategias sociales de prevención, llegó en el momento oportuno, no solo para la imagen del Jefe de Gobierno. Fue oportuno para una reestructuración del enfoque de seguridad pública.
Es significativo que el actual Secretario haya sido antes Contralor General del gobierno del Distrito Federal y, en aquel momento, responsable de las pruebas de control de confianza por las que todos los servidores debemos pasar para ocupar un cargo. Esto es alentador, sin embargo, nos toca nuestra parte de trabajo en el rol de ciudadanos. Me refiero a involucrarnos en el seguimiento de la actuación de la policÃa en el entorno barrial y en la prevención vÃa educación cÃvica, comunicación vecinal, mantenimiento de la infraestructura urbana (alumbrado público, parques libres de basura, banquetas accesibles, escuelas seguras), ya que estos factores contribuyen a disminuir la delincuencia.
Esta es la oportunidad de rescatar el modelo de seguridad pública orientado a la prevención estratégica cercana al ciudadano. Es la oportunidad de curarnos del sÃndrome de la policÃa indolente o sÃndrome de Hillsborough, aquel que recibe su nombre de una tragedia ocasionada en un estadio de fútbol inglés, en donde la presión de dos mil aficionados que se habÃan quedado afuera del juego abarrotado entre Liverpool y Nottingham reclamaban -a golpes de palos y piedras- entrar al estadio. La policÃa para evitar la confrontación los dejó pasar ocasionando un sobrecupo que le costó la vida a noventa personas dentro del recinto.
Una verdadera tragedia. La policÃa represiva no funciona, la policÃa sin estrategia tampoco. El enemigo público número uno es una policÃa sin motivación por el bien común.
Comentarios: utopiayciudad@gmail.com
Carmen Contreras
@Utopia_Urbana
Socióloga orgullosamente UNAM. Estudio y trabajo en gestión pública. Subdirectora en la SecretarÃa de Movilidad del Gobierno de la ciudad de México. Me especialicé en polÃticas públicas con perspectiva de género por la FLACSO. Investigo temas sobre identidad cultural, espacio público y desarrollo social. En el ejercicio del servicio público ético desde hace 15 años.
Las opiniones aquà plasmadas, son completamente de carácter personal y no tienen que ver con mi empleador actual.
Entre las instituciones que peor imagen tienen dentro del gobierno de la ciudad de México, están aquellas encargadas de administrar, procurar y fortalecer la justicia y la convivencia segura. En esta roja evaluación, la policÃa en sus distintas corporaciones está muy mal parada frente a la opinión pública. Las redes sociales han ayudado a exhibir a gran escala los problemas diversos de las agrupaciones policÃacas que van desde la obesidad, la negligencia y la corrupción, hasta las violaciones a los derechos humanos, el abuso de autoridad y el hostigamiento sexual.
En el vértigo de la burla e indignación colectiva, nos hemos desviado del análisis de tres estructuras básicas que han dado pie al sÃndrome de la policÃa indolente: 1. La estructura de poder, 2. La estructura de la corrupción ciudadano-policÃa y 3. La estructura de la improvisación emergente.
En la estructura de poder encontramos toda la serie de cuotas, prebendas, negociaciones que una persona que desea ingresar al servicio pùblico policial debe pagar y realizar. En el registro, el acceso a uniformes, armas, artÃculos de trabajo e incentivos, las condiciones laborales de estos servidores públicos son de las más violentas y excluyentes. Esto fortalece la estructura de la corrupción por los bajos salarios, la falta de oportunidades para ascensos por mérito y los altos riesgos en el combate frente a una delincuencia cada vez más organizada (fenómeno presente en todo el paÃs). La popular mordida, la prestación de servicios que demeritan el fin último de la seguridad (como hacer labores de "viene-viene") son problemas originados corresponsablemente, es decir gobierno-ciudadano.
Además de esto, encontramos un enfoque de la seguridad pública centrado en la garantÃa del orden jurÃdico sobre la prevención social, es decir, estamos frente al uso excesivo de la fuerza pública en los eventos relacionados con la manifestación de ideas. Por ejemplo, la detención de jóvenes sin que haya sido comprobada su participación en actos de vandalismo durante las marchas del año pasado. La falta de estrategias y coordinación entre la policÃa local y la federal ha provocado una polarización social que perjudica su imagen como autoridad de confianza. Ha quedado lejos la policÃa de barrio, la cercanÃa con la vida cotidiana y el reconocimiento a la vocación de servicio que tienen algunos elementos, muy a pesar de sus precarias condiciones laborales.
El cambio de un Secretario de Seguridad Pública que se enganchó en el orden jurÃdico sin estrategias sociales de prevención, llegó en el momento oportuno, no solo para la imagen del Jefe de Gobierno. Fue oportuno para una reestructuración del enfoque de seguridad pública.
Es significativo que el actual Secretario haya sido antes Contralor General del gobierno del Distrito Federal y, en aquel momento, responsable de las pruebas de control de confianza por las que todos los servidores debemos pasar para ocupar un cargo. Esto es alentador, sin embargo, nos toca nuestra parte de trabajo en el rol de ciudadanos. Me refiero a involucrarnos en el seguimiento de la actuación de la policÃa en el entorno barrial y en la prevención vÃa educación cÃvica, comunicación vecinal, mantenimiento de la infraestructura urbana (alumbrado público, parques libres de basura, banquetas accesibles, escuelas seguras), ya que estos factores contribuyen a disminuir la delincuencia.
Esta es la oportunidad de rescatar el modelo de seguridad pública orientado a la prevención estratégica cercana al ciudadano. Es la oportunidad de curarnos del sÃndrome de la policÃa indolente o sÃndrome de Hillsborough, aquel que recibe su nombre de una tragedia ocasionada en un estadio de fútbol inglés, en donde la presión de dos mil aficionados que se habÃan quedado afuera del juego abarrotado entre Liverpool y Nottingham reclamaban -a golpes de palos y piedras- entrar al estadio. La policÃa para evitar la confrontación los dejó pasar ocasionando un sobrecupo que le costó la vida a noventa personas dentro del recinto.
Una verdadera tragedia. La policÃa represiva no funciona, la policÃa sin estrategia tampoco. El enemigo público número uno es una policÃa sin motivación por el bien común.
Comentarios: utopiayciudad@gmail.com
Carmen Contreras
@Utopia_Urbana
Socióloga orgullosamente UNAM. Estudio y trabajo en gestión pública. Subdirectora en la SecretarÃa de Movilidad del Gobierno de la ciudad de México. Me especialicé en polÃticas públicas con perspectiva de género por la FLACSO. Investigo temas sobre identidad cultural, espacio público y desarrollo social. En el ejercicio del servicio público ético desde hace 15 años.
Las opiniones aquà plasmadas, son completamente de carácter personal y no tienen que ver con mi empleador actual.