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Ocho décadas de vida del INAH, bajo el escrutinio de su propia comunidad
nacional - 2019-07-02
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Ocho décadas de vida del INAH, bajo el escrutinio de su propia comunidad


Los especialistas Ana Graciela Bedolla, Luis Felipe Bate y Antonio Saborit hicieron un balance de su quehacer en el ciclo de mesas: Políticas públicas y cultura.

El futuro de la institución está en afianzar e impulsar su vocación formadora, tanto de públicos como de profesionales.


El futuro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución con 80 años de vida, está en afianzar e impulsar su vocación formadora, tanto de públicos como de profesionales, coincidieron tres reconocidos especialistas al hacer un balance de su devenir.

Desde su experiencia en los museos y en los centros de investigación y docencia, los investigadores Ana Graciela Bedolla, Luis Felipe Bate y Antonio Saborit, plantearon varias de las aristas por vencer en las labores científicas, normativas y educativas del INAH, dependencia “con 80 años entrados en 200” —considerando su filiación al Antiguo Museo Nacional—.

Su resistencia ante las circunstancias más adversas, fruto de raíces profundas, es uno de los aspectos que resaltaron los participantes del ciclo de mesas de análisis: “Políticas públicas y cultura”, que se realiza en la Dirección de Estudios Históricos (Allende N° 172, centro de la alcaldía Tlalpan), en el marco del Seminario Patrimonio Cultural. Antropología, Historia y Legislación.

El primer debate en torno al quehacer de la institución, que tuvo por título “INAH: Balance a 80 años de su creación”, lo abrió Ana Graciela Bedolla, de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones, tratando el papel que el Instituto ha jugado en la formación de sujetos históricos capaces de cuestionar su acontecer. Los museos —dijo—, son espacios donde los niños y los jóvenes encuentran y reconocen que la historia no son un conjunto de hechos irrefutables, sino una serie de interpretaciones susceptibles a transformarse.

En su opinión, el carácter democrático y crítico de los museos, contrasta con la experiencia propiamente escolar. Bajo esta perspectiva más abierta, es que la Red de Museos del INAH, la más grande del país conformada por 162 recintos —lo mismo de carácter nacional que regional, metropolitanos que comunitarios—, brinda lecturas alternativas y fomenta el diálogo colaborativo como posibilidad de construir nuevas formas de ser y de pensar.

“Hay una parte descuidada en los programas de estudio, la cual podemos trabajar como institución. La propuesta se basa en el desarrollo de un campo de competencias, a partir de la idea: ‘Aprender a ser’. Tenemos la opción de educar en función de que todo se quede como está, o podemos optar por una manera de educar que tenga como propósito la transformación”.

La investigadora del INAH expuso que un proyecto de educación para el patrimonio puede avanzar sobre la reflexión del proyecto de persona que cada quien quiera ser, y del proyecto de sociedad en la que se quiere vivir. Esto requiere pensar la cultura como un proceso histórico y social, y contribuir a formar una conciencia crítica, “a la construcción de un sujeto que actúe, valore y reflexione”.

Ana Graciela Bedolla refirió que desde finales de los años 70, con el auge de la nueva museología, se consideró que el museo debía convertirse en un acto pedagógico para el desarrollo. No obstante, en la actualidad aún no se tiene claridad sobre las propuestas de la reforma educativa para, con ello, abordar la formación desde los espacios museísticos, los que deben ser vistos como “depositarios de la experiencia humana acumulada, en cualquier campo”.

Durante su participación, Luis Felipe Bate, uno de los arqueólogos más importantes del continente y con una amplia experiencia como profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), señaló que ningún país latinoamericano cuenta con una institucionalización que dé certidumbre integral a la salvaguarda, investigación y difusión de su patrimonio cultural, como es el caso de México, a través del INAH, instancia que se encarga de su gestión y su custodia.

Ese papel de garante tiene que ver mucho con la temprana incorporación de la ENAH a la propia institución, la cual es reconocida internacionalmente. Indicó que en esta escuela se ha reflejado la política antropológica dictada desde otro organismo federal: el Instituto Nacional Indigenista, que después sería nombrado Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas; y también se ha centrado la política referente al patrimonio arqueológico.

Bate criticó que los científicos sociales “escasamente se leen entre sí, independientemente de la disciplina. Deberíamos leer a los colegas que publican hoy en día, porque la vanguardia está ahí. La política neoliberal nos ha llevado a un individualismo que no incentiva el diálogo y el debate, y eso es lo que necesitamos recuperar entre nuestros alumnos, quienes desafortunadamente llegan con graves deficiencias, incluso, en comprensión lectora, historia general y de México”.

Por su parte, Antonio Saborit, investigador de la DEH, destacó que la próxima década se conmemoran los 200 años del Museo Nacional, “cuna del INAH”. En la víspera de esa efeméride: “¿no sería momento de que el Instituto volviera la vista atrás, y diseñáramos un programa de recuperación de nuestro propio quehacer?”, cuestionó.

El también director del Museo Nacional de Antropología dijo que el INAH carga cada vez con más responsabilidades, de manera que “al Instituto se le va el tiempo y la voz en enfrentar asuntos relacionados con el saqueo, la destrucción del patrimonio cultural —en cualquiera de sus formas— y litigar sobre ello; y poco nos queda para comunicar qué es el patrimonio. Creo que debemos trabajar más en divulgar ese tema, lo podría hacer a través de una serie editorial para el consumo de nuestros alumnos”.

Por último, el historiador Bolfy Cottom, coordinador de las mesas de análisis, anunció que este encuentro es el preámbulo de un par más, previstos para los días 15 de julio y 3 de agosto.


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