RESTOS ÓSEOS DEMUESTRAN QUE LOS MEXICAS PRACTICABAN LA ANTROPOFAGIA
_ Gobernantes, sacerdotes y algunos guerreros eran los únicos que podÃan llevar a cabo la ingesta de carne humana en los rituales religiosos
Se localizaron fragmentos de tibias, peronés, húmeros y mandÃbulas en ofrendas del Recinto Sagrado de Tenochtitlan
Fragmentos de huesos humanos que presentan marcas de corte y exposición prolongada al fuego, han permitido corroborar que durante el periodo Posclásico (900 a 1521 d.C), los gobernantes, sacerdotes y algunos guerreros de ciertos rangos practicaban antropofagia en rituales de carácter religioso.
Lo anterior es resultado de las recientes investigaciones del arqueólogo Gabino López Arenas en cráneos, tibias, peronés, húmeros y mandÃbulas localizados en ofrendas del Templo Mayor y otros recintos aledaños al centro histórico capitalino.
El análisis de la antropofagia en el pueblo mexica forma parte de la tesis Decapitación y desmembramiento en rituales del recinto ceremonial de Tenochtitlan: una interpretación de su simbolismo, que recibió mención honorÃfica en los Premios INAH 2013 en el rubro de tesis de maestrÃa.
López Arenas explicó que la evidencia osteológica encontrada dentro del área que abarcaba el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, permite proponer que los individuos fueron decapitados y desmembrados, la mayorÃa cuando aún poseÃan tejidos blandos.
“Se observó que a las vÃctimas inmediatamente después de ser inmoladas se les descarnaba, ya que una gran cantidad de partes óseas presentaba cortes o alteraciones que fueron hechos en hueso fresco y huellas de que estuvieron expuestos directamente al fuegoâ€, afirmó.
El especialista comentó que la práctica de la antropofagia tenÃa como propósito “absorber la fuerza divina que albergaba el cuerpo de los sacrificados. Para los mexicas, las vÃctimas humanas eran la encarnación de los dioses a los que representaban, y al comer su carne, practicaban una especie de comunión con la divinidadâ€.
El arqueólogo señaló que la carne de los sacrificados era ingerida en determinadas ceremonias por individuos de alto rango social, pero nunca llegó a figurar como un alimento habitual en su dieta.
López Arenas citó en su estudio al escritor español Francisco Cervantes Salazar, quien al referirse al ritual de la antropofagia detalló que piernas y brazos eran las porciones más apreciadas y las que con mayor frecuencia se comÃan, pero que manos y pies eran exclusividad del gran sacerdote y el gobernante. “El que le dieran esas partes a este personaje era una distinción, ya que se consideraban como las más gustadas. En cuanto a la sangre, ésta nunca se consumÃa, ya que era alimento exclusivo de los diosesâ€.
El investigador añadió en su texto una cita de Diego Durán, quien escribió que dentro de la milicia mexica uno de los privilegios de los guerreros que adquirÃan el rango de tequihua era poder comer carne humana en ciertas ceremonias. Para alcanzar dicho rango tenÃan que haber hecho al menos cuatro prisioneros en batalla.
“En determinados festejos podÃan vestir de algodón y traer zapatos en palacio, comer carne masculina y beber vino. Además, podÃan recibir parte del tributo entregado por los pueblos conquistadosâ€, escribió Durán.
López Arenas mencionó que estos rituales se realizaban en fechas determinadas. Por ejemplo, en las fiestas del primer mes atlcahualo del año en el calendario mexica sacrificaban niños en honor de los dioses del agua o de la lluvia, y después de muertos los cocÃan y comÃan.
Mientras que en el mes tlacaxipehualizli, a los que sacrificaban en el templo de Huitzilopochtli los devoraban en la casa del guerrero que los capturó. “CocÃan la carne y daban a cada comensal un pedazo en una escudilla o cajeteâ€.
El especialista indicó que otro ritual religioso de los mexicas era la teofagia simbólica, que se efectuaba en la fiesta del dios Huitzilopochtli en el mes panquetzaliztli, cuya imagen se elaboraba con masa hecha de semillas de amaranto, la cual de manera simulada era sacrificada y desmembrada y sus pedazos repartidos entre la comunidad para ser comidos.
Sobre las vÃctimas destinadas al sacrificio, el arqueólogo refirió que las aportaban los guerreros, los grupos ocupacionales y eventualmente los tlaloques (ayudantes de los dioses) o señores. “Éstas podÃan ser de cualquier sexo y edad, se sabe que generalmente eran cautivos de guerra o esclavos, y en contadas ocasiones era gente del pueblo o de la nobleza.
“Las ofrendas humanas eran entregadas a los sacerdotes para que llevaran a cabo la occisión ritual (muerte violenta), y asà aportaran la energÃa vital de los seres humanos a los dioses: la de los guerreros cautivos serÃa destinada al Sol y la de los esclavos a los dioses del agua y de los mantenimientosâ€, finalizó.
Se localizaron fragmentos de tibias, peronés, húmeros y mandÃbulas en ofrendas del Recinto Sagrado de Tenochtitlan
Fragmentos de huesos humanos que presentan marcas de corte y exposición prolongada al fuego, han permitido corroborar que durante el periodo Posclásico (900 a 1521 d.C), los gobernantes, sacerdotes y algunos guerreros de ciertos rangos practicaban antropofagia en rituales de carácter religioso.
Lo anterior es resultado de las recientes investigaciones del arqueólogo Gabino López Arenas en cráneos, tibias, peronés, húmeros y mandÃbulas localizados en ofrendas del Templo Mayor y otros recintos aledaños al centro histórico capitalino.
El análisis de la antropofagia en el pueblo mexica forma parte de la tesis Decapitación y desmembramiento en rituales del recinto ceremonial de Tenochtitlan: una interpretación de su simbolismo, que recibió mención honorÃfica en los Premios INAH 2013 en el rubro de tesis de maestrÃa.
López Arenas explicó que la evidencia osteológica encontrada dentro del área que abarcaba el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, permite proponer que los individuos fueron decapitados y desmembrados, la mayorÃa cuando aún poseÃan tejidos blandos.
“Se observó que a las vÃctimas inmediatamente después de ser inmoladas se les descarnaba, ya que una gran cantidad de partes óseas presentaba cortes o alteraciones que fueron hechos en hueso fresco y huellas de que estuvieron expuestos directamente al fuegoâ€, afirmó.
El especialista comentó que la práctica de la antropofagia tenÃa como propósito “absorber la fuerza divina que albergaba el cuerpo de los sacrificados. Para los mexicas, las vÃctimas humanas eran la encarnación de los dioses a los que representaban, y al comer su carne, practicaban una especie de comunión con la divinidadâ€.
El arqueólogo señaló que la carne de los sacrificados era ingerida en determinadas ceremonias por individuos de alto rango social, pero nunca llegó a figurar como un alimento habitual en su dieta.
López Arenas citó en su estudio al escritor español Francisco Cervantes Salazar, quien al referirse al ritual de la antropofagia detalló que piernas y brazos eran las porciones más apreciadas y las que con mayor frecuencia se comÃan, pero que manos y pies eran exclusividad del gran sacerdote y el gobernante. “El que le dieran esas partes a este personaje era una distinción, ya que se consideraban como las más gustadas. En cuanto a la sangre, ésta nunca se consumÃa, ya que era alimento exclusivo de los diosesâ€.
El investigador añadió en su texto una cita de Diego Durán, quien escribió que dentro de la milicia mexica uno de los privilegios de los guerreros que adquirÃan el rango de tequihua era poder comer carne humana en ciertas ceremonias. Para alcanzar dicho rango tenÃan que haber hecho al menos cuatro prisioneros en batalla.
“En determinados festejos podÃan vestir de algodón y traer zapatos en palacio, comer carne masculina y beber vino. Además, podÃan recibir parte del tributo entregado por los pueblos conquistadosâ€, escribió Durán.
López Arenas mencionó que estos rituales se realizaban en fechas determinadas. Por ejemplo, en las fiestas del primer mes atlcahualo del año en el calendario mexica sacrificaban niños en honor de los dioses del agua o de la lluvia, y después de muertos los cocÃan y comÃan.
Mientras que en el mes tlacaxipehualizli, a los que sacrificaban en el templo de Huitzilopochtli los devoraban en la casa del guerrero que los capturó. “CocÃan la carne y daban a cada comensal un pedazo en una escudilla o cajeteâ€.
El especialista indicó que otro ritual religioso de los mexicas era la teofagia simbólica, que se efectuaba en la fiesta del dios Huitzilopochtli en el mes panquetzaliztli, cuya imagen se elaboraba con masa hecha de semillas de amaranto, la cual de manera simulada era sacrificada y desmembrada y sus pedazos repartidos entre la comunidad para ser comidos.
Sobre las vÃctimas destinadas al sacrificio, el arqueólogo refirió que las aportaban los guerreros, los grupos ocupacionales y eventualmente los tlaloques (ayudantes de los dioses) o señores. “Éstas podÃan ser de cualquier sexo y edad, se sabe que generalmente eran cautivos de guerra o esclavos, y en contadas ocasiones era gente del pueblo o de la nobleza.
“Las ofrendas humanas eran entregadas a los sacerdotes para que llevaran a cabo la occisión ritual (muerte violenta), y asà aportaran la energÃa vital de los seres humanos a los dioses: la de los guerreros cautivos serÃa destinada al Sol y la de los esclavos a los dioses del agua y de los mantenimientosâ€, finalizó.