ANALIZAN ESTEREOTIPOS SOBRE LOS INDÍGENAS EN EL CINE MEXICANO DE FICCIÓN
_ La pelÃcula ¡Que viva México!, de Serguéi Eisenstein, plasmó algunos modelos con los que se han encasillado a los indios en la cinematografÃa nacional: Francisco de la Peña
En la década de los años 70 se produjeron varias cintas de temática indigenista más crÃtica. Destaca Llovizna (1977), de Sergio Olhovich, pero aún son la excepción, dijo
La pelÃcula ¡Que viva México!, del cineasta ruso Serguéi Eisenstein, filmada en los años 30 y donde se retrata al indio como el buen salvaje o la vÃctima pasiva frente al abuso de los poderosos, es el punto de partida de los clichés y estereotipos utilizados en toda la tradición de cine indigenista mexicano, aseguró Francisco de la Peña MartÃnez, profesor investigador de la Escuela Nacional de AntropologÃa e Historia (ENAH).
Durante su participación en el IV Congreso Latinoamericano de AntropologÃa, que se llevó a cabo en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM y en la Antigua Escuela de Jurisprudencia, el investigador del INAH destacó en especial dos episodios de ese filme.
Se trata del capÃtulo “La Sandungaâ€, donde el director ruso muestra a los zapotecas de Juchitán con esta idea del buen salvaje y un mundo indÃgena paradisiaco. En contraposición, en “Maguey†se exhibe la explotación del indÃgena por parte de los caciques y hacendados. “Se trata de estereotipos porque los indÃgenas no vivÃan en el paraÃso ni eran vÃctimas pasivas, inermes, frente a los abusos de los poderososâ€.
En su ponencia La imagen del indÃgena en el cine mexicano de ficción, Francisco de la Peña planteó que hay una serie de modelos recurrentes en diferentes tipos de cintas de ficción, que no reflejan objetivamente el mundo y modo de vida de los indÃgenas.
Resaltó que esos patrones se instauraron cuando el cine comenzó a erigirse como una industria nacional, a partir de los años 30, con la llegada del cine sonoro. Entre las primeras pelÃculas que imponen estos modelos está Tribu (1934), de Miguel Contreras Torres, donde Emilio “Indio†Fernández caracteriza a un indÃgena. “Se trata de un personaje paradigmático en la cinematografÃa nacional, quien, no por casualidad, asume el apelativo de ‘Indio’, le convenÃa explotar esa imagen aun cuando en realidad no lo eraâ€.
Para el etnólogo, el “Indio†es uno de los representantes más importantes de este cine indigenista, porque buscó idealizar y mitificar la imagen de los indÃgenas; con sus personajes creó una serie de Ãconos populares con los que, incluso, ganó varios premios en festivales internacionales con cintas como Janitzio (1935), de Carlos Navarrete, o MarÃa Candelaria (1943), de su autorÃa.
“De los estereotipos que han perdurado, se conocen los clásicos y grotescos, como en Tizoc: amor indio (1956), de Ismael RodrÃguez, donde el protagonista es un indÃgena ingenuo, enamorado de la mujer blanca, y vive en el estado de la naturaleza donde casi caza a los animales con las manos, es un cliché absolutamente fantasioso y absurdoâ€.
MarÃa Candelaria (1943) explora el modelo de la mujer indÃgena sumisa, cuyo vÃnculo con un “fuereño†transgrede la supuesta norma de no tener relaciones interraciales, rompe con la “tradición indÃgenaâ€, por lo que es lapidada y rechazada por su comunidad.
“En Macario (1960), de Roberto Gavaldón, Ignacio López Tarso encarna al nativo que vive en un mundo de superstición y magia; en Ãnimas Trujano (1961), de Ismael RodrÃguez, el actor japonés Toshiro Mifune encarna a un indÃgena que se remite a gruñir, no habla, ya que, aunque eran complicados sus diálogos, la idea era el modelo del indio reducido a su expresión más elemental, mÃnima, es un personaje instintivo, impulsivo, motivado por las pulsiones básicas del ser humanoâ€, expuso Francisco de la Peña.
Para el profesor investigador de la ENAH, en la década de los años 70 se produjeron varias cintas de temática indigenista más crÃtica. Llovizna (1977), de Sergio Olhovich, relata las aventuras de un citadino quien de regreso a la capital sufre un accidente y lo auxilian cuatro campesinos indÃgenas a cambio de llevarlos a la ciudad; en el camino, cree que lo van a asaltar y los mata. “Son la intolerancia y el desconocimiento que privaban y privan en las urbesâ€.
“Corazón del tiempo (2009), pelÃcula de Alberto Cortés, es un ejemplo depurado de ese cine, donde los indÃgenas zapatistas participaron directamente en la producción, realización y actuación de la cinta; el equipo del director se limitó a coordinarlos. Deseable que asà fueran los filmes con esta temática pero en realidad es una excepciónâ€, manifestó.
En general, los estereotipos sobre esta población tienden a dominar la cinematografÃa nacional, aun cuando a la fecha no es tan evidente como en otras épocas.
Homenaje al antropólogo y cineasta Alfonso Muñoz
Como parte de las actividades del IV Congreso Latinoamericano de AntropologÃa, se le rindió homenaje al antropólogo y cineasta Alfonso Muñoz, con la proyección de sus principales trabajos que fueron restaurados y digitalizados por la Cineteca Nacional, con base en un convenio signado con el INAH.
En la Antigua Escuela de Jurisprudencia se organizó el Foro de Cine Etnográfico, cuyo auditorio lleva el nombre del realizador homenajeado. Ahà se apreciaron sus grandes obras: Él es dios (1965), codirigida con Arturo Warman y VÃctor Anteo, con textos de Guillermo Bonfil Batalla, obra ganadora de la Diosa de Plata y del primer lugar en la categorÃa Documental de 16 mm en el IV Concurso de Cine de Aficionados, otorgado por la asociación de Periodistas Cinematográficos de México (Pecime). También se exhibieron Semana Santa en Tolimán (1967) y El dÃa de la boda (1968).
En la década de los años 70 se produjeron varias cintas de temática indigenista más crÃtica. Destaca Llovizna (1977), de Sergio Olhovich, pero aún son la excepción, dijo
La pelÃcula ¡Que viva México!, del cineasta ruso Serguéi Eisenstein, filmada en los años 30 y donde se retrata al indio como el buen salvaje o la vÃctima pasiva frente al abuso de los poderosos, es el punto de partida de los clichés y estereotipos utilizados en toda la tradición de cine indigenista mexicano, aseguró Francisco de la Peña MartÃnez, profesor investigador de la Escuela Nacional de AntropologÃa e Historia (ENAH).
Durante su participación en el IV Congreso Latinoamericano de AntropologÃa, que se llevó a cabo en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM y en la Antigua Escuela de Jurisprudencia, el investigador del INAH destacó en especial dos episodios de ese filme.
Se trata del capÃtulo “La Sandungaâ€, donde el director ruso muestra a los zapotecas de Juchitán con esta idea del buen salvaje y un mundo indÃgena paradisiaco. En contraposición, en “Maguey†se exhibe la explotación del indÃgena por parte de los caciques y hacendados. “Se trata de estereotipos porque los indÃgenas no vivÃan en el paraÃso ni eran vÃctimas pasivas, inermes, frente a los abusos de los poderososâ€.
En su ponencia La imagen del indÃgena en el cine mexicano de ficción, Francisco de la Peña planteó que hay una serie de modelos recurrentes en diferentes tipos de cintas de ficción, que no reflejan objetivamente el mundo y modo de vida de los indÃgenas.
Resaltó que esos patrones se instauraron cuando el cine comenzó a erigirse como una industria nacional, a partir de los años 30, con la llegada del cine sonoro. Entre las primeras pelÃculas que imponen estos modelos está Tribu (1934), de Miguel Contreras Torres, donde Emilio “Indio†Fernández caracteriza a un indÃgena. “Se trata de un personaje paradigmático en la cinematografÃa nacional, quien, no por casualidad, asume el apelativo de ‘Indio’, le convenÃa explotar esa imagen aun cuando en realidad no lo eraâ€.
Para el etnólogo, el “Indio†es uno de los representantes más importantes de este cine indigenista, porque buscó idealizar y mitificar la imagen de los indÃgenas; con sus personajes creó una serie de Ãconos populares con los que, incluso, ganó varios premios en festivales internacionales con cintas como Janitzio (1935), de Carlos Navarrete, o MarÃa Candelaria (1943), de su autorÃa.
“De los estereotipos que han perdurado, se conocen los clásicos y grotescos, como en Tizoc: amor indio (1956), de Ismael RodrÃguez, donde el protagonista es un indÃgena ingenuo, enamorado de la mujer blanca, y vive en el estado de la naturaleza donde casi caza a los animales con las manos, es un cliché absolutamente fantasioso y absurdoâ€.
MarÃa Candelaria (1943) explora el modelo de la mujer indÃgena sumisa, cuyo vÃnculo con un “fuereño†transgrede la supuesta norma de no tener relaciones interraciales, rompe con la “tradición indÃgenaâ€, por lo que es lapidada y rechazada por su comunidad.
“En Macario (1960), de Roberto Gavaldón, Ignacio López Tarso encarna al nativo que vive en un mundo de superstición y magia; en Ãnimas Trujano (1961), de Ismael RodrÃguez, el actor japonés Toshiro Mifune encarna a un indÃgena que se remite a gruñir, no habla, ya que, aunque eran complicados sus diálogos, la idea era el modelo del indio reducido a su expresión más elemental, mÃnima, es un personaje instintivo, impulsivo, motivado por las pulsiones básicas del ser humanoâ€, expuso Francisco de la Peña.
Para el profesor investigador de la ENAH, en la década de los años 70 se produjeron varias cintas de temática indigenista más crÃtica. Llovizna (1977), de Sergio Olhovich, relata las aventuras de un citadino quien de regreso a la capital sufre un accidente y lo auxilian cuatro campesinos indÃgenas a cambio de llevarlos a la ciudad; en el camino, cree que lo van a asaltar y los mata. “Son la intolerancia y el desconocimiento que privaban y privan en las urbesâ€.
“Corazón del tiempo (2009), pelÃcula de Alberto Cortés, es un ejemplo depurado de ese cine, donde los indÃgenas zapatistas participaron directamente en la producción, realización y actuación de la cinta; el equipo del director se limitó a coordinarlos. Deseable que asà fueran los filmes con esta temática pero en realidad es una excepciónâ€, manifestó.
En general, los estereotipos sobre esta población tienden a dominar la cinematografÃa nacional, aun cuando a la fecha no es tan evidente como en otras épocas.
Homenaje al antropólogo y cineasta Alfonso Muñoz
Como parte de las actividades del IV Congreso Latinoamericano de AntropologÃa, se le rindió homenaje al antropólogo y cineasta Alfonso Muñoz, con la proyección de sus principales trabajos que fueron restaurados y digitalizados por la Cineteca Nacional, con base en un convenio signado con el INAH.
En la Antigua Escuela de Jurisprudencia se organizó el Foro de Cine Etnográfico, cuyo auditorio lleva el nombre del realizador homenajeado. Ahà se apreciaron sus grandes obras: Él es dios (1965), codirigida con Arturo Warman y VÃctor Anteo, con textos de Guillermo Bonfil Batalla, obra ganadora de la Diosa de Plata y del primer lugar en la categorÃa Documental de 16 mm en el IV Concurso de Cine de Aficionados, otorgado por la asociación de Periodistas Cinematográficos de México (Pecime). También se exhibieron Semana Santa en Tolimán (1967) y El dÃa de la boda (1968).