RECONOCEN EN LA FILAH APORTES DE MARÍA ELENA ARAMONI Y ALICIA OLIVERA
_ Con la presentación de las últimas obras de ambas investigadoras del INAH, se les rindió homenaje póstumo en el Museo Nacional de AntropologÃa
MarÃa Elena Aramoni destacó por sus estudios de sitios prehispánicos del BajÃo; Alicia Olivera fue pionera en el uso del testimonio oral como fuente para la historiografÃa
Con la presentación de El mundo prehispánico de Guanajuato. Plazuelas, lugar de la serpiente de fuego y A la caza de cristeros y zapatistas. Historia oral, 50 años en construcción, se rindió homenaje póstumo a las autoras de sendas obras: MarÃa Elena Aramoni y Alicia Olivera de Bonfil, respectivamente, en el marco de la XXVI Feria Internacional del Libro de AntropologÃa e Historia (FILAH).
El mundo prehispánico de Guanajuato. Plazuelas, lugar de la serpiente de fuego fue la última investigación de la doctora en AntropologÃa MarÃa Elena Aramoni (1950-2012), de quien el investigador emérito de la UNAM, Alfredo López Austin, señaló: en el sitio arqueológico de Plazuelas, Aramoni ya no encontró la palabra del pueblo, ni localizó documentos para ilustrar el pasado, ni memorias orales. Las fuentes históricas fueron otras, partió del ejercicio comparativo de los vestigios mudos.
“MarÃa Elena identificó como problema y pista la planta de los edificios en forma T, estudió las figurillas de barro y piedra del sitio, inquiriendo en sus extrañas vestimentas, comparó los paramentos constructivos con los de otras poblaciones aledañas y distantes y tendió lÃneas posibles de relaciones. Buscó similitudes de sÃmbolos visuales de amplia extensión mesoamericana que aparecieron en Plazuelasâ€.
Añadió que a partir de los restos pétreos de una escultura de la serpiente emplumada, localizados en el Palacio de los Caracoles, planteó un eje fundamental en la ideologÃa de Plazuelas reflejado en la iconografÃa del fuego y del agua.
La autora, prosiguió López Austin, hace un recorrido desde los espaciosos bajÃos de Guanajuato a las estribaciones norteñas del eje volcánico, donde antiguos agricultores se asentaron y prosperaron en los nodos de los caminos. La región era frontera entre los pueblos agrÃcolas de Mesoamérica y las sociedades nómadas y seminómadas de los amplios espacios septentrionales.
Plazuelas floreció en el periodo Epiclásico (600-900 d.C.), cuando el poder comercial de Teotihuacan habÃa perdido su monopolio y muchos centros emergÃan y prosperaban tras las decadencias del coloso, precisó.
“Por aquella ciudad cruzaban diversos hombres y mercancÃas, llegaban recolectores cazadores de los páramos septentrionales y se encontraban ahà con los portadores de obsidiana de Occidente y con quienes llevaban las conchas del PacÃfico, con los que cargaban turquesas, telas de algodón, hules y pieles preciosas desde muy remotas tierras del norte y del surâ€, puntualizó el investigador.
Por su parte, el antropólogo y catedrático Enzo Segre dijo que a través de la letra de MarÃa Elena Aramoni sale una imagen casi plástica de Plazuelas: “TenÃa una capacidad de imaginar el sitio antes de que surgiera. Hace una construcción histórica y cultural de un espacio de 30 hectáreas, que fue fundamental para la apertura de la zona arqueológicaâ€.
MarÃa Elena confirmó la importancia del lugar y fue la primera en especificar su ubicación en el tiempo, colocándolo en el periodo Epiclásico; además, determinó que durante la caÃda de Teotihuacan se estaba transformando una serie de ciudades con mayor autonomÃa que fueron sus herederas y, al mismo tiempo, innovadoras.
“En este libro sobre Plazuelas logró hacer una investigación arqueológica, donde su capacidad de antropóloga y etnohistoriadora están presentesâ€.
Finalmente Beatriz Cervantes, antropóloga del Centro INAH Guanajuato, señaló: en Plazuelas MarÃa Elena interpretó los sÃmbolos en la cerámica y la arquitectura que fue encontrando; producto de ese trabajo es este libro editado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia y el Conaculta, en el que se aprecia su profundo amor por lo que estaba trabajando.
Encomian labor académica de Alicia Olivera de Bonfil (1933-2012)
La obra A la caza de cristeros y zapatistas. Historia oral, 50 años en construcción. Homenaje a la historiadora Alicia Olivera de Bonfil fue presentada en la FILAH para homenajear a la autora, fallecida hace dos años, quien en sus estudios reflexionó y teorizó sobre la realidad histórico-social del campesinado mexicano, protagonista de grandes luchas en el pasado siglo XX.
Los siete ensayos que integran el libro formaron parte, en 2009, de la celebración de las cinco décadas que Alicia Olivera de Bonfil cumplÃa como investigadora emérita de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH.
Alicia Bonfil, hija de la historiadora, destacó las contribuciones metodológicas de Alicia Olivera en su proyecto Archivo de Historia Oral, del cual derivó el Archivo de la Palabra.
Durante su intervención, el lingüista e historiador Antonio GarcÃa de León refirió que, a finales de los 60 del siglo XX, Alicia Olivera y otros colegas iniciaban dicho proyecto. “En esa época la historiografÃa no tomaba en cuenta el testimonio oral como fuente, se consideraba anticientÃfico, porque solamente tenÃan valor los testimonios escritos de las fuentesâ€.
Esa lucha historiográfica “la ganaron con creces, porque actualmente la historia oral, el testimonio narrado, está perfectamente reconocidoâ€, agregó el investigador del Centro INAH Morelos, quien también colaboró con uno de los ensayos del libro.
Para Patricia Pensado, investigadora del Instituto Mora, Alicia Olivera era una “cazadora infatigable de testimonios, sobre todo de los campesinos que despertaron su admiración y respeto sin importar su ideologÃa, desde aquellos que se levantaron con Zapata y enarbolaron las banderas de ‘¡Tierra y Libertad!’, hasta quienes al grito de ‘¡Viva Cristo rey!’ empuñaron sus armas para defender sus creencias y reclamar la tierraâ€.
MarÃa Elena Aramoni destacó por sus estudios de sitios prehispánicos del BajÃo; Alicia Olivera fue pionera en el uso del testimonio oral como fuente para la historiografÃa
Con la presentación de El mundo prehispánico de Guanajuato. Plazuelas, lugar de la serpiente de fuego y A la caza de cristeros y zapatistas. Historia oral, 50 años en construcción, se rindió homenaje póstumo a las autoras de sendas obras: MarÃa Elena Aramoni y Alicia Olivera de Bonfil, respectivamente, en el marco de la XXVI Feria Internacional del Libro de AntropologÃa e Historia (FILAH).
El mundo prehispánico de Guanajuato. Plazuelas, lugar de la serpiente de fuego fue la última investigación de la doctora en AntropologÃa MarÃa Elena Aramoni (1950-2012), de quien el investigador emérito de la UNAM, Alfredo López Austin, señaló: en el sitio arqueológico de Plazuelas, Aramoni ya no encontró la palabra del pueblo, ni localizó documentos para ilustrar el pasado, ni memorias orales. Las fuentes históricas fueron otras, partió del ejercicio comparativo de los vestigios mudos.
“MarÃa Elena identificó como problema y pista la planta de los edificios en forma T, estudió las figurillas de barro y piedra del sitio, inquiriendo en sus extrañas vestimentas, comparó los paramentos constructivos con los de otras poblaciones aledañas y distantes y tendió lÃneas posibles de relaciones. Buscó similitudes de sÃmbolos visuales de amplia extensión mesoamericana que aparecieron en Plazuelasâ€.
Añadió que a partir de los restos pétreos de una escultura de la serpiente emplumada, localizados en el Palacio de los Caracoles, planteó un eje fundamental en la ideologÃa de Plazuelas reflejado en la iconografÃa del fuego y del agua.
La autora, prosiguió López Austin, hace un recorrido desde los espaciosos bajÃos de Guanajuato a las estribaciones norteñas del eje volcánico, donde antiguos agricultores se asentaron y prosperaron en los nodos de los caminos. La región era frontera entre los pueblos agrÃcolas de Mesoamérica y las sociedades nómadas y seminómadas de los amplios espacios septentrionales.
Plazuelas floreció en el periodo Epiclásico (600-900 d.C.), cuando el poder comercial de Teotihuacan habÃa perdido su monopolio y muchos centros emergÃan y prosperaban tras las decadencias del coloso, precisó.
“Por aquella ciudad cruzaban diversos hombres y mercancÃas, llegaban recolectores cazadores de los páramos septentrionales y se encontraban ahà con los portadores de obsidiana de Occidente y con quienes llevaban las conchas del PacÃfico, con los que cargaban turquesas, telas de algodón, hules y pieles preciosas desde muy remotas tierras del norte y del surâ€, puntualizó el investigador.
Por su parte, el antropólogo y catedrático Enzo Segre dijo que a través de la letra de MarÃa Elena Aramoni sale una imagen casi plástica de Plazuelas: “TenÃa una capacidad de imaginar el sitio antes de que surgiera. Hace una construcción histórica y cultural de un espacio de 30 hectáreas, que fue fundamental para la apertura de la zona arqueológicaâ€.
MarÃa Elena confirmó la importancia del lugar y fue la primera en especificar su ubicación en el tiempo, colocándolo en el periodo Epiclásico; además, determinó que durante la caÃda de Teotihuacan se estaba transformando una serie de ciudades con mayor autonomÃa que fueron sus herederas y, al mismo tiempo, innovadoras.
“En este libro sobre Plazuelas logró hacer una investigación arqueológica, donde su capacidad de antropóloga y etnohistoriadora están presentesâ€.
Finalmente Beatriz Cervantes, antropóloga del Centro INAH Guanajuato, señaló: en Plazuelas MarÃa Elena interpretó los sÃmbolos en la cerámica y la arquitectura que fue encontrando; producto de ese trabajo es este libro editado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia y el Conaculta, en el que se aprecia su profundo amor por lo que estaba trabajando.
Encomian labor académica de Alicia Olivera de Bonfil (1933-2012)
La obra A la caza de cristeros y zapatistas. Historia oral, 50 años en construcción. Homenaje a la historiadora Alicia Olivera de Bonfil fue presentada en la FILAH para homenajear a la autora, fallecida hace dos años, quien en sus estudios reflexionó y teorizó sobre la realidad histórico-social del campesinado mexicano, protagonista de grandes luchas en el pasado siglo XX.
Los siete ensayos que integran el libro formaron parte, en 2009, de la celebración de las cinco décadas que Alicia Olivera de Bonfil cumplÃa como investigadora emérita de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH.
Alicia Bonfil, hija de la historiadora, destacó las contribuciones metodológicas de Alicia Olivera en su proyecto Archivo de Historia Oral, del cual derivó el Archivo de la Palabra.
Durante su intervención, el lingüista e historiador Antonio GarcÃa de León refirió que, a finales de los 60 del siglo XX, Alicia Olivera y otros colegas iniciaban dicho proyecto. “En esa época la historiografÃa no tomaba en cuenta el testimonio oral como fuente, se consideraba anticientÃfico, porque solamente tenÃan valor los testimonios escritos de las fuentesâ€.
Esa lucha historiográfica “la ganaron con creces, porque actualmente la historia oral, el testimonio narrado, está perfectamente reconocidoâ€, agregó el investigador del Centro INAH Morelos, quien también colaboró con uno de los ensayos del libro.
Para Patricia Pensado, investigadora del Instituto Mora, Alicia Olivera era una “cazadora infatigable de testimonios, sobre todo de los campesinos que despertaron su admiración y respeto sin importar su ideologÃa, desde aquellos que se levantaron con Zapata y enarbolaron las banderas de ‘¡Tierra y Libertad!’, hasta quienes al grito de ‘¡Viva Cristo rey!’ empuñaron sus armas para defender sus creencias y reclamar la tierraâ€.