RECONSTRUYEN LA CONTINUIDAD DE LA NOBLEZA MEXICA EN LA COLONIA
_ Salvo un periodo de incertidumbre que dio pie al gobierno de los cuauhtlatoque, la noble casta tenochca recuperó el gobierno de la antigua ciudad, entre 1539 y 1565
La historiadora MarÃa Castañeda de la Paz fue invitada por el INAH para conversar sobre La nobleza indÃgena del centro de México, en el siglo XVI
Tras la dolorosa caÃda de México-Tenochtitlan y salvo un periodo de incertidumbre que dio pie al gobierno de los cuauhtlatoque, personajes provenientes de linajes ilegÃtimos, la noble casta mexica recuperó el gobierno de la antigua ciudad, por lo menos entre 1539 y hasta 1565, según ha podido reconstruir la historiadora MarÃa Castañeda de la Paz a través de la búsqueda en archivos.
Invitada por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH) para conversar sobre La nobleza indÃgena del centro de México, en el siglo XVI, la investigadora comentó que el trabajo filológico que lleva cabo es sumamente laborioso. Los datos provenientes de un legajo y otro le permitieron hilvanar una apasionante historia: la dinastÃa tenochca barajó sus cartas sobre una mesa que representaba un nuevo sistema polÃtico.
“Hay cierta idealización sobre cómo fue la sociedad indÃgena. En ésta, al igual que en todas las sociedades de la humanidad, se dieron luchas por el poder, ¿por qué iba a ser diferente?â€, expresó la especialista en una de sus participaciones llevadas a cabo en el Museo Nacional de AntropologÃa.
Después de indagar lo asentado en crónicas, códices y otros documentos de la época, fuentes que ha localizado principalmente en los archivos Casa de Alba, en la capital española, asà como en el General de la Nación (Ciudad de México) y General de Indias (Sevilla), MarÃa Castañeda trazó una lÃnea, no siempre recta, del linaje que comenzó Acamapichtli, en 1325, como primer tlatoani de Tenochtitlan.
Los cuauhtlatoque
La conquista de la ciudad, consumada el 13 de agosto de 1521, dio paso a un periodo de desorden, propiciando el ingreso de los cuauhtlatoque en el gobierno. El propio Hernán Cortés nombró en 1525 como primer gobernador a Juan Velázquez Tlacotzin, quien durarÃa sólo un año en el cargo; a éste le sucederÃan Andrés de Tapia Motelchiuhtzin (1525-1531) y Pablo Xochiquetzin (1531-1536).
De acuerdo con MarÃa Castañeda, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, en los años siguientes a la Conquista sobrevino un intenso debate sobre la naturaleza del indÃgena y cuál serÃa su estatus en el nuevo orden.
“Carlos V estaba preocupado, no querÃa que en sus colonias se repitiera aquello que sus abuelos, los Reyes Católicos, lograron frenar en España: los señorÃos feudales. Si bien es cierto que como monarca apoyó la Conquista, Carlos V tenÃa una formación humanista, quiso otorgarles derechos a los indÃgenas, no querÃa que fueran esclavos.
“El monarca intentó acotar el terreno a Hernán Cortés y su tropa. Con el envÃo de virreyes, Carlos V pretendió establecer control para frenar ya no sólo la ambición de los conquistadores, sino también la de los miembros de la Primera Audienciaâ€.
En opinión de MarÃa Castañeda —cuya pasión por el mundo mexica despertó a los 13 años en una clase de historia sobre esta cultura—, el rey reconoció tempranamente la compleja estructura social del centro de México y su organización. Hizo lo posible por reconocer la nobleza de los señores autóctonos, algunos de sus derechos y privilegios. “Carlos V observó que el papel de los nobles era fundamental para mantener el ordenâ€.
El retorno de la nobleza tenochca
Con un proceder muy polÃtico, esperando a que falleciera cada uno de los cuauhtlatoque, el virrey Antonio de Mendoza se encargó de restituir a la nobleza tradicional: en Tenochtitlan y en Azcapotzalco Mexicapan colocó a Alonso Tezozómoc; en Tlatelolco, a Diego de Mendoza y en Tlacopan restableció el linaje de Totoquihuatzinâ€.
En 1539, don Diego Panitzin, nieto del tlatoani Axayácatl, se convirtió en el primer gobernador de Tenochtitlan tras la Conquista. No obstante, el favorito de los españoles era MartÃn Moctezuma, casado con una dama de la corte y también nieto de Axayácatl, pero fue envenenado tras retornar de uno de sus varios viajes a España.
Uno de los patrones novedosos que MarÃa Castañeda infirió de sus indagaciones sobre el sistema de sucesión imperante en la Colonia es la imposición de un modelo hereditario colateral, único en Mesoamérica. “Se suceden los hermanos y parece que primero gobierna el menor, luego el mediano y después el mayor. A continuación gobernarÃan los hijos del hermano menorâ€, señaló.
Don Diego Tehuetzquitizin, nieto de TÃzoc, y don Juan Coatlhuitzilihuitl, nieto de AhuÃzotl, gobernarÃan Tenochtitlan respectivamente en sucesión de Panitzin. Entre 1554 y 1562, el mando retornarÃa al linaje de Axayácatl con el nombramiento como gobernador de Cristóbal de Guzmán Cecetzin, hijo de Panitzin y Francisca Moctezuma.
Entre 1563 y 1565, vendrÃa don Luis de Santa MarÃa Cipac, descendiente de AhuÃzotl. Con él acabarÃa el gobierno de la nobleza tenochca sobre su antigua ciudad. Para 1566 un fuerte candidato a mantener esta gobernanza fue don Pedro Dionisio, descendiente de TÃzoc; pero un posible caso de incesto truncó sus ambiciones polÃticas.
Documentos como los Anales de Juan Bautista y la propia GenealogÃa de Don Pedro Dionisio (donde un par de mujeres aparecen de espaldas a él y no de frente, como señala la convención pictográfica cuando se alude a la esposa legÃtima) llevan a inferir a la historiadora que el personaje sostuvo una relación con su madrastra y su hermanastra.
“El gobierno de la nobleza indÃgena de Tenochtitlan finaliza, según cronistas, por un asunto de incesto relacionado con don Pedro Dionisio. Él siguió metido en el cabildo indÃgena o como alcalde, pero nunca llegó a convertirse en gobernador.
“ParecÃa que los nobles mexicas continuaban con los modelos prehispánicos, aunque este patrón de funcionamiento ya no tenÃa validez. Los indÃgenas ya estaban entre dos mundos y, cuando les interesaba, utilizaban las leyes españolas para quitar a alguien de en medio. Eso es lo que, al parecer, está pasandoâ€.
Jueces gobernadores
A partir de entonces inició el mandato en la ciudad por parte de jueces gobernadores, muy importantes para las autoridades coloniales; a través de ellos se restó autoridad a los gobernadores indÃgenas, entre ellos Francisco Jiménez, Antonio Valeriano, Juan MartÃn, Jerónimo López, Juan Bautista y Antonio Valeriano “El Jovenâ€, abundó la historiadora.
“El virrey Mendoza fue muy astuto, hizo lo necesario para preparar a los nobles indÃgenas en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Los jueces gobernadores ahà formados son los que las autoridades españolas usarán para romper con el poder y el clientelismo que los señores autóctonos tenÃan en sus respectivos pueblosâ€.
El ascenso de Felipe II al trono representó otro duro golpe para la nobleza indÃgena. La asfixiante situación económica de España, producto de las guerras, conllevó a restar prerrogativas a la nobleza indÃgena e imponerle el pago de tributo. “Todo esto marcarÃa un declive de la nobleza en la segunda mitad del siglo XVIâ€, concluyó la experta.
La historiadora MarÃa Castañeda de la Paz fue invitada por el INAH para conversar sobre La nobleza indÃgena del centro de México, en el siglo XVI
Tras la dolorosa caÃda de México-Tenochtitlan y salvo un periodo de incertidumbre que dio pie al gobierno de los cuauhtlatoque, personajes provenientes de linajes ilegÃtimos, la noble casta mexica recuperó el gobierno de la antigua ciudad, por lo menos entre 1539 y hasta 1565, según ha podido reconstruir la historiadora MarÃa Castañeda de la Paz a través de la búsqueda en archivos.
Invitada por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH) para conversar sobre La nobleza indÃgena del centro de México, en el siglo XVI, la investigadora comentó que el trabajo filológico que lleva cabo es sumamente laborioso. Los datos provenientes de un legajo y otro le permitieron hilvanar una apasionante historia: la dinastÃa tenochca barajó sus cartas sobre una mesa que representaba un nuevo sistema polÃtico.
“Hay cierta idealización sobre cómo fue la sociedad indÃgena. En ésta, al igual que en todas las sociedades de la humanidad, se dieron luchas por el poder, ¿por qué iba a ser diferente?â€, expresó la especialista en una de sus participaciones llevadas a cabo en el Museo Nacional de AntropologÃa.
Después de indagar lo asentado en crónicas, códices y otros documentos de la época, fuentes que ha localizado principalmente en los archivos Casa de Alba, en la capital española, asà como en el General de la Nación (Ciudad de México) y General de Indias (Sevilla), MarÃa Castañeda trazó una lÃnea, no siempre recta, del linaje que comenzó Acamapichtli, en 1325, como primer tlatoani de Tenochtitlan.
Los cuauhtlatoque
La conquista de la ciudad, consumada el 13 de agosto de 1521, dio paso a un periodo de desorden, propiciando el ingreso de los cuauhtlatoque en el gobierno. El propio Hernán Cortés nombró en 1525 como primer gobernador a Juan Velázquez Tlacotzin, quien durarÃa sólo un año en el cargo; a éste le sucederÃan Andrés de Tapia Motelchiuhtzin (1525-1531) y Pablo Xochiquetzin (1531-1536).
De acuerdo con MarÃa Castañeda, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, en los años siguientes a la Conquista sobrevino un intenso debate sobre la naturaleza del indÃgena y cuál serÃa su estatus en el nuevo orden.
“Carlos V estaba preocupado, no querÃa que en sus colonias se repitiera aquello que sus abuelos, los Reyes Católicos, lograron frenar en España: los señorÃos feudales. Si bien es cierto que como monarca apoyó la Conquista, Carlos V tenÃa una formación humanista, quiso otorgarles derechos a los indÃgenas, no querÃa que fueran esclavos.
“El monarca intentó acotar el terreno a Hernán Cortés y su tropa. Con el envÃo de virreyes, Carlos V pretendió establecer control para frenar ya no sólo la ambición de los conquistadores, sino también la de los miembros de la Primera Audienciaâ€.
En opinión de MarÃa Castañeda —cuya pasión por el mundo mexica despertó a los 13 años en una clase de historia sobre esta cultura—, el rey reconoció tempranamente la compleja estructura social del centro de México y su organización. Hizo lo posible por reconocer la nobleza de los señores autóctonos, algunos de sus derechos y privilegios. “Carlos V observó que el papel de los nobles era fundamental para mantener el ordenâ€.
El retorno de la nobleza tenochca
Con un proceder muy polÃtico, esperando a que falleciera cada uno de los cuauhtlatoque, el virrey Antonio de Mendoza se encargó de restituir a la nobleza tradicional: en Tenochtitlan y en Azcapotzalco Mexicapan colocó a Alonso Tezozómoc; en Tlatelolco, a Diego de Mendoza y en Tlacopan restableció el linaje de Totoquihuatzinâ€.
En 1539, don Diego Panitzin, nieto del tlatoani Axayácatl, se convirtió en el primer gobernador de Tenochtitlan tras la Conquista. No obstante, el favorito de los españoles era MartÃn Moctezuma, casado con una dama de la corte y también nieto de Axayácatl, pero fue envenenado tras retornar de uno de sus varios viajes a España.
Uno de los patrones novedosos que MarÃa Castañeda infirió de sus indagaciones sobre el sistema de sucesión imperante en la Colonia es la imposición de un modelo hereditario colateral, único en Mesoamérica. “Se suceden los hermanos y parece que primero gobierna el menor, luego el mediano y después el mayor. A continuación gobernarÃan los hijos del hermano menorâ€, señaló.
Don Diego Tehuetzquitizin, nieto de TÃzoc, y don Juan Coatlhuitzilihuitl, nieto de AhuÃzotl, gobernarÃan Tenochtitlan respectivamente en sucesión de Panitzin. Entre 1554 y 1562, el mando retornarÃa al linaje de Axayácatl con el nombramiento como gobernador de Cristóbal de Guzmán Cecetzin, hijo de Panitzin y Francisca Moctezuma.
Entre 1563 y 1565, vendrÃa don Luis de Santa MarÃa Cipac, descendiente de AhuÃzotl. Con él acabarÃa el gobierno de la nobleza tenochca sobre su antigua ciudad. Para 1566 un fuerte candidato a mantener esta gobernanza fue don Pedro Dionisio, descendiente de TÃzoc; pero un posible caso de incesto truncó sus ambiciones polÃticas.
Documentos como los Anales de Juan Bautista y la propia GenealogÃa de Don Pedro Dionisio (donde un par de mujeres aparecen de espaldas a él y no de frente, como señala la convención pictográfica cuando se alude a la esposa legÃtima) llevan a inferir a la historiadora que el personaje sostuvo una relación con su madrastra y su hermanastra.
“El gobierno de la nobleza indÃgena de Tenochtitlan finaliza, según cronistas, por un asunto de incesto relacionado con don Pedro Dionisio. Él siguió metido en el cabildo indÃgena o como alcalde, pero nunca llegó a convertirse en gobernador.
“ParecÃa que los nobles mexicas continuaban con los modelos prehispánicos, aunque este patrón de funcionamiento ya no tenÃa validez. Los indÃgenas ya estaban entre dos mundos y, cuando les interesaba, utilizaban las leyes españolas para quitar a alguien de en medio. Eso es lo que, al parecer, está pasandoâ€.
Jueces gobernadores
A partir de entonces inició el mandato en la ciudad por parte de jueces gobernadores, muy importantes para las autoridades coloniales; a través de ellos se restó autoridad a los gobernadores indÃgenas, entre ellos Francisco Jiménez, Antonio Valeriano, Juan MartÃn, Jerónimo López, Juan Bautista y Antonio Valeriano “El Jovenâ€, abundó la historiadora.
“El virrey Mendoza fue muy astuto, hizo lo necesario para preparar a los nobles indÃgenas en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Los jueces gobernadores ahà formados son los que las autoridades españolas usarán para romper con el poder y el clientelismo que los señores autóctonos tenÃan en sus respectivos pueblosâ€.
El ascenso de Felipe II al trono representó otro duro golpe para la nobleza indÃgena. La asfixiante situación económica de España, producto de las guerras, conllevó a restar prerrogativas a la nobleza indÃgena e imponerle el pago de tributo. “Todo esto marcarÃa un declive de la nobleza en la segunda mitad del siglo XVIâ€, concluyó la experta.