RINDEN TRIBUTO AL SONERO JAROCHO DON ANDRÉS VEGA
_ El músico veracruzano, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, es uno de los pilares del arte de la guitarra de son
Ingresó al grupo Mono Blanco en la década de 1980
El andar de don Andrés Vega es pausado, no asà sus manos que al encontrarse con las cuerdas de una guitarra parecen bailar al ritmo del son jarocho que aprendió desde muy niño en su natal Boca de San Miguel, municipio de Tlacotalpan, Veracruz, donde a los 10 años asistió a su primer fandango, en el que tocó la quijada de caballo a modo de instrumento musical.
El patriarca de una familia de seis generaciones de soneros jarochos recordó que su gusto por la música lo trae en la sangre: su abuelo Adolfo Vega fue arpista y su padre, Mario Vega Pérez, fue jaranero y le mostró cómo rascar las cuerdas de la guitarra cuando apenas era un chamaco. También aprendió a crear sonidos rÃtmicos al golpear la quijada de caballo, hueso que se usa como instrumento de percusión en la región del Sotavento (Veracruz, Tabasco y Oaxaca) donde se toca el son jarocho, asà como en las tradicionales chilenas de la Costa Chica de Guerrero. En naciones con raÃces negras, como Colombia, Venezuela, Perú y Cuba, también se utiliza.
Este miércoles 22 de abril a las 19:00 horas se presentará el disco Laguna Prieta, vol. 1, en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de AntropologÃa, en un acto organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH) para reconocer a don Andrés Vega, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, en el campo de Tradiciones Populares.
“Las grabaciones de músicas originalmente creadas para los fandangos, como el son jarocho, ofrecen registros que pueden convertirse en importantes memorias sonoras, al dar testimonio del sentir y del conocimiento musical de épocas anterioresâ€, señaló Amparo Sevilla, antropóloga del INAH, quien conformó el expediente para que Andrés Vega fuera reconocido como Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012.
“Mi padre me enseñó a tocar la jarana y la guitarra de son; a la vez, yo inicié a mis hijos Tereso, Gonzalo y Octavio, y a mis nietos, para que no se pierda esta música. Antes se hacÃan fandangos en los ranchos, pero luego los viejos músicos se murieron; y a la familia, con la tristeza, ya no le interesaba seguir la tradición, pero a nosotros sÃâ€, apuntó el músico veracruzano.
Al referirse al fonograma Laguna Prieta, vol. 1, con el que sus hijos y sus nietos le rinden homenaje, don Andrés Vega explicó que le pusieron ese tÃtulo por su padre: “Siempre que llegaban a un fandango decÃa: ‘Vamos a comenzar con el son de Laguna Prieta’ —que en realidad es El siquisir× para que bailen todas las mujeres’â€. En el álbum se incluyen algunos de sus temas favoritos, como El pájaro cu, La Bamba y Laguna Prieta.
Su nieto Fredi Naranjo Vega abundó que en la grabación su abuelo “registró su estilo y pretende ser escuela para los interesados en desarrollarse en la música; es un ejemplo de la profundidad y complejidad sonora del requinto y el son jarocho tradicionalâ€.
Con su sombrero de palma, su impecable guayabera blanca y su inseparable requinto, Andrés Vega se dio tiempo para hablar de la música, sus viajes y su familia antes de su intervención en el Encuentro de Son Jarocho, que se realizó el fin de semana en el Centro Nacional de las Artes.
La música para don Andrés Vega es la vida misma, y aunque no compone, siempre está atento a lo que escucha; asÃ, cuando le gusta un tono, se lo aprende y lo interpreta en su guitarra. Pese a no saber leer, porque sus padres nunca lo llevaron a la escuela, tiene el conocimiento que le ha dado la vida y le gusta tocar, ver a la gente bailar y cantarle los versos, porque “músico que toca y no canta no funcionaâ€, dice.
Los fandangos, recuerda, se hacÃan para las bodas, con guitarras de sexta y clarinete, y duraban hasta el amanecer. “Eran las 10 de la mañana y la gente seguÃa bailando y tomando toritos de aguardiente. Toda la noche tocaba un jaranero y luego se incorporaba otro o un violinista. Mi papá tocaba solo y después yo tocaba con élâ€.
Su guitarra lo ha llevado a recorrer el mundo con Mono Blanco, agrupación con la que toca desde hace más de tres décadas, pero también le sirvió para conquistar a su esposa, Hermelinda Hernández Carbajal.
“La conquisté con la música, la conocà muy joven, era muy guapa, asà que empecé a llevar de parranda a mi suegro y después la enamoré. Era muy buena bailadora y tuvo muchos pretendientes, pero a ella le gustó el de la guitarra y ya llevamos más de 60 años de casadosâ€.
Andrés Vega ingresó al grupo Mono Blanco en la década de 1980, cuando estaba por cumplir 50 años de edad. Su fundador, Gilberto Gutiérrez Silva, lo invitó a una gira por Los Ãngeles, California, y fue la primera ocasión que salió de su estado natal.
“Mi primer viaje fue a Los Ãngeles, California, un 16 de septiembre. Me dio mucha pena enfrentarme a tanta gente, me sentÃa como un animalito asustado, pero toqué mi guitarra y vencà el compromiso. Ahà comenzó mi trayectoria con Mono Blanco y tuve la oportunidad de visitar muchos sitios de Estados Unidos, pero también conocà China, Malasia, Japón, Australia, Corea del Norte, Cuba, Colombia, España, Inglaterra y El Salvadorâ€.
Ingresó al grupo Mono Blanco en la década de 1980
El andar de don Andrés Vega es pausado, no asà sus manos que al encontrarse con las cuerdas de una guitarra parecen bailar al ritmo del son jarocho que aprendió desde muy niño en su natal Boca de San Miguel, municipio de Tlacotalpan, Veracruz, donde a los 10 años asistió a su primer fandango, en el que tocó la quijada de caballo a modo de instrumento musical.
El patriarca de una familia de seis generaciones de soneros jarochos recordó que su gusto por la música lo trae en la sangre: su abuelo Adolfo Vega fue arpista y su padre, Mario Vega Pérez, fue jaranero y le mostró cómo rascar las cuerdas de la guitarra cuando apenas era un chamaco. También aprendió a crear sonidos rÃtmicos al golpear la quijada de caballo, hueso que se usa como instrumento de percusión en la región del Sotavento (Veracruz, Tabasco y Oaxaca) donde se toca el son jarocho, asà como en las tradicionales chilenas de la Costa Chica de Guerrero. En naciones con raÃces negras, como Colombia, Venezuela, Perú y Cuba, también se utiliza.
Este miércoles 22 de abril a las 19:00 horas se presentará el disco Laguna Prieta, vol. 1, en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de AntropologÃa, en un acto organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH) para reconocer a don Andrés Vega, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, en el campo de Tradiciones Populares.
“Las grabaciones de músicas originalmente creadas para los fandangos, como el son jarocho, ofrecen registros que pueden convertirse en importantes memorias sonoras, al dar testimonio del sentir y del conocimiento musical de épocas anterioresâ€, señaló Amparo Sevilla, antropóloga del INAH, quien conformó el expediente para que Andrés Vega fuera reconocido como Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012.
“Mi padre me enseñó a tocar la jarana y la guitarra de son; a la vez, yo inicié a mis hijos Tereso, Gonzalo y Octavio, y a mis nietos, para que no se pierda esta música. Antes se hacÃan fandangos en los ranchos, pero luego los viejos músicos se murieron; y a la familia, con la tristeza, ya no le interesaba seguir la tradición, pero a nosotros sÃâ€, apuntó el músico veracruzano.
Al referirse al fonograma Laguna Prieta, vol. 1, con el que sus hijos y sus nietos le rinden homenaje, don Andrés Vega explicó que le pusieron ese tÃtulo por su padre: “Siempre que llegaban a un fandango decÃa: ‘Vamos a comenzar con el son de Laguna Prieta’ —que en realidad es El siquisir× para que bailen todas las mujeres’â€. En el álbum se incluyen algunos de sus temas favoritos, como El pájaro cu, La Bamba y Laguna Prieta.
Su nieto Fredi Naranjo Vega abundó que en la grabación su abuelo “registró su estilo y pretende ser escuela para los interesados en desarrollarse en la música; es un ejemplo de la profundidad y complejidad sonora del requinto y el son jarocho tradicionalâ€.
Con su sombrero de palma, su impecable guayabera blanca y su inseparable requinto, Andrés Vega se dio tiempo para hablar de la música, sus viajes y su familia antes de su intervención en el Encuentro de Son Jarocho, que se realizó el fin de semana en el Centro Nacional de las Artes.
La música para don Andrés Vega es la vida misma, y aunque no compone, siempre está atento a lo que escucha; asÃ, cuando le gusta un tono, se lo aprende y lo interpreta en su guitarra. Pese a no saber leer, porque sus padres nunca lo llevaron a la escuela, tiene el conocimiento que le ha dado la vida y le gusta tocar, ver a la gente bailar y cantarle los versos, porque “músico que toca y no canta no funcionaâ€, dice.
Los fandangos, recuerda, se hacÃan para las bodas, con guitarras de sexta y clarinete, y duraban hasta el amanecer. “Eran las 10 de la mañana y la gente seguÃa bailando y tomando toritos de aguardiente. Toda la noche tocaba un jaranero y luego se incorporaba otro o un violinista. Mi papá tocaba solo y después yo tocaba con élâ€.
Su guitarra lo ha llevado a recorrer el mundo con Mono Blanco, agrupación con la que toca desde hace más de tres décadas, pero también le sirvió para conquistar a su esposa, Hermelinda Hernández Carbajal.
“La conquisté con la música, la conocà muy joven, era muy guapa, asà que empecé a llevar de parranda a mi suegro y después la enamoré. Era muy buena bailadora y tuvo muchos pretendientes, pero a ella le gustó el de la guitarra y ya llevamos más de 60 años de casadosâ€.
Andrés Vega ingresó al grupo Mono Blanco en la década de 1980, cuando estaba por cumplir 50 años de edad. Su fundador, Gilberto Gutiérrez Silva, lo invitó a una gira por Los Ãngeles, California, y fue la primera ocasión que salió de su estado natal.
“Mi primer viaje fue a Los Ãngeles, California, un 16 de septiembre. Me dio mucha pena enfrentarme a tanta gente, me sentÃa como un animalito asustado, pero toqué mi guitarra y vencà el compromiso. Ahà comenzó mi trayectoria con Mono Blanco y tuve la oportunidad de visitar muchos sitios de Estados Unidos, pero también conocà China, Malasia, Japón, Australia, Corea del Norte, Cuba, Colombia, España, Inglaterra y El Salvadorâ€.