ROMÁN PIÑA CHAN, VISIONARIO DE LA ARQUEOLOGÍA MEXICANA
_ A través de excavaciones, varias de sus hipótesis sobre el devenir de distintas ciudades mesoamericanas han sido corroboradas en décadas recientes
Ejemplo de ello es el sitio arqueológico Cacaxtla-Xochitécatl, donde las exploraciones han confirmado una ocupación en el periodo Formativo y otra en el Epiclásico
Su gran capacidad de observación, análisis e interpretación del dato material y el entrecruzamiento que de éste realizaba con fuentes documentales convirtieron a Román Piña Chan (1920-2001) en el visionario de la arqueologÃa mexicana. Varias de sus hipótesis sobre el devenir de distintas ciudades mesoamericanas han sido corroboradas en décadas recientes, a través de excavaciones.
Durante la inauguración del XIX Simposio “Román Piña Chanâ€, encuentro que ya es tradición en el marco de la Feria Internacional del Libro de AntropologÃa e Historia (FILAH), la doctora Mari Carmen Serra Puche, quien en los últimos 22 años ha encabezado exploraciones en áreas domésticas del sitio arqueológico de Cacaxtla-Xochitécatl, en Tlaxcala, refirió las acertadas interpretaciones que el arqueólogo campechano hiciera sobre el asentamiento prehispánico.
Basado en parte en la tipologÃa cerámica de la región Puebla-Tlaxcala establecida por el arqueólogo Ãngel GarcÃa Cook y los escritos de Diego Muñoz Camargo, historiador tlaxcalteca del siglo XVI, Román Piña Chan se aventuró en su momento a señalar que la ocupación original del sitio pudo ocurrir de 350 a.C. a 100 d.C., por un grupo semejante a los del Valle de Tlaxcala de fines del periodo Preclásico Superior.
También se puede decir que la ocupación de Cacaxtla continuó durante la fase siguiente, Tenanyecac (250-600 d.C.), teniendo una relación directa con la gran urbe de Teotihuacan, refirió la arqueóloga Serra Puche, investigadora de la UNAM, en el Auditorio Jaime Torres Bodet, del Museo Nacional de AntropologÃa.
Entre las hipótesis más acertadas de Piña Chan está la relativa a la filiación de sus pobladores, “posiblemente otomÃes del grupo lingüÃstico otomangue que siguieron viviendo alrededor de su centro ceremonial, el cual pudo ser lugar de paso para los comerciantes que venÃan de la región central de la Costa del Golfo y que se dirigÃan a Teotihuacanâ€.
Otra de las tesis de quien fuera maestro de generaciones en la Escuela Nacional de AntropologÃa e Historia (ENAH) apuntaba a que Cacaxtla-Xochitécatl tuvo una reocupación en el periodo Epiclásico, es decir hacia 650-900 de nuestra era, por parte de los olmecas-xicalancas.
Para ello —dijo Mari Carmen Serra Puche—, su maestro hizo un estudio minucioso de las pinturas murales, interpretando conexiones y rasgos estilÃsticos, pruebas arqueológicas y crónicas como las de fray Bernardino de Sahagún, sin contar el enorme conocimiento que poseÃa sobre Mesoamérica.
De acuerdo con la especialista del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, las excavaciones en Cacaxtla-Xochitécatl han confirmado que hubo una ocupación en el periodo Formativo y otra en el Epiclásico, “y él (Piña Chan) los une por medio de las fuentes y los sistemas constructivos descritosâ€.
El propio Piña escribió que los constructores originales aprovecharon los desniveles naturales del cerro, levantando una serie de terrazas artificiales de sur a norte, y sobre ellas armaron plataformas bajas. Posteriormente, los olmecas-xicalancas reocuparÃan los espacios habitacionales de sus antecesores.
“Asà que las evidencias arqueológicas de las dos ocupaciones de Cacaxtla-Xochitécatl refuerzan la hipótesis de que los nuevos habitantes construyeron sobre las viejas edificaciones del periodo Formativoâ€, explicó Serra Puche.
Piña Chan definió el poder en Cacaxtla-Xochitécatl a través de la interpretación de los murales, cuyas obras, a decir de él, fueron utilizadas como una forma de legitimar el origen de los nuevos habitantes. Los olmecas-xicalancas debieron personificar y sacralizar su fundación, para ello recurrieron a narrar la migración del lugar donde provenÃan, Pánuco, y a los acontecimientos ocurridos hasta su llegada a Cacaxtla, entre ellos un establecimiento previo en Xochicalco-Tamoanchan.
“Este recorrido por la obra del doctor Piña Chan, además de darnos una idea de cómo hacÃa arqueologÃa y la relacionaba con las fuentes históricas, nos abre también los ojos de que Cacaxtla-Xochitécatl tiene todavÃa mucho que decir, a pesar de todas las descripciones que existen del sitioâ€, concluyó la experta universitaria.
En la inauguración del XIX Simposio “Román Piña Chanâ€, organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH), estuvo presente su viuda, Beatriz Barba, quien contó algunas anécdotas sobre su esposo.
Por su parte, el profesor Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, narró cuál fue el aspecto que llevó al jurado a otorgarle al célebre arqueólogo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1994, en el área de Historia, Ciencias Sociales y FilosofÃa.
Al final de la terna quedaron un destacado historiador de la UNAM y Román Piña Chan, “los dos merecÃan el premio. Sin embargo, Piña Chan era ejemplo de un hombre que ante el infortunio no se doblegó. Y ése es el mejor ejemplo para los alumnos, el espÃritu de fuerza, de combate de una persona que hasta el último momento siguió dando clases, escribiendo y formando nuevas generacionesâ€.
Ejemplo de ello es el sitio arqueológico Cacaxtla-Xochitécatl, donde las exploraciones han confirmado una ocupación en el periodo Formativo y otra en el Epiclásico
Su gran capacidad de observación, análisis e interpretación del dato material y el entrecruzamiento que de éste realizaba con fuentes documentales convirtieron a Román Piña Chan (1920-2001) en el visionario de la arqueologÃa mexicana. Varias de sus hipótesis sobre el devenir de distintas ciudades mesoamericanas han sido corroboradas en décadas recientes, a través de excavaciones.
Durante la inauguración del XIX Simposio “Román Piña Chanâ€, encuentro que ya es tradición en el marco de la Feria Internacional del Libro de AntropologÃa e Historia (FILAH), la doctora Mari Carmen Serra Puche, quien en los últimos 22 años ha encabezado exploraciones en áreas domésticas del sitio arqueológico de Cacaxtla-Xochitécatl, en Tlaxcala, refirió las acertadas interpretaciones que el arqueólogo campechano hiciera sobre el asentamiento prehispánico.
Basado en parte en la tipologÃa cerámica de la región Puebla-Tlaxcala establecida por el arqueólogo Ãngel GarcÃa Cook y los escritos de Diego Muñoz Camargo, historiador tlaxcalteca del siglo XVI, Román Piña Chan se aventuró en su momento a señalar que la ocupación original del sitio pudo ocurrir de 350 a.C. a 100 d.C., por un grupo semejante a los del Valle de Tlaxcala de fines del periodo Preclásico Superior.
También se puede decir que la ocupación de Cacaxtla continuó durante la fase siguiente, Tenanyecac (250-600 d.C.), teniendo una relación directa con la gran urbe de Teotihuacan, refirió la arqueóloga Serra Puche, investigadora de la UNAM, en el Auditorio Jaime Torres Bodet, del Museo Nacional de AntropologÃa.
Entre las hipótesis más acertadas de Piña Chan está la relativa a la filiación de sus pobladores, “posiblemente otomÃes del grupo lingüÃstico otomangue que siguieron viviendo alrededor de su centro ceremonial, el cual pudo ser lugar de paso para los comerciantes que venÃan de la región central de la Costa del Golfo y que se dirigÃan a Teotihuacanâ€.
Otra de las tesis de quien fuera maestro de generaciones en la Escuela Nacional de AntropologÃa e Historia (ENAH) apuntaba a que Cacaxtla-Xochitécatl tuvo una reocupación en el periodo Epiclásico, es decir hacia 650-900 de nuestra era, por parte de los olmecas-xicalancas.
Para ello —dijo Mari Carmen Serra Puche—, su maestro hizo un estudio minucioso de las pinturas murales, interpretando conexiones y rasgos estilÃsticos, pruebas arqueológicas y crónicas como las de fray Bernardino de Sahagún, sin contar el enorme conocimiento que poseÃa sobre Mesoamérica.
De acuerdo con la especialista del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, las excavaciones en Cacaxtla-Xochitécatl han confirmado que hubo una ocupación en el periodo Formativo y otra en el Epiclásico, “y él (Piña Chan) los une por medio de las fuentes y los sistemas constructivos descritosâ€.
El propio Piña escribió que los constructores originales aprovecharon los desniveles naturales del cerro, levantando una serie de terrazas artificiales de sur a norte, y sobre ellas armaron plataformas bajas. Posteriormente, los olmecas-xicalancas reocuparÃan los espacios habitacionales de sus antecesores.
“Asà que las evidencias arqueológicas de las dos ocupaciones de Cacaxtla-Xochitécatl refuerzan la hipótesis de que los nuevos habitantes construyeron sobre las viejas edificaciones del periodo Formativoâ€, explicó Serra Puche.
Piña Chan definió el poder en Cacaxtla-Xochitécatl a través de la interpretación de los murales, cuyas obras, a decir de él, fueron utilizadas como una forma de legitimar el origen de los nuevos habitantes. Los olmecas-xicalancas debieron personificar y sacralizar su fundación, para ello recurrieron a narrar la migración del lugar donde provenÃan, Pánuco, y a los acontecimientos ocurridos hasta su llegada a Cacaxtla, entre ellos un establecimiento previo en Xochicalco-Tamoanchan.
“Este recorrido por la obra del doctor Piña Chan, además de darnos una idea de cómo hacÃa arqueologÃa y la relacionaba con las fuentes históricas, nos abre también los ojos de que Cacaxtla-Xochitécatl tiene todavÃa mucho que decir, a pesar de todas las descripciones que existen del sitioâ€, concluyó la experta universitaria.
En la inauguración del XIX Simposio “Román Piña Chanâ€, organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH), estuvo presente su viuda, Beatriz Barba, quien contó algunas anécdotas sobre su esposo.
Por su parte, el profesor Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, narró cuál fue el aspecto que llevó al jurado a otorgarle al célebre arqueólogo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1994, en el área de Historia, Ciencias Sociales y FilosofÃa.
Al final de la terna quedaron un destacado historiador de la UNAM y Román Piña Chan, “los dos merecÃan el premio. Sin embargo, Piña Chan era ejemplo de un hombre que ante el infortunio no se doblegó. Y ése es el mejor ejemplo para los alumnos, el espÃritu de fuerza, de combate de una persona que hasta el último momento siguió dando clases, escribiendo y formando nuevas generacionesâ€.