Y GAMIO TENÍA RAZÓN: EDUARDO MATOS
_ El investigador emérito del INAH cerró el ciclo de conferencias de la exposición temporal 100 años del Templo Mayor. Historia de un descubrimiento
Con las exploraciones hechas en los años 70, Eduardo Matos comprobó la hipótesis planteada por Manuel Gamio en 1914, sobre la ubicación del Huey Teocalli
Con las excavaciones del Proyecto Templo Mayor, que arrancaron a finales de la década de los años 70 del siglo XX, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma comprobó la hipótesis planteada por su predecesor Manuel Gamio en 1914, de que en las inmediaciones de las calles de Seminario y Santa Teresa, hoy Guatemala y Argentina, se encontraba el edificio principal de los mexicas.
El sábado pasado en el auditorio del Museo del Templo Mayor, Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH), dictó la conferencia magistral Y Gamio tenÃa razón…, en la cual destacó que el arqueólogo fue el primero en determinar la verdadera localización del Huey Teocalli.
El responsable del Proyecto Templo Mayor recordó que, tras la conquista militar, Hernán Cortés y sus huestes borraron todo vestigio del Huey Teocalli, porque sabÃan que representaba el poder polÃtico y religioso del pueblo mexica.
“El conquistador español arrasó hasta los cimientos de la última etapa constructiva del Templo Mayor, por lo que hasta el siglo XX no se sabÃa de su ubicación exacta; incluso el arqueólogo Leopoldo Batres —cuando estaba rescatando el drenaje colonial en la entonces calle de Las Escalerillas— especulaba a principios de 1911 que el Huey Teocalli se encontraba bajo la Catedral Metropolitana, sin saber que estaba encontrando parte de la edificaciónâ€.
Sin embargo, en 1914, Gamio empezó a excavar y descubrió almenas, cráneos humanos y una escultura con la forma de una cabeza de serpiente. Esas piezas le dieron la certeza de que ahà estaba el Templo Mayor y “tenÃa razón, sólo que eran vestigios de la tercera y cuarta etapa constructiva, como pude confirmar durante los trabajos que realicé entre 1978 y 1982â€, explicó Matos.
El autor de Vida y muerte en el Templo Mayor abundó que Manuel Gamio también fue pionero de las investigaciones multidisciplinarias, ya que invitó al biólogo Moisés Herrera para que le ayudara a identificar el tipo de serpiente representada que encontró.
El experto señaló que no sólo los arqueólogos se interesaron por la ubicación y disposición de los edificios del Recinto Sagrado, sino también los arquitectos, quienes plasmaron en dibujos y planos sus versiones del Templo Mayor.
En 1935, el arquitecto Ignacio Alcocer trazó un plano con algunos detalles que mencionaban los cronistas. Posteriormente, Luis González Aparicio elaboró un plano en el que incluyó el lago de Texcoco y sitios arqueológicos como Tlatelolco y Tenochtitlan. Finalmente, Ignacio Marquina lo pintó en numerosas acuarelas y construyó una maqueta con todo y los adoratorios.
Matos Moctezuma añadió que el Huey Teocalli tenÃa un simbolismo especial para los mexicas, quienes lo consideraban como el centro del universo, desde donde partÃan los cuatro rumbos del universo, y podÃan subir a los niveles celestes y bajar al inframundo.
Tras el hallazgo de la Coyolxauhqui en 1978, empezó el rescate del Recinto Sagrado. El entonces director del INAH, Gastón GarcÃa Cantú, le encomendó el Proyecto Templo Mayor a Eduardo Matos, quien reunió la información histórica antes de cuadricular el área y proceder a la excavación.
“Poco a poco, con apoyo de un equipo multidisciplinario, fueron apareciendo restos del monumento y de los adoratorios de Tláloc, dios de la fertilidad, la vida y la producción agrÃcola; y al lado norte, Huitzilopochtli, deidad de la guerra, la imposición de un tributo, con lo que se ratificó el dicho de Gamioâ€, resaltó Matos.
Con la ponencia Y Gamio tenÃa razón..., concluyó el ciclo de conferencias que se organizaron con motivo de la exposición temporal 100 años del Templo Mayor. Historia de un descubrimiento, que permanecerá en el Museo del Templo Mayor hasta abril.
Con las exploraciones hechas en los años 70, Eduardo Matos comprobó la hipótesis planteada por Manuel Gamio en 1914, sobre la ubicación del Huey Teocalli
Con las excavaciones del Proyecto Templo Mayor, que arrancaron a finales de la década de los años 70 del siglo XX, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma comprobó la hipótesis planteada por su predecesor Manuel Gamio en 1914, de que en las inmediaciones de las calles de Seminario y Santa Teresa, hoy Guatemala y Argentina, se encontraba el edificio principal de los mexicas.
El sábado pasado en el auditorio del Museo del Templo Mayor, Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH), dictó la conferencia magistral Y Gamio tenÃa razón…, en la cual destacó que el arqueólogo fue el primero en determinar la verdadera localización del Huey Teocalli.
El responsable del Proyecto Templo Mayor recordó que, tras la conquista militar, Hernán Cortés y sus huestes borraron todo vestigio del Huey Teocalli, porque sabÃan que representaba el poder polÃtico y religioso del pueblo mexica.
“El conquistador español arrasó hasta los cimientos de la última etapa constructiva del Templo Mayor, por lo que hasta el siglo XX no se sabÃa de su ubicación exacta; incluso el arqueólogo Leopoldo Batres —cuando estaba rescatando el drenaje colonial en la entonces calle de Las Escalerillas— especulaba a principios de 1911 que el Huey Teocalli se encontraba bajo la Catedral Metropolitana, sin saber que estaba encontrando parte de la edificaciónâ€.
Sin embargo, en 1914, Gamio empezó a excavar y descubrió almenas, cráneos humanos y una escultura con la forma de una cabeza de serpiente. Esas piezas le dieron la certeza de que ahà estaba el Templo Mayor y “tenÃa razón, sólo que eran vestigios de la tercera y cuarta etapa constructiva, como pude confirmar durante los trabajos que realicé entre 1978 y 1982â€, explicó Matos.
El autor de Vida y muerte en el Templo Mayor abundó que Manuel Gamio también fue pionero de las investigaciones multidisciplinarias, ya que invitó al biólogo Moisés Herrera para que le ayudara a identificar el tipo de serpiente representada que encontró.
El experto señaló que no sólo los arqueólogos se interesaron por la ubicación y disposición de los edificios del Recinto Sagrado, sino también los arquitectos, quienes plasmaron en dibujos y planos sus versiones del Templo Mayor.
En 1935, el arquitecto Ignacio Alcocer trazó un plano con algunos detalles que mencionaban los cronistas. Posteriormente, Luis González Aparicio elaboró un plano en el que incluyó el lago de Texcoco y sitios arqueológicos como Tlatelolco y Tenochtitlan. Finalmente, Ignacio Marquina lo pintó en numerosas acuarelas y construyó una maqueta con todo y los adoratorios.
Matos Moctezuma añadió que el Huey Teocalli tenÃa un simbolismo especial para los mexicas, quienes lo consideraban como el centro del universo, desde donde partÃan los cuatro rumbos del universo, y podÃan subir a los niveles celestes y bajar al inframundo.
Tras el hallazgo de la Coyolxauhqui en 1978, empezó el rescate del Recinto Sagrado. El entonces director del INAH, Gastón GarcÃa Cantú, le encomendó el Proyecto Templo Mayor a Eduardo Matos, quien reunió la información histórica antes de cuadricular el área y proceder a la excavación.
“Poco a poco, con apoyo de un equipo multidisciplinario, fueron apareciendo restos del monumento y de los adoratorios de Tláloc, dios de la fertilidad, la vida y la producción agrÃcola; y al lado norte, Huitzilopochtli, deidad de la guerra, la imposición de un tributo, con lo que se ratificó el dicho de Gamioâ€, resaltó Matos.
Con la ponencia Y Gamio tenÃa razón..., concluyó el ciclo de conferencias que se organizaron con motivo de la exposición temporal 100 años del Templo Mayor. Historia de un descubrimiento, que permanecerá en el Museo del Templo Mayor hasta abril.