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Jueves 27 de febrero de 2020

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Creación bajo presión, el trabajo del fotorreportero: Carlos Cisneros

Creación bajo presión, el trabajo del fotorreportero: Carlos Cisneros

Creación bajo presión, el trabajo del fotorreportero: Carlos Cisneros

Cisneros, un caso sui generis: un psicólogo social que encontró su segunda vocación a los 38 años

Tras once años de camino en la formación de profesionales que observan y analizan la fotografía como documento histórico, el Seminario Internacional La Mirada Documental apostará en este 2020 por un horizonte más latinoamericano, se anunció durante la primera sesión del año, la cual tuvo como invitado al reconocido fotógrafo Carlos Cisneros (Ciudad de México,1953), quien durante 22 años formó parte de La Jornada, diario que revolucionó la manera de apreciar la imagen periodística.

Alberto del Castillo y Rebeca Monroy, coordinadores de esta actividad que une los esfuerzos de los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, dieron a conocer que se prevé la colaboración de los doctores Cora Gamarnik y Julio Menajovsky, impulsores del Área de Estudios sobre Fotografía en la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Asimismo, el seminario espera la colaboración de Charles Monteiro, quien ha realizado una labor semejante en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro; y de Ana María Mauad, del Laboratorio de Historia Oral e Imágenes, de la Universidad Federal Fluminense, de la misma ciudad carioca, aportando así —mediante esta metodología— a la validación de la fotografía contemporánea como documento para la interpretación de la realidad y su veracidad como documento histórico.

El seminario se ha consolidado como uno de los espacios más importantes sobre la reflexión de la fotografía a nivel nacional. Actualmente se encuentra en una fase de expansión y continúa en “la búsqueda de comprender a la fotografía, también desde la óptica de los fotógrafos, de los creadores, de quienes usan las imágenes y las historian”, señaló la doctora Rebeca Monroy.

Ejemplo de esa apertura de miras fue la charla que brindó Carlos Cisneros, un caso sui generis dentro del perfil de fotorreportero: un psicólogo social metido en la docencia (principalmente en la Universidad Iberoamericana), que encontró su segunda vocación a los 38 años de una manera por demás inusual.

En 1989, Cisneros fue testigo del choque de un Volkswagen azul, en Miramontes y Calzada del Hueso. Se detuvo a capturar la escena donde yacía una mujer en estado de shock al interior del auto; permaneció un rato más en el lugar, y tuvo la oportunidad de retratar el desplome del helicóptero que trasladaba a la susodicha. Por la hora en que sucedió, 6:30 de la mañana, sabía que nadie más tenía ese material y decidió ofrecerlo a un periódico que tenía pocos años de circular: La Jornada.

Desde ese momento —dijo—, supo que el fotoperiodismo se convertiría en su segundo oficio. Aunque siempre tomó fotografías en sus recorridos de “pata de perro”, reconoció que la adrenalina propia del diarismo es algo de lo que es muy difícil despojarse. Fue así como durante dos años, entregó rollos de forma esporádica a la sección comandada por Frida Hartz y, sin proponérselo, se llevó más de una contraportada.

En un medio con tan poca rotación como es el periodístico, el profesor aprovechó la oportunidad de un contrato eventual que se abrió en 1991 en La Jornada, y que nueve meses tarde sería definitivo. Su andar en ese entonces lo llevó a registrar desastres e inundaciones en la periferia de la ciudad, imágenes elocuentes que siempre encabezó con títulos originales, por ejemplo, El Titanic de Tultepec.

De esas coberturas aprendió que “no me gustan los incendios, ni las inundaciones, se corre mucho peligro… pero, ¿saben qué?, si se da la oportunidad, yo levanto la mano, quiero ser el primero en estar allí y, si es posible, el único”.

El trabajo de fotorreportero, opinó, “es creación bajo presión, presión del tiempo, de la hora de cierre de la edición, pero también del entorno, el cual no siempre es amable; del clima, de la soledad y del peligro. Ya no puede uno vivir sin esto”.

El privilegio de situarse antes que todos, hizo que el escritor Gabriel García Márquez, le “regalara” un retrato de portada, al asomarse con un gesto pueril detrás de una jarra de agua. Lo mismo le pasó con Fernando del Paso, quien se arrebujó comodante en un sillón, para que captara sus aires de dandi posmoderno en todo su esplendor.

Sus imágenes llenas de ironía, como aquella en la que aparece el excandidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, dando la mano a un hombre disfrazado de Carlos Salinas; o la de un raterillo sacando de su boca la “medallita” que se había robado, frente a la mirada incrédula de un policía y la afectada; son también un reflejo del carácter de Carlos Cisneros, un hombre dispuesto a que lo asalte lo inesperado.

Su retiro del fotoperiodismo es solo un decir. Un día me dije: ‘no me retiré para estar más presionado, sino para tomarlo con un poco más de calma’. Me ha llevado casi dos años bajarle el ritmo”. Ahora, el maestro realiza fotografía de escalada en roca, de buceo y de cañonismo, y sigue atento al acontecer de un país y una ciudad en constante convulsión.

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