La noche del 27 de agosto de 2026, México presenció un eclipse lunar parcial que cubrió el 96.2% del disco lunar, otorgándole una tonalidad rojiza característica. Este fenómeno astronómico fue visible en los 32 estados del país sin necesidad de telescopios ni lentes especiales, convirtiéndose en uno de los eventos más esperados por la comunidad científica y el público en general.

De acuerdo con los horarios oficiales para el centro de México, el eclipse comenzó con la fase penumbral a las 19:23 horas, seguida del eclipse parcial a las 20:33 horas. El punto máximo se alcanzó a las 22:12 horas, cuando la sombra de la Tierra cubrió la mayor parte de la Luna, dejando solo una pequeña franja iluminada. La fase parcial concluyó a las 23:52 horas y la penumbral terminó a la 01:01 horas del 28 de agosto.

El efecto visual conocido como Luna de Sangre se debe a la refracción de la luz solar en la atmósfera terrestre. La atmósfera filtra las longitudes de onda más cortas y permite que las rojas y naranjas iluminen la superficie lunar, creando ese tono rojizo que cautivó a millones de espectadores. Este fenómeno no requirió equipo especializado, lo que facilitó la participación ciudadana en todo el territorio nacional.

El Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) señaló que este fue el último eclipse lunar visible desde México en 2026, y que un evento similar no se repetirá hasta 2028. Esta declaración incrementó el interés, pues muchos aficionados a la astronomía aprovecharon la oportunidad única para observar y fotografiar el evento.

Diversas ciudades organizaron actividades de observación con expertos que ofrecieron explicaciones detalladas sobre el proceso y su relevancia científica y cultural. El eclipse no solo brindó un espectáculo impresionante, sino que también reafirmó la importancia de la astronomía para comprender los fenómenos naturales y fomentar la divulgación científica entre la población.