INAH descubre relieves toltecas y entierros infantiles en Tula, Hidalgo
_ El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó sobre el hallazgo de dos relieves prehispánicos, uno con la imagen de un felino y otro con la del dios Tlahuizcalpantecuhtli, en la periferia de la Zona Arqueológica de Tula (ZAT), en el estado de Hidalgo. Los descubrimientos, que incluyen también los restos óseos de seis infantes y diversos objetos cerámicos, líticos y malacológicos, se realizaron durante los trabajos de salvamento arqueológico que acompañan la construcción de una planta de tratamiento de aguas en la colonia 16 de Enero, en el municipio de Tula de Allende.
De acuerdo con los especialistas, los relieves fueron desprendidos de la Pirámide B, la misma que alberga los icónicos atlantes de Tula. La certeza sobre su origen se basa en su iconografía: en una lápida aparece la representación del dios Tlahuizcalpantecuhtli, una advocación de Quetzalcóatl, y en la otra, la de un felino, misma que decora la Pirámide B. El arqueólogo titular del proyecto de salvamento, Luis Gamboa Cabezas, explicó que este contexto es evidencia de un caso de autolegitimación. “En una época en la que el área nuclear de Tula quizá ya no era tan sagrada, las personas de la periferia vinieron al palacio y tomaron los símbolos necesarios para poder decirse y sentirse toltecas”, señaló.
El hallazgo de la lápida del felino también resuelve una incógnita histórica. Cuando el arqueólogo Jorge R. Acosta exploró la Pirámide B a mediados del siglo XX, documentó un decorado de coyotes y felinos que avanzaban de derecha a izquierda en el flanco este del monumento, pero en el oeste no encontró ninguno. La lápida ahora descubierta, con una representación de izquierda a derecha, confirma que la procesión faunística rodeaba toda la edificación. Además de los relieves, los arqueólogos del Centro INAH Hidalgo, Martha García Sánchez y Carlos Arriaga Mejía, detallaron que el área donde se efectúa el salvamento, alejada casi 100 metros de la barda perimetral de la ZAT y aledaña al río Tula, ha sido pródiga en descubrimientos. En 2018, durante una fase de rescate arqueológico, se ubicaron 23 cráneos con modificaciones dentales y craneales, prácticas propias de las élites prehispánicas, colocados dentro de vasijas y alineados cerca de un altar.
La diversidad material recuperada en esta etapa de salvamento, fechada entre 1100 y 1521 d.C., incluye vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, sellos, malacates para hilar y numerosas figurillas. Entre estas últimas destaca un fragmento pintado en azul con la imagen de un cánido portando un tocado, y los restos de un vaso con la de una serpiente emplumada. Asimismo, se han recuperado entierros primarios y secundarios, entre los que sobresalen los de seis infantes, de entre 1 y 6 años de edad al momento de morir, colocados como ofrenda en un mismo momento bajo el piso de una vivienda. También resalta el caso de un punzón de cobre que se amolda con una huella de raspado identificada en un maxilar inferior humano, lo que sugiere que pudo usarse para la extracción de la piel con fines de sacrificio ritual.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “cada descubrimiento arqueológico amplía el conocimiento sobre nuestro pasado y fortalece el derecho de las futuras generaciones a conocerlo. Este hallazgo en Tula demuestra que la investigación científica y el salvamento arqueológico son fundamentales para proteger un patrimonio que revela la grandeza, complejidad y continuidad histórica de las civilizaciones que dieron origen a México”. Respecto a la conservación de los hallazgos, la pasante en Arqueología, Diana Pérez Olivera, explicó que tras su recuperación en campo, cada pieza es llevada a los campamentos de la ZAT para su resguardo, donde se realiza una limpieza general y clasificación antes del registro en las bases de datos del INAH. Las lápidas de Tlahuizcalpantecuhtli –de 78 cm de largo por 53 de ancho– y del felino –de 53 cm de largo por 42 de ancho– son limpiadas a detalle con materiales compatibles para preservar sus estucos y policromía. En cuanto a los restos arquitectónicos, una vez registrados y consolidados, serán cubiertos con geotextil y capas de tierra para garantizar su permanencia. El INAH ha acordado con la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado de Hidalgo que el área con vestigios sea reservada para construcciones de bajo impacto. “Este hallazgo reitera que la poligonal de la Zona Arqueológica de Tula es apenas un porcentaje minúsculo de lo que fue la ciudad prehispánica, por ello, sociedad y gobierno debemos sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”, finalizó el arqueólogo Arriaga Mejía.
De acuerdo con los especialistas, los relieves fueron desprendidos de la Pirámide B, la misma que alberga los icónicos atlantes de Tula. La certeza sobre su origen se basa en su iconografía: en una lápida aparece la representación del dios Tlahuizcalpantecuhtli, una advocación de Quetzalcóatl, y en la otra, la de un felino, misma que decora la Pirámide B. El arqueólogo titular del proyecto de salvamento, Luis Gamboa Cabezas, explicó que este contexto es evidencia de un caso de autolegitimación. “En una época en la que el área nuclear de Tula quizá ya no era tan sagrada, las personas de la periferia vinieron al palacio y tomaron los símbolos necesarios para poder decirse y sentirse toltecas”, señaló.
El hallazgo de la lápida del felino también resuelve una incógnita histórica. Cuando el arqueólogo Jorge R. Acosta exploró la Pirámide B a mediados del siglo XX, documentó un decorado de coyotes y felinos que avanzaban de derecha a izquierda en el flanco este del monumento, pero en el oeste no encontró ninguno. La lápida ahora descubierta, con una representación de izquierda a derecha, confirma que la procesión faunística rodeaba toda la edificación. Además de los relieves, los arqueólogos del Centro INAH Hidalgo, Martha García Sánchez y Carlos Arriaga Mejía, detallaron que el área donde se efectúa el salvamento, alejada casi 100 metros de la barda perimetral de la ZAT y aledaña al río Tula, ha sido pródiga en descubrimientos. En 2018, durante una fase de rescate arqueológico, se ubicaron 23 cráneos con modificaciones dentales y craneales, prácticas propias de las élites prehispánicas, colocados dentro de vasijas y alineados cerca de un altar.
La diversidad material recuperada en esta etapa de salvamento, fechada entre 1100 y 1521 d.C., incluye vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, sellos, malacates para hilar y numerosas figurillas. Entre estas últimas destaca un fragmento pintado en azul con la imagen de un cánido portando un tocado, y los restos de un vaso con la de una serpiente emplumada. Asimismo, se han recuperado entierros primarios y secundarios, entre los que sobresalen los de seis infantes, de entre 1 y 6 años de edad al momento de morir, colocados como ofrenda en un mismo momento bajo el piso de una vivienda. También resalta el caso de un punzón de cobre que se amolda con una huella de raspado identificada en un maxilar inferior humano, lo que sugiere que pudo usarse para la extracción de la piel con fines de sacrificio ritual.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “cada descubrimiento arqueológico amplía el conocimiento sobre nuestro pasado y fortalece el derecho de las futuras generaciones a conocerlo. Este hallazgo en Tula demuestra que la investigación científica y el salvamento arqueológico son fundamentales para proteger un patrimonio que revela la grandeza, complejidad y continuidad histórica de las civilizaciones que dieron origen a México”. Respecto a la conservación de los hallazgos, la pasante en Arqueología, Diana Pérez Olivera, explicó que tras su recuperación en campo, cada pieza es llevada a los campamentos de la ZAT para su resguardo, donde se realiza una limpieza general y clasificación antes del registro en las bases de datos del INAH. Las lápidas de Tlahuizcalpantecuhtli –de 78 cm de largo por 53 de ancho– y del felino –de 53 cm de largo por 42 de ancho– son limpiadas a detalle con materiales compatibles para preservar sus estucos y policromía. En cuanto a los restos arquitectónicos, una vez registrados y consolidados, serán cubiertos con geotextil y capas de tierra para garantizar su permanencia. El INAH ha acordado con la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado de Hidalgo que el área con vestigios sea reservada para construcciones de bajo impacto. “Este hallazgo reitera que la poligonal de la Zona Arqueológica de Tula es apenas un porcentaje minúsculo de lo que fue la ciudad prehispánica, por ello, sociedad y gobierno debemos sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”, finalizó el arqueólogo Arriaga Mejía.
Sigue la conversación en Facebook y revisa más actualizaciones de esta nota.