INAH concluye restauración histórica de Cueva Pinta en Coahuila tras intento de saqueo
_ El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concluyó la restauración de Cueva Pinta y Cueva Pinta VI, sitios de patrimonio gráfico-rupestre ubicados en Cuatro Ciénegas, Coahuila, que fueron severamente dañados por un intento de saqueo en 2025. Los trabajos, realizados durante tres meses y medio, representan la primera intervención integral de daños en este tipo de patrimonio en México, según informó el organismo dependiente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
La intervención fue liderada por especialistas de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y del Centro INAH Coahuila. Durante la entrega de los trabajos, el titular del Centro INAH Coahuila, José Francisco Aguilar Moreno, destacó el compromiso del equipo de restauración conformado por Patricia Mondragón Ramos, Karen Limón Torres, Anacaren Morales Ortiz, Ana Moisés Preciado, Katia Sánchez Ortega e Hilda Serrano Juárez, bajo la dirección de la restauradora-perito Sandra Guadalupe Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico-Rupestre de la CNCPC. “Lo que se logró en Cuatro Ciénegas es muestra del compromiso institucional con la recuperación del patrimonio y de la capacidad que tienen las restauradoras mexicanas, cuyo reconocimiento ha trascendido fronteras”, señaló Aguilar Moreno.
Sandra Guadalupe Cruz Flores puntualizó que la recuperación significó una restauración sin precedentes, que “demuestra la importancia de fortalecer la corresponsabilidad entre instituciones, autoridades y comunidades, puesto que la conservación del patrimonio es una tarea que exige el compromiso colectivo para garantizar la transmisión de este legado a las futuras generaciones”. En el mismo sentido, el director de Gestión y Vinculación de la CNCPC, Ricardo Herrera García, expuso que un objetivo prioritario es promover una sociedad responsable y comprometida, capaz de hacer un frente común para proteger el patrimonio. “Las y los ciudadanos son actores clave en la prevención del robo de bienes culturales y, si no somos conscientes de ello, la pérdida de nuestro patrimonio será irreversible”, afirmó.
El arqueólogo del Centro INAH Coahuila, Yuri de la Rosa Gutiérrez, subrayó el valor excepcional de estos vestigios pictográficos, resultado de miles de años de ocupación humana en el desierto. “Estos abrigos rocosos forman parte de un sistema de sitios arqueológicos asociados a grupos cazadores-recolectores, los cuales habitaron durante milenios el territorio que hoy ocupa Coahuila. Sus pinturas evidencian la compleja relación entre los antiguos pobladores y el entorno, plasmada en elementos relacionados con el agua, los animales, las montañas y los ciclos de la naturaleza”, explicó el investigador.
Las afectaciones fueron ocasionadas mediante el uso de sierras y herramientas de perforación para desprender fragmentos de roca con pintura rupestre. Las vibraciones generaron desprendimientos secundarios que afectaron extensas áreas pictóricas. “Nunca habíamos visto daños en un sitio rupestre con esta gravedad, ocasionaron pérdidas irreparables y afectaron no solo la materialidad de los bienes, sino también los discursos visuales y simbólicos”, señaló la encargada de campo, Patricia Mondragón. Los trabajos iniciaron con un exhaustivo proceso de recuperación y clasificación de cada pieza desprendida, seguido de labores de limpieza, consolidación, reposición volumétrica y reintegración cromática.
La restauradora Hilda Serrano destacó que uno de los mayores retos fue reconstruir fragmento por fragmento las secciones afectadas. “Fue un gran rompecabezas. Había que observar texturas, colores, cristales y cada detalle de la roca para devolver cada fragmento a su lugar”. Gracias a este minucioso trabajo se recuperó la unidad visual de las composiciones sin alterar su autenticidad. “La cicatriz debe permanecer, para que la ausencia también se vea y se comprenda”, señalaron las especialistas. Además, De la Rosa agregó que la intervención permitió vislumbrar detalles pictóricos no documentados, lo que abrirá nuevas posibilidades de estudio.
Durante el cierre de la presentación, servidores públicos y especialistas llamaron a asumir la protección del patrimonio cultural como una responsabilidad compartida y como una oportunidad de replantear los esquemas de visita y protección de los sitios arqueológicos de la región, mediante estrategias de conservación preventiva y capacitación comunitaria. El compromiso con este patrimonio, se dijo, no concluye con su restauración, sino que requiere la participación activa de las comunidades, autoridades y visitantes, en acciones que garanticen su permanencia para el disfrute de futuras generaciones, en razón de que la memoria solo sobrevive y sobrevivirá si existe una sociedad viva que decida recordarla y protegerla.
La intervención fue liderada por especialistas de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y del Centro INAH Coahuila. Durante la entrega de los trabajos, el titular del Centro INAH Coahuila, José Francisco Aguilar Moreno, destacó el compromiso del equipo de restauración conformado por Patricia Mondragón Ramos, Karen Limón Torres, Anacaren Morales Ortiz, Ana Moisés Preciado, Katia Sánchez Ortega e Hilda Serrano Juárez, bajo la dirección de la restauradora-perito Sandra Guadalupe Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico-Rupestre de la CNCPC. “Lo que se logró en Cuatro Ciénegas es muestra del compromiso institucional con la recuperación del patrimonio y de la capacidad que tienen las restauradoras mexicanas, cuyo reconocimiento ha trascendido fronteras”, señaló Aguilar Moreno.
Sandra Guadalupe Cruz Flores puntualizó que la recuperación significó una restauración sin precedentes, que “demuestra la importancia de fortalecer la corresponsabilidad entre instituciones, autoridades y comunidades, puesto que la conservación del patrimonio es una tarea que exige el compromiso colectivo para garantizar la transmisión de este legado a las futuras generaciones”. En el mismo sentido, el director de Gestión y Vinculación de la CNCPC, Ricardo Herrera García, expuso que un objetivo prioritario es promover una sociedad responsable y comprometida, capaz de hacer un frente común para proteger el patrimonio. “Las y los ciudadanos son actores clave en la prevención del robo de bienes culturales y, si no somos conscientes de ello, la pérdida de nuestro patrimonio será irreversible”, afirmó.
El arqueólogo del Centro INAH Coahuila, Yuri de la Rosa Gutiérrez, subrayó el valor excepcional de estos vestigios pictográficos, resultado de miles de años de ocupación humana en el desierto. “Estos abrigos rocosos forman parte de un sistema de sitios arqueológicos asociados a grupos cazadores-recolectores, los cuales habitaron durante milenios el territorio que hoy ocupa Coahuila. Sus pinturas evidencian la compleja relación entre los antiguos pobladores y el entorno, plasmada en elementos relacionados con el agua, los animales, las montañas y los ciclos de la naturaleza”, explicó el investigador.
Las afectaciones fueron ocasionadas mediante el uso de sierras y herramientas de perforación para desprender fragmentos de roca con pintura rupestre. Las vibraciones generaron desprendimientos secundarios que afectaron extensas áreas pictóricas. “Nunca habíamos visto daños en un sitio rupestre con esta gravedad, ocasionaron pérdidas irreparables y afectaron no solo la materialidad de los bienes, sino también los discursos visuales y simbólicos”, señaló la encargada de campo, Patricia Mondragón. Los trabajos iniciaron con un exhaustivo proceso de recuperación y clasificación de cada pieza desprendida, seguido de labores de limpieza, consolidación, reposición volumétrica y reintegración cromática.
La restauradora Hilda Serrano destacó que uno de los mayores retos fue reconstruir fragmento por fragmento las secciones afectadas. “Fue un gran rompecabezas. Había que observar texturas, colores, cristales y cada detalle de la roca para devolver cada fragmento a su lugar”. Gracias a este minucioso trabajo se recuperó la unidad visual de las composiciones sin alterar su autenticidad. “La cicatriz debe permanecer, para que la ausencia también se vea y se comprenda”, señalaron las especialistas. Además, De la Rosa agregó que la intervención permitió vislumbrar detalles pictóricos no documentados, lo que abrirá nuevas posibilidades de estudio.
Durante el cierre de la presentación, servidores públicos y especialistas llamaron a asumir la protección del patrimonio cultural como una responsabilidad compartida y como una oportunidad de replantear los esquemas de visita y protección de los sitios arqueológicos de la región, mediante estrategias de conservación preventiva y capacitación comunitaria. El compromiso con este patrimonio, se dijo, no concluye con su restauración, sino que requiere la participación activa de las comunidades, autoridades y visitantes, en acciones que garanticen su permanencia para el disfrute de futuras generaciones, en razón de que la memoria solo sobrevive y sobrevivirá si existe una sociedad viva que decida recordarla y protegerla.
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