¿Estaríamos mejor con Joe Biden? - NTCD Noticias
Viernes 18 de septiembre de 2020

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¿Estaríamos mejor con Joe Biden?

¿Estaríamos mejor con Joe Biden?

¿Estaríamos mejor con Joe Biden?

En vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre del 2020 en Estados Unidos es importante poner sobre la mesa las prospectivas que podrían enmarcar la victoria del candidato demócrata sobre Donald Trump en el eje de la política exterior.

Los análisis de las agencias de encuestas colocan una supuesta avanzada en las preferencias electorales de Joe Biden y aunque los demócratas no pueden confiarse tras el trago amargo que representó la derrota de Hillary Clinton en 2016, el polémico manejo sobre la pandemia del SARS CoV2 (COVID-19), la recesión económica, las protestas raciales y el impeachment a principios del año en contra del presidente Trump mueven la balanza en las preferencias electorales.

El portal web Five Thirty Eight, que analiza diversas encuestas nacionales estima para el 20 de julio que el demócrata se encuentra 8.8 puntos porcentuales por en cima del republicano. Incluso, en términos particulares, Fox News, medio de comunicación que se ha mostrado en diversas ocasiones afín y puente de la retórica de Trump calcula 8 puntos de ventaja de Biden.

Para finalidades de este texto podemos calcular un escenario victorioso para Biden y el regreso del establishment demócrata a la Casa Blanca. Ante esto, hay que cuestionarnos los cambios que se pueden generar en la política internacional de Estados Unidos.

Walter Russell Mead define en su libro Special Providence: American Foreign Policy and How It Changed the World, cuatro escuelas de la política exterior estadounidense: la hamiltoniana (protección del comercio internacional), la jeffersoniana (promoción de un sistema democrático y capitalista), la jacksoniana (aislacionista, nacionalista, populista y de promoción del poder militar) y la wilsoniana (basada en principios morales y universales).

Si bien, las características que ofrece Russel Mead son pertinentes de un riguroso análisis podemos asociar la política exterior de Donald Trump con una perspectiva jacksoniana en la cual Estados Unidos ha decidió alejarse de su participación internacional y suscitar una agenda nacionalista bajo la consigna del Make America Great Again.

Los jacksonianos observan al mundo bajo una dicotomía de buenos y malos en donde el uso de la fuerza tiene como objetivo salvaguardar la seguridad frente a un sistema internacional anárquico y promotor de amenazas exteriores. La salida de diversos organismos y acuerdos internacionales son muestra del jacksonianismo en la administración trumpista, así como el señalamiento hacia la migración como una amenaza para la seguridad nacional.

Sin embargo, también es importante traer a la discusión la visión del linguista George Lakoff, que ha analizado durante varios años el comportamiento discursivo y político de los demócratas y republicanos. Lakoff, en su libro Don’t Think of an Elephant! menciona que los conservadores se han dedicado a interponer una política internacional de visión patriarcal sobre el resto del mundo.

El modelo del padre estricto lo podemos encontrar en las administraciones republicanas, esta teoría define un comportamiento político que limita a el bien y el mal en términos absolutos, de disciplina individualista y de castigo, basada en el crecimiento económico y un orden moral religioso.

Mientras tanto, los liberales o progresistas asumen una postura metafórica de protección familiar que procura la empatía y la responsabilidad sobre “las y los hijos”, más apegada a las voluntades políticas del partido demócrata.

Por ejemplo, mientras Donald Trump definió al Medio Oriente como una zona de peligro y amenazas permanentes. Barack Obama logró matizar las realidades de la región y deconstruir la idea jacksoniana de George Bush de que todos los árabes son terroristas o malvados con el discurso A New Beggining, promulgado en El Cairo, Egipto, en 2009. Esto fungió como un mecanismo para recuperar la confianza de las naciones árabes en Estados Unidos después de las consecutivas intervenciones militares en la región.

Con la llegada de Joe Biden a la Oficina Oval podemos prever una regresión a la política exterior de responsabilidad y participación internacional, más cercana a la escuela wilsoniana que promueve la protección de los valores universales. Bajo la teoría de Lakoff, la política exterior liberal o progresista sostiene una mayor preocupación por la población mundial. Además, Biden habiendo sido vicepresidente durante la administración de Obama no sería minucia asumir que les daría continuidad a los compromisos internacionales firmados por el expresidente demócrata.

Joe Biden ha mencionado que su primer acto al ganar la presidencia es reincorporarse a los Acuerdos de París y que tomará la responsabilidad de liderar una campaña internacional para que los países tomen sus responsabilidades de reducción de Gases de Efecto Invernadero.

El candidato demócrata cuenta con una longeva experiencia en la política exterior: fue promotor de la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán, condenó la tiranía de Nicolás Maduro, presidió el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, elaboró el Plan Colombia, fue responsable del programa para América Central y apuesta por el fortalecimiento de la OTAN, está última cuestión le permite a Estados Unidos recuperar la simpatía de sus antiguos aliados europeos. El regreso de los demócratas a la Casa Blanca representa una participación multilateral que priorice la diplomacia sobre la confrontación.

En lo que respecta a la relación bilateral con México, los demócratas hispanos criticaron la visita de trabajo de Andrés Manuel López Obrador al presidente Trump, mientras que Biden recordó que el presidente republicano llamó a los migrantes mexicanos “violadores”, el mandatario mexicano negó reunirse con el candidato demócrata durante su visita a Washington D.C.

Se puede argumentar la decisión del gobierno de México, sin embargo, no hay que olvidar que varios demócratas progresistas como Bernie Sanders mantienen una postura negativa hacia el T-MEC. Biden lo respalda, pero exige mayores disposiciones laborales al compromiso regional.

Los demócratas son escépticos de los avances de México en derechos humanos, protección del medio ambiente y derechos laborales. Sostienen una postura de presión internacional por el cumplimiento de estos temas a diferencia de los republicanos que centralizan sus intereses en cuestiones económicas y de seguridad en beneficio de los asuntos domésticos.

La presidencia de Joe Biden significa dar seguimiento a estos temas tanto en el marco regional como a nivel global, lo que otorgaría al sistema internacional persistencia a los principios liberales de la cooperación, la interdependencia, las instituciones internacionales y los valores universales.

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