James Webb revela que los agujeros negros pudieron formarse antes que las galaxias
_ Un estudio publicado el 27 de mayo de 2026 en la revista *Nature* ha puesto en entredicho una de las ideas más arraigadas sobre la evolución del universo: que las galaxias se forman primero y luego albergan agujeros negros supermasivos en su centro. Utilizando datos del Telescopio Espacial James Webb (JWST), un equipo internacional de astrónomos identificó un objeto en el universo primitivo, denominado Abell2744-QSO1, que alberga un agujero negro con una masa de aproximadamente 50 millones de soles, mientras que la galaxia que lo rodea apenas alcanza los 20 millones de masas solares. Este hallazgo representa el caso más extremo conocido de un “agujero negro desnudo”, es decir, un agujero negro cuya masa supera significativamente a la de su galaxia anfitriona.
El descubrimiento fue liderado por Ignas Juodžbalis, candidato doctoral en el Instituto Kavli de Cosmología de la Universidad de Cambridge, junto con un equipo internacional de astrónomos. Para llegar a esta conclusión, los investigadores aplicaron una técnica avanzada llamada espectroastrometría, que permitió medir directamente la masa del agujero negro a partir de la velocidad del gas que orbita a su alrededor. El objeto Abell2744-QSO1 se encuentra a una distancia tal que su luz nos llega desde una época en que el universo tenía aproximadamente 700 millones de años, es decir, unos 13.000 millones de años atrás, lo que fue posible gracias a la capacidad del JWST para observar el universo primitivo con una resolución sin precedentes.
Tradicionalmente, los modelos cosmológicos sostenían que las galaxias y los agujeros negros supermasivos evolucionan de manera conjunta, con las galaxias formándose primero y los agujeros negros creciendo en su centro a lo largo del tiempo. Sin embargo, el caso de Abell2744-QSO1 sugiere que este agujero negro se formó antes de que su galaxia anfitriona tuviera la oportunidad de desarrollarse plenamente. La masa del agujero negro es más del doble que la de la galaxia que lo alberga, una relación que desafía las teorías actuales sobre la coevolución de estas estructuras cósmicas.
Este hallazgo plantea preguntas fundamentales sobre los mecanismos de formación de los agujeros negros en el universo temprano. Entre las hipótesis que se barajan están el colapso directo de nubes de gas masivas, que podrían dar origen a agujeros negros de gran tamaño sin necesidad de una galaxia preexistente, o incluso la existencia de agujeros negros primordiales formados poco después del Big Bang. El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación en cosmología y astrofísica, y subraya la importancia del JWST como herramienta clave para explorar los orígenes del universo.
En resumen, el hallazgo de Abell2744-QSO1 proporciona evidencia sólida de que los agujeros negros supermasivos pueden preceder a la formación completa de sus galaxias anfitrionas, desafiando las teorías convencionales y ofreciendo una nueva perspectiva sobre la evolución del cosmos. Este descubrimiento no solo redefine la secuencia temporal que se creía establecida, sino que también demuestra que el universo primitivo albergaba procesos mucho más dinámicos y complejos de lo que se imaginaba.
El descubrimiento fue liderado por Ignas Juodžbalis, candidato doctoral en el Instituto Kavli de Cosmología de la Universidad de Cambridge, junto con un equipo internacional de astrónomos. Para llegar a esta conclusión, los investigadores aplicaron una técnica avanzada llamada espectroastrometría, que permitió medir directamente la masa del agujero negro a partir de la velocidad del gas que orbita a su alrededor. El objeto Abell2744-QSO1 se encuentra a una distancia tal que su luz nos llega desde una época en que el universo tenía aproximadamente 700 millones de años, es decir, unos 13.000 millones de años atrás, lo que fue posible gracias a la capacidad del JWST para observar el universo primitivo con una resolución sin precedentes.
Tradicionalmente, los modelos cosmológicos sostenían que las galaxias y los agujeros negros supermasivos evolucionan de manera conjunta, con las galaxias formándose primero y los agujeros negros creciendo en su centro a lo largo del tiempo. Sin embargo, el caso de Abell2744-QSO1 sugiere que este agujero negro se formó antes de que su galaxia anfitriona tuviera la oportunidad de desarrollarse plenamente. La masa del agujero negro es más del doble que la de la galaxia que lo alberga, una relación que desafía las teorías actuales sobre la coevolución de estas estructuras cósmicas.
Este hallazgo plantea preguntas fundamentales sobre los mecanismos de formación de los agujeros negros en el universo temprano. Entre las hipótesis que se barajan están el colapso directo de nubes de gas masivas, que podrían dar origen a agujeros negros de gran tamaño sin necesidad de una galaxia preexistente, o incluso la existencia de agujeros negros primordiales formados poco después del Big Bang. El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación en cosmología y astrofísica, y subraya la importancia del JWST como herramienta clave para explorar los orígenes del universo.
En resumen, el hallazgo de Abell2744-QSO1 proporciona evidencia sólida de que los agujeros negros supermasivos pueden preceder a la formación completa de sus galaxias anfitrionas, desafiando las teorías convencionales y ofreciendo una nueva perspectiva sobre la evolución del cosmos. Este descubrimiento no solo redefine la secuencia temporal que se creía establecida, sino que también demuestra que el universo primitivo albergaba procesos mucho más dinámicos y complejos de lo que se imaginaba.
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