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Sábado 16 de octubre de 2021

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La práctica musical colectiva en América Latina, herramienta para combatir la desigualdad en la región

La práctica musical colectiva en América Latina, herramienta para combatir la desigualdad en la región

La práctica musical colectiva en América Latina, herramienta para combatir la desigualdad en la región

_ Programas de Argentina, Brasil y Venezuela también fueron detallados en esta sesión del Encuentro “Educación musical en América Latina. Arte para la igualdad y los derechos”

Porque a partir de la emoción que le produce a una niña o niño hacer música en grupo se puede incentivar su conocimiento y desarrollo integral y, al tocar en una agrupación los infantes descubren su vocación –no necesariamente como músicos−, fueron algunas de las conclusiones que profesionales de la música sostuvieron durante el Encuentro “Educación musical en América Latina. Arte para la igualdad y los derechos”, en el que participó Eduardo García Barrios, titular del Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.

En su oportunidad, García Barrios detalló la política cultural del país en cuanto a la educación musical entre niñas, niños y jóvenes. Expuso que, si bien la música mueve las emociones y organiza el universo sonoro, cada quien es responsable de lo que hace con esas emociones. Señaló que hacer música es una experiencia sublime, pero toma relevancia al convertirse en una herramienta de transformación interna y social, porque permite la transversalidad en temas, aspectos y entre diversas disciplinas artísticas.

En este sentido, García Barrios homenajeó la capacidad de síntesis del recién fallecido Quino, para parafrasear, a través de uno de sus cartones, cómo el ser humano, aunque reconoce y disfruta de la belleza del arte, siempre apelará a su juicio y cabalidad para ordenar sus emociones y su entorno.

Desde la óptica del director de orquesta mexicano, la organización estética de la materia es innata al ser humano. En este caso, aprender música no es suficiente para obtener la justicia; se necesitan procesos metodológicos que guíen a la educación musical a este puerto en el que la identidad y la diversidad cultural deben estar presentes.

“Debido a que las condiciones sociales y aspiraciones de cada comunidad de México son diferentes, nuestro programa de educación musical comunitaria “Un modelo para armar” tomó en cuenta estas particularidades para definir tres premisas: la práctica musical colectiva, ya que una agrupación es el reflejo de la diversidad social y caldo de cultivo para establecer relaciones entre sus integrantes), el trabajo colegiado entre maestros y gestores, y la visión comunitaria que impulsa la organización y autogestión alrededor del contexto social en que se ubican estas agrupaciones, provocando que la comunidad se apropie e involucre en los procesos”, señaló.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México ha implementado “Un modelo para armar” en 28 estados del país, a través del SNFM, que hoy día coordina a 103 orquestas, bandas, ensambles y coros comunitarios pertenecientes a los Semilleros Creativos del programa Cultura Comunitaria de esta misma secretaría.

Comunidad, Identidad y Diversidad Cultural desde la música

Desde Sao Paolo, Brasil, Alessandra Fernandez Alves da Costa, directora ejecutiva del Proyecto GURI, subrayó que este programa sociocultural apoyado por el gobierno de la ciudad paulista coincide con el modelo de México en el sentido de hacer de la música una herramienta para promover el desarrollo de las nuevas generaciones, desde la transversalidad de temas sociales.

“Impartimos cursos de iniciación musical, lutería, canto coral, tecnología musical, instrumentos de cuerda, digitaciones, cuerdas, instrumentos de viento, teclados y percusión, para niños y adolescentes de entre 6 y 18 años, y a través de la Fundación Casa, trabajamos en programas sociales con jóvenes que están privados de su libertad, donde reciben clases de música con el objetivo de impulsar el cambio en su vida, desde la música”.

Néstor Viloria, músico y exrector de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) de Venezuela, expuso que la educación musical en este país continúa con el espíritu de cambiar vidas desde 1975, cuando se fundó el Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela. Compartió aspectos de la experiencia enfocada en la formación de docentes y profesionales de la música que trabajan bajo una visión de igualdad de oportunidades.

Se trata de un proyecto artístico comunitario impartido en UNEARTE en el que la formación de músico como disciplina artística exige el estudio de las áreas propiamente musicales como ejecución instrumental, composición, dirección, educación musical, etcétera, desde una vinculación con la sociedad, por lo que el abordaje musical se efectúa de la mano con otras disciplinas como la antropología y la sociología, apuntó.

Para cerrar, Claudio Spector, músico argentino y coordinador de la Tecnicatura en Dirección de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de la Universidad Nacional de Avellaneda, subrayó que con el arte deben vencerse los límites de las desigualdades en América Latina: “No sólo hay que pensar en cómo los chicos van a educarse en matemáticas o lengua, sino también el rol que va a tener el arte y la música en su vida y su cotidianeidad...Tenemos el deber y la responsabilidad de ponerlo en agenda y que las autoridades educativas entiendan la necesidad de llevarlo a cabo”.

Recordó que la educación musical y el goce de ésta ha estado presente en los movimientos sociales de América Latina. “En 1973 Jorge Peña Hen músico y gestor cultural chileno fundó la primera orquesta sinfónica infantil de América Latina y ese mismo año, junto con otros artistas de ese país, fue fusilado por las fuerzas armadas comandadas por Pinochet; ¿los motivos? despertar conciencias desde el arte, desde la música… por esta razón creemos que la educación musical en América Latina sí puede participar en los procesos de desarrollo social y en la búsqueda de la igualdad”, concluyó.


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