Monjas del ex convento de San Jerónimo no solo eran españolas, revela estudio óseo
_ Un estudio osteométrico de restos óseos hallados en el Ex Convento de San Jerónimo, en la Ciudad de México, reveló que la comunidad de monjas jerónimas que habitó ese espacio entre los siglos XVI y XIX no estuvo conformada únicamente por mujeres españolas y criollas, como sugerían las fuentes históricas, sino que también alojó a mestizas, indígenas, afrodescendientes y asiáticas.
La investigación, publicada en el libro Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico, fue coeditada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la Universidad del Claustro de Sor Juana. La obra se presentó en el marco de la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia.
El análisis se basó en esqueletos de individuos depositados entre 1585 y 1878 en dos áreas del convento correspondientes a distintos momentos históricos: el área de Estacionamiento, fechada entre 1585 y 1625, y el Coro Bajo, que abarcó de esa fecha hasta 1878. A partir de la morfología craneana, los investigadores identificaron diferencias por grupos biológicos y observaron que algunas osamentas presentaban atributos distintos a los del grupo dominante.
Los autores clasificaron las diferencias craneofaciales en varios patrones: españolas, mestizas/españolas, mestizas/indígenas, indígenas, así como casos aislados de indígenas con modificación cefálica intencional, asiáticas y mulatas. Posteriormente, aplicaron técnicas de craneometría y sometieron los datos a análisis estadístico para contrastar la hipótesis sobre la conformación de diferentes grupos humanos en la muestra.
La investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, Josefina Bautista Martínez, explicó que estos hallazgos determinan que a la orden religiosa no solo ingresaban mujeres españolas o hijas de estas, sino también mujeres de otros grupos biológicos. “Al parecer, para entrar a esta orden, lo importante era tener recursos económicos”, señaló. Añadió que las fuentes históricas indicaban que únicamente aceptaban hispanas, pero la antropología física, a través de los restos óseos, demostró que no fue así.
El libro es resultado del trabajo de los investigadores Josefina Bautista Martínez y Mauro de Ángeles Guzmán, adscritos a la Dirección de Antropología Física; Pablo Neptalí Monterroso Rivas, del Centro INAH Morelos; el investigador independiente David Alberto Torres Roldán, y la antropóloga física María Teresa Jaén Esquivel, fallecida en 2014, quien fue pionera en los estudios de la colección ósea proveniente de un salvamento arqueológico realizado en las décadas de 1970 y 1980.
Durante la presentación, la profesora-investigadora de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Paula Mues Orts, destacó que el texto representa un modelo exitoso de estudio que transita de la precisión disciplinar a la interdisciplinar, al ofrecer “una mirada profunda de la antropología física, con bases en la historia social de las monjas”.
Por su parte, la académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Abigail Meza Peñaloza, consideró que, a través de la lectura de los huesos, se descifraron transformaciones relacionadas con la actividad física y las condiciones de vida del convento, así como la existencia de redes de apoyo que sostuvieron a mujeres enfermas, lesionadas o con condiciones congénitas severas. “Sus esqueletos, más que simples objetos de estudio, fueron abordados como documentos biológicos que invitan a adentrarnos en la experiencia completa de mujeres que habitaron un espacio profundamente regulado por la religión, pero también por las complejidades del mundo terrenal”, concluyó.
La investigación, publicada en el libro Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico, fue coeditada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la Universidad del Claustro de Sor Juana. La obra se presentó en el marco de la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia.
El análisis se basó en esqueletos de individuos depositados entre 1585 y 1878 en dos áreas del convento correspondientes a distintos momentos históricos: el área de Estacionamiento, fechada entre 1585 y 1625, y el Coro Bajo, que abarcó de esa fecha hasta 1878. A partir de la morfología craneana, los investigadores identificaron diferencias por grupos biológicos y observaron que algunas osamentas presentaban atributos distintos a los del grupo dominante.
Los autores clasificaron las diferencias craneofaciales en varios patrones: españolas, mestizas/españolas, mestizas/indígenas, indígenas, así como casos aislados de indígenas con modificación cefálica intencional, asiáticas y mulatas. Posteriormente, aplicaron técnicas de craneometría y sometieron los datos a análisis estadístico para contrastar la hipótesis sobre la conformación de diferentes grupos humanos en la muestra.
La investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, Josefina Bautista Martínez, explicó que estos hallazgos determinan que a la orden religiosa no solo ingresaban mujeres españolas o hijas de estas, sino también mujeres de otros grupos biológicos. “Al parecer, para entrar a esta orden, lo importante era tener recursos económicos”, señaló. Añadió que las fuentes históricas indicaban que únicamente aceptaban hispanas, pero la antropología física, a través de los restos óseos, demostró que no fue así.
El libro es resultado del trabajo de los investigadores Josefina Bautista Martínez y Mauro de Ángeles Guzmán, adscritos a la Dirección de Antropología Física; Pablo Neptalí Monterroso Rivas, del Centro INAH Morelos; el investigador independiente David Alberto Torres Roldán, y la antropóloga física María Teresa Jaén Esquivel, fallecida en 2014, quien fue pionera en los estudios de la colección ósea proveniente de un salvamento arqueológico realizado en las décadas de 1970 y 1980.
Durante la presentación, la profesora-investigadora de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Paula Mues Orts, destacó que el texto representa un modelo exitoso de estudio que transita de la precisión disciplinar a la interdisciplinar, al ofrecer “una mirada profunda de la antropología física, con bases en la historia social de las monjas”.
Por su parte, la académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Abigail Meza Peñaloza, consideró que, a través de la lectura de los huesos, se descifraron transformaciones relacionadas con la actividad física y las condiciones de vida del convento, así como la existencia de redes de apoyo que sostuvieron a mujeres enfermas, lesionadas o con condiciones congénitas severas. “Sus esqueletos, más que simples objetos de estudio, fueron abordados como documentos biológicos que invitan a adentrarnos en la experiencia completa de mujeres que habitaron un espacio profundamente regulado por la religión, pero también por las complejidades del mundo terrenal”, concluyó.
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