MUNAL reabre sala 3 con cuatro obras novohispanas del siglo XVII
_ El Museo Nacional de Arte (MUNAL) reabrió este 2 de septiembre la sala 3 de su segundo piso, ubicada en el antiguo Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, tras trabajos de restauración y una nueva propuesta museográfica. El espacio, que permaneció cerrado para su rehabilitación, ahora exhibe cuatro obras de los pintores novohispanos Sebastián López de Arteaga y Alonso López de Herrera, realizadas durante la primera mitad del siglo XVII.
La intervención permitió recuperar las ventanas históricas, la duela y los acabados de la sala, así como conservar elementos originales como las carpinterías y uno de los plafones decorativos del edificio. De acuerdo con el recinto, los trabajos respetaron las características históricas del proyecto original de Silvio Contri, y se realizaron durante la primera mitad de 2026.
La nueva museografía presenta las obras con un lenguaje contemporáneo que no oculta la carpintería histórica ni compite con la arquitectura porfiriana del edificio. El proyecto contó con el apoyo del Programa Desarrollo de Arte y Cultura BANAMEX 2025 y con el acompañamiento de la Dirección de Arquitectura y del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM).
Entre las piezas exhibidas destaca La incredulidad de Tomás (ca. 1645), de López de Arteaga, considerada una de las obras emblemáticas del acervo del MUNAL. Según el curador Ramón Avendaño Esquivel, la obra sintetiza los lenguajes europeos y la materia americana, pues el manto de Cristo fue elaborado con grana cochinilla, pigmento rojo obtenido de un insecto cultivado en territorio novohispano.
La otra pintura de López de Arteaga, Cristo en la cruz (ca. 1640), propone una representación distinta del crucificado: el cuerpo no aparece cubierto de sangre, apenas unas pinceladas señalan las heridas, y Cristo se muestra vivo ocupando por completo la escena, sin la Virgen ni san Juan. Para Avendaño, esta forma de representar a Cristo marca un cambio respecto de imágenes anteriores.
Del pintor Alonso López de Herrera, conocido como El Divino, se exhiben La Asunción de la Virgen y La Resurrección de Cristo (ca. 1625), obras que formaron parte del retablo principal del templo del Convento de Santo Domingo, en la Ciudad de México. López de Herrera fue un religioso lego de ese convento, es decir, no pertenecía al clero ordenado.
La reunión de ambos pintores permite entender que el arte de la Nueva España se construyó mediante un intercambio constante con otras regiones. López de Herrera, originario de Valladolid, y López de Arteaga, de Sevilla, llegaron jóvenes a este territorio y trabajaron en una época en la que la tradición pictórica europea seguía presente, mientras aparecían rasgos que más adelante definirían la pintura novohispana.
Avendaño Esquivel, licenciado en Restauración de Bienes Muebles y maestro en Historia del Arte por la UNAM, describió estas cuatro obras como “piezas bisagra entre lo que se estaba haciendo en el siglo XVI y lo que va a suceder en el siglo XVII”, ya con artistas nacidos en América.
La sala 3 puede visitarse de martes a domingo, de 10 a 18 horas, en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba 8, Centro Histórico de la Ciudad de México.
La intervención permitió recuperar las ventanas históricas, la duela y los acabados de la sala, así como conservar elementos originales como las carpinterías y uno de los plafones decorativos del edificio. De acuerdo con el recinto, los trabajos respetaron las características históricas del proyecto original de Silvio Contri, y se realizaron durante la primera mitad de 2026.
La nueva museografía presenta las obras con un lenguaje contemporáneo que no oculta la carpintería histórica ni compite con la arquitectura porfiriana del edificio. El proyecto contó con el apoyo del Programa Desarrollo de Arte y Cultura BANAMEX 2025 y con el acompañamiento de la Dirección de Arquitectura y del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM).
Entre las piezas exhibidas destaca La incredulidad de Tomás (ca. 1645), de López de Arteaga, considerada una de las obras emblemáticas del acervo del MUNAL. Según el curador Ramón Avendaño Esquivel, la obra sintetiza los lenguajes europeos y la materia americana, pues el manto de Cristo fue elaborado con grana cochinilla, pigmento rojo obtenido de un insecto cultivado en territorio novohispano.
La otra pintura de López de Arteaga, Cristo en la cruz (ca. 1640), propone una representación distinta del crucificado: el cuerpo no aparece cubierto de sangre, apenas unas pinceladas señalan las heridas, y Cristo se muestra vivo ocupando por completo la escena, sin la Virgen ni san Juan. Para Avendaño, esta forma de representar a Cristo marca un cambio respecto de imágenes anteriores.
Del pintor Alonso López de Herrera, conocido como El Divino, se exhiben La Asunción de la Virgen y La Resurrección de Cristo (ca. 1625), obras que formaron parte del retablo principal del templo del Convento de Santo Domingo, en la Ciudad de México. López de Herrera fue un religioso lego de ese convento, es decir, no pertenecía al clero ordenado.
La reunión de ambos pintores permite entender que el arte de la Nueva España se construyó mediante un intercambio constante con otras regiones. López de Herrera, originario de Valladolid, y López de Arteaga, de Sevilla, llegaron jóvenes a este territorio y trabajaron en una época en la que la tradición pictórica europea seguía presente, mientras aparecían rasgos que más adelante definirían la pintura novohispana.
Avendaño Esquivel, licenciado en Restauración de Bienes Muebles y maestro en Historia del Arte por la UNAM, describió estas cuatro obras como “piezas bisagra entre lo que se estaba haciendo en el siglo XVI y lo que va a suceder en el siglo XVII”, ya con artistas nacidos en América.
La sala 3 puede visitarse de martes a domingo, de 10 a 18 horas, en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba 8, Centro Histórico de la Ciudad de México.
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