Museo del Palacio de Bellas Artes presenta exposición inédita de Roberto Montenegro
_ La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo del Palacio de Bellas Artes, presentan la exposición “Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma”, una revisión historiográfica dedicada a uno de los pioneros del muralismo mexicano, cuya producción artística abrió rutas hacia la modernidad. La muestra, que integra más de 90 piezas distribuidas en nueve núcleos temáticos, recupera aspectos poco estudiados de la trayectoria del artista jalisciense, entre ellos su interés por distintas concepciones de masculinidad, su impulso al arte popular mexicano y sus posicionamientos humanistas frente a conflictos internacionales del siglo XX.
La exposición se centra en el periodo entre 1922 y 1934, años en los que Montenegro realizó diversos murales en el ex convento de San Pedro y San Pablo. Entre ellos destaca “El árbol de la vida” (1922), comisionado por José Vasconcelos y considerado uno de los iniciales del muralismo posrevolucionario, en el que el artista incorporó referencias visuales de los pueblos indígenas de México. Durante la inauguración, la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz Nájera, afirmó que Montenegro ocupa, como muralista, “un lugar esencial para comprender la evolución de este movimiento y sus narrativas”, al desarrollar propuestas que ampliaron los contenidos históricos y políticos del México posrevolucionario hacia búsquedas vinculadas con el conocimiento humano, la espiritualidad y otras formas de modernidad artística.
Por su parte, el director del Museo del Palacio de Bellas Artes, Mauricio Maillé, explicó que “la exposición nos invita a redescubrir en la obra de Roberto Montenegro a un artista que, a pesar de las limitantes y la censura, supo subvertir la narrativa oficial de la época para crear un estilo propio y una narrativa personal”. La revisión también recupera facetas menos conocidas del creador: su labor como impulsor del arte popular mexicano –incluida la fundación del Museo de Artes Populares, inaugurado en Bellas Artes en 1934–, su interés por la pintura autodidacta del siglo XIX y su investigación sobre retratistas populares mexicanos.
Bajo la curaduría de Daniel Garza Usabiaga, la exposición incorpora fragmentos murales preservados mediante la técnica del strappo, realizada por especialistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) para rescatar obras afectadas por el deterioro arquitectónico, como ocurre con distintas zonas de “Reconstrucción”, que en la muestra se pueden observar por primera vez fuera de su emplazamiento original y como piezas autónomas. El curador explicó que uno de los puntos de partida del proyecto fue “Alegoría del viento”, único fragmento sobreviviente de un conjunto realizado entre 1926 y 1928 en el ex convento de San Pedro y San Pablo. “Alrededor del mural también pudo haber existido un universo plástico que no conocemos y que nos invita a imaginar cómo fue originalmente”.
Se retoma una faceta menos explorada de Montenegro: su postura humanista y política frente a acontecimientos internacionales. Obras como “Hecatombe” (1939) y “Síntesis” reflejan preocupaciones ante el ascenso del fascismo y los conflictos bélicos del siglo XX, mientras que otras evidencian posicionamientos pacifistas y críticas a regímenes autoritarios. Con la exposición, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INBAL, refrenda su compromiso con la preservación, investigación y divulgación del patrimonio artístico nacional, mediante proyectos que generan nuevas aproximaciones a las obras y creadores que han definido la historia cultural de México, para acercarlos a diversos públicos.
“Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma” permanece abierta al público en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 6 de septiembre de 2026.
La exposición se centra en el periodo entre 1922 y 1934, años en los que Montenegro realizó diversos murales en el ex convento de San Pedro y San Pablo. Entre ellos destaca “El árbol de la vida” (1922), comisionado por José Vasconcelos y considerado uno de los iniciales del muralismo posrevolucionario, en el que el artista incorporó referencias visuales de los pueblos indígenas de México. Durante la inauguración, la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz Nájera, afirmó que Montenegro ocupa, como muralista, “un lugar esencial para comprender la evolución de este movimiento y sus narrativas”, al desarrollar propuestas que ampliaron los contenidos históricos y políticos del México posrevolucionario hacia búsquedas vinculadas con el conocimiento humano, la espiritualidad y otras formas de modernidad artística.
Por su parte, el director del Museo del Palacio de Bellas Artes, Mauricio Maillé, explicó que “la exposición nos invita a redescubrir en la obra de Roberto Montenegro a un artista que, a pesar de las limitantes y la censura, supo subvertir la narrativa oficial de la época para crear un estilo propio y una narrativa personal”. La revisión también recupera facetas menos conocidas del creador: su labor como impulsor del arte popular mexicano –incluida la fundación del Museo de Artes Populares, inaugurado en Bellas Artes en 1934–, su interés por la pintura autodidacta del siglo XIX y su investigación sobre retratistas populares mexicanos.
Bajo la curaduría de Daniel Garza Usabiaga, la exposición incorpora fragmentos murales preservados mediante la técnica del strappo, realizada por especialistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) para rescatar obras afectadas por el deterioro arquitectónico, como ocurre con distintas zonas de “Reconstrucción”, que en la muestra se pueden observar por primera vez fuera de su emplazamiento original y como piezas autónomas. El curador explicó que uno de los puntos de partida del proyecto fue “Alegoría del viento”, único fragmento sobreviviente de un conjunto realizado entre 1926 y 1928 en el ex convento de San Pedro y San Pablo. “Alrededor del mural también pudo haber existido un universo plástico que no conocemos y que nos invita a imaginar cómo fue originalmente”.
Se retoma una faceta menos explorada de Montenegro: su postura humanista y política frente a acontecimientos internacionales. Obras como “Hecatombe” (1939) y “Síntesis” reflejan preocupaciones ante el ascenso del fascismo y los conflictos bélicos del siglo XX, mientras que otras evidencian posicionamientos pacifistas y críticas a regímenes autoritarios. Con la exposición, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INBAL, refrenda su compromiso con la preservación, investigación y divulgación del patrimonio artístico nacional, mediante proyectos que generan nuevas aproximaciones a las obras y creadores que han definido la historia cultural de México, para acercarlos a diversos públicos.
“Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma” permanece abierta al público en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 6 de septiembre de 2026.
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