Parkour: la disciplina urbana que desafía la gravedad y transforma la ciudad en un gimnasio
_ Saltar bardas, brincar escaleras o cualquier obstáculo, moverse por la ciudad con agilidad y acrobacias, así es el parkour, una disciplina urbana que combina fuerza, coordinación y mucha creatividad. Esta actividad física, que rompe los límites convencionales del movimiento, fue creada en Francia en la década de los 80’s y poco a poco ha ganado adeptos en todo el mundo. Consiste en desplazarse de la manera más fluida, rápida y eficiente posible, usando únicamente el cuerpo como herramienta.
Quienes lo practican, conocidos como traceurs (del francés: quien marca el camino), entrenan fuerza, equilibrio, coordinación y creatividad para superar obstáculos urbanos. Todo lo que hay en las calles se convierte en escenario: parques, escaleras, fuentes, bardas y estructuras son parte del entrenamiento. Armand Álvarez, especialista en esta disciplina, destaca que las habilidades básicas para iniciar son tan simples como caminar: “Las habilidades que se necesitan para practicar esta disciplina son las básicas como caminar y de ahí podemos partir. Esta disciplina se divide en capacidades físicas como caminar, correr, saltar, caer, estabilizar, balancearte; desde cualquier punto en el que tú te encuentres puedes empezar a hacer Parkour”.
Álvarez enfatiza que no se requieren saltos o acrobacias avanzadas para comenzar: “No necesitas hacer saltos o acrobacias para poder empezar a hacer parkour, porque justamente el objetivo es que esta disciplina te educa físicamente para poder moverte en tu entorno a partir de tus desarrollos físicos. Entonces es una disciplina muy noble que te permite aprender diferentes cosas en diferentes momentos y en diferentes niveles; puedes aprender y desarrollar tus habilidades sin tener que seguir una línea específica, cada quien aprende y avanza a su manera”. La filosofía del parkour se basa en aprender a controlar el cuerpo, adaptarse, perder el miedo y confiar en uno mismo, utilizando la perseverancia, la disciplina y el instinto como únicas herramientas.
Una de las grandes ventajas del parkour es que no requiere equipo costoso, uniformes especializados ni un gimnasio. Una banca, un parque o cualquier calle son suficientes para practicar movimientos básicos e ir progresando. Más que un deporte, el parkour se ha convertido en una forma de expresión y una manera diferente de interactuar con la ciudad. Aunque comenzó como una práctica libre, actualmente existen competencias oficiales con dos modalidades: Speed (velocidad) y Freestyle (estilo libre), además de escuelas para practicarlo en espacios cerrados.
Armand detalla que actualmente se han desarrollado dos formas de practicar esta disciplina: “El Parkour tradicional, el clásico que es recreativo, que tiene que ver con el desarrollo personal, y también ya existe en este mundo competitivo que está volviendo deportivo el Parkour, digamos como profesional, ya que se evalúa y hay parámetros para calificar el desempeño; pero cualquiera de las dos opciones es una muy grande posibilidad para practicarlo y ser parte de esta hermosa comunidad”. El parkour no se trata solo de saltar obstáculos, sino de aprender a moverse con confianza, disciplina y creatividad. Cada intento se convierte en una oportunidad para retarse y ver la ciudad desde otra perspectiva, convirtiendo esta disciplina urbana en una forma de expresar libertad a través del movimiento.
Quienes lo practican, conocidos como traceurs (del francés: quien marca el camino), entrenan fuerza, equilibrio, coordinación y creatividad para superar obstáculos urbanos. Todo lo que hay en las calles se convierte en escenario: parques, escaleras, fuentes, bardas y estructuras son parte del entrenamiento. Armand Álvarez, especialista en esta disciplina, destaca que las habilidades básicas para iniciar son tan simples como caminar: “Las habilidades que se necesitan para practicar esta disciplina son las básicas como caminar y de ahí podemos partir. Esta disciplina se divide en capacidades físicas como caminar, correr, saltar, caer, estabilizar, balancearte; desde cualquier punto en el que tú te encuentres puedes empezar a hacer Parkour”.
Álvarez enfatiza que no se requieren saltos o acrobacias avanzadas para comenzar: “No necesitas hacer saltos o acrobacias para poder empezar a hacer parkour, porque justamente el objetivo es que esta disciplina te educa físicamente para poder moverte en tu entorno a partir de tus desarrollos físicos. Entonces es una disciplina muy noble que te permite aprender diferentes cosas en diferentes momentos y en diferentes niveles; puedes aprender y desarrollar tus habilidades sin tener que seguir una línea específica, cada quien aprende y avanza a su manera”. La filosofía del parkour se basa en aprender a controlar el cuerpo, adaptarse, perder el miedo y confiar en uno mismo, utilizando la perseverancia, la disciplina y el instinto como únicas herramientas.
Una de las grandes ventajas del parkour es que no requiere equipo costoso, uniformes especializados ni un gimnasio. Una banca, un parque o cualquier calle son suficientes para practicar movimientos básicos e ir progresando. Más que un deporte, el parkour se ha convertido en una forma de expresión y una manera diferente de interactuar con la ciudad. Aunque comenzó como una práctica libre, actualmente existen competencias oficiales con dos modalidades: Speed (velocidad) y Freestyle (estilo libre), además de escuelas para practicarlo en espacios cerrados.
Armand detalla que actualmente se han desarrollado dos formas de practicar esta disciplina: “El Parkour tradicional, el clásico que es recreativo, que tiene que ver con el desarrollo personal, y también ya existe en este mundo competitivo que está volviendo deportivo el Parkour, digamos como profesional, ya que se evalúa y hay parámetros para calificar el desempeño; pero cualquiera de las dos opciones es una muy grande posibilidad para practicarlo y ser parte de esta hermosa comunidad”. El parkour no se trata solo de saltar obstáculos, sino de aprender a moverse con confianza, disciplina y creatividad. Cada intento se convierte en una oportunidad para retarse y ver la ciudad desde otra perspectiva, convirtiendo esta disciplina urbana en una forma de expresar libertad a través del movimiento.
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