_ El rescate del algodón nativo del pueblo amuzgo (ñomndaa) de Guerrero y Oaxaca es una realidad en México, tras la incorporación de 581 nuevas sembradoras y sembradores al Programa Sembrando Vida de la Secretaría de Bienestar. En diciembre pasado se logró la primera cosecha del algodón en sus variedades verde, blanco y café (Coyuchi), marcando un hito para la comunidad. Este proyecto, parte del Programa General Lázaro Cárdenas del Río por instrucción de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, fue iniciado por la subsecretaria de Inclusión Productiva y Desarrollo Rural, Columba Jazmín López Gutiérrez, en coordinación con la comunidad amuzga.
El avance es cuantificable: mientras en 2024 había 181 personas dedicadas a este cultivo, en 2025 se triplicó esa cifra con la incorporación de 581 nuevas personas beneficiarias. Este crecimiento priorizó el fortalecimiento del papel de las mujeres como guardianas del territorio y el conocimiento ancestral. El proceso se cimentó en 2025 mediante asambleas comunitarias, talleres de formación agroecológica y la recuperación activa de saberes tradicionales, lo que permitió la instalación de parcelas y la activación de Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC).
La implementación técnica se concretó con el establecimiento de 23 parcelas agroecológicas con una superficie total de 4 mil 1682 hectáreas en los municipios guerrerenses de Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca y Ometepec. Estas parcelas contaron con la participación de las 23 Comunidades de Aprendizaje Campesino y fueron espacios donde se desarrollaron diálogos intergeneracionales para recuperar prácticas tradicionales de siembra, limpieza y cosecha bajo enfoques agroecológicos.
La primera cosecha representa mucho más que un logro agrícola; significa la recuperación de un cultivo central para la identidad comunitaria ñomndaa. México es centro de origen del Gossypium hirsutum, especie que provee cerca del 90% del algodón comercial mundial. Para el pueblo amuzgo, este algodón es materia prima para huipiles tradicionales, parte de su medicina ancestral y un símbolo cultural transmitido por generaciones. Su rescate fortalece la autonomía productiva, la identidad comunitaria y conserva la diversidad genética del algodón mexicano.