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Martes 24 de noviembre de 2020

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Xavier Villaurrutia, eterno poeta nocturno

Xavier Villaurrutia, eterno poeta nocturno

Xavier Villaurrutia, eterno poeta nocturno

Nacido el 27 de marzo de 1903, en la Ciudad de México, Xavier Villaurrutia fue un destacado poeta, ensayista y dramaturgo, tal vez de las figuras más importantes y enriquecedoras de la literatura y el teatro mexicano del siglo XX. Estudió en el Colegio Francés y en la Escuela Nacional Preparatoria, donde conoció a Salvador Novo y Jaime Torres Bodet, con quienes entabló gran amistad.

Se consolidó como poeta, guionista y traductor en un momento en el que una gran diversidad de corrientes artísticas afloró en el viejo continente con su inevitable repercusión en América, como el modernismo, el surrealismo e incluso el psicoanálisis. Después de estudiar en el Departamento de Teatro de Bellas Artes en 1928, fue becado en 1935 por la Fundación Rockefeller para ingresar en la Universidad de Yale, en Connecticut, Estados Unidos.

Dandy discreto

Junto con el también poeta y dramaturgo Salvador Novo, fundó las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928), y posteriormente el grupo de teatro también denominado Ulises en 1928, que tenía la especial función de reunir dramaturgos no reconocidos que tuvieran la oportunidad de presentar sus obras con actores no profesionales.

Considerado un dandy discreto, a diferencia de Novo por ejemplo, por el periodista y escritor José de la Colina (que en algún momento fuera secretario de redacción de la célebre revista Vuelta), pues siempre lucía pulcro, con su fina y costosa corbata y difícilmente sonreía.

Villaurrutia, afirma Colina en un artículo publicado en Letras Libres en conmemoración de los 100 años de su nacimiento, “era el poeta menos riente de su grupo, entre sus amigos poetas es el más interior, y el menos espectacular, el más insomne, el más solitario”.

Respecto a su amor por el teatro, Colina continúa: “solitario a tal punto que resulta inexplicable su pasión dramatúrgica, pues el teatro es fundamentalmente espectáculo y diálogo, actuación ante un público y ante otros, y él no habla para los otros, sino acaso para un personaje interior, casi siempre inquietante”.

Con una extensa vocación teatral para un hombre poco teatral en sí mismo, es sobre todo un notable crítico de la literatura y el arte, además, tomó en sus manos la dirección del Departamento de Teatro de Bellas Artes, hoy Coordinación Nacional de Teatro.

Extraordinaria y diversa obra poética

A pesar que él mismo había anunciado su única novela Dama de corazones (1928) como “muy poco novelística”, otros personajes como Octavio Paz (quien fuera su alumno) hablan de él en tono profético: “se le veía oírse” o “no era lo que se llama una persona normal”.

Su obra poética se desglosa en Reflejos (1926), Nocturnos (1933), Nostalgia de la muerte (1938) y Cantos a la primavera y otros poemas (1948). Tradujo a los más grandes e influyentes autores del siglo XIX y XX, entre ellos André Gidé, William Blake, Antón Chéjov y Jules Romain, además de ser guionista y coautor de la película Vámonos con Pancho Villa (1936) dirigida por Fernando de Fuentes y basada en la novela de Rafael F. Muñoz.

Como poeta, es considerado miembro del prominente grupo de artistas e intelectuales mexicanos denominados Los Contemporáneos, junto con Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Jorge Cuesta, Gilberto Owen, Bernardo Ortiz de Montellano, entre otros. En contraposición con el estilo de dandy enfant terrible de Novo, por ejemplo, Villaurrutia vive en su poesía un sufrimiento oscuro de soledad.

Con un aire nocturno, proveniente de la influencia de un López Velarde, él es un personaje citadino de clase media, pequeño burgués, con un aire insomne en sus versos que se sintetiza principalmente en su gran poemario Nostalgia de la muerte. Quizá su gran obra maestra sea esta debido a que aquí se conjugan diversos tendencias, tanto de contenido como estilísticas; además del tema del eterno insomne y solitario, podemos encontrar juegos de palabras, una cierta “adjetivización de sustantivos” (al más puro estilo de Novo), y ensayos de escritura automática en prosa que provendrían de una influencia surrealista.

Debido a su contribución en las artes, ya sea en cualquiera de los géneros y disciplinas en los que se desempeñó, cuatro años después de su muerte, en 1955, se instauró el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores que otorgan la Sociedad Alfonsina Internacional y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. En 2009, el INBAL adquirió la mayor parte de su obra, misma que se encuentra disponible para su consulta.

El repositorio de Xavier Villaurrutia

Con la intención de preservar en México las colecciones propias de los escritores nacionales, el INBAL adquirió en 2009 el Fondo Xavier Villaurrutia. Este heterogéneo archivo —que reúne manuscritos, originales mecanográficos, libretos, cuadernos de notas, dibujos, fotografías, objetos y una máscara mortuoria de Xavier Villaurrutia, creada por el escultor Ignacio Asúnsolo— da testimonio de parte del trabajo de uno de los más relevantes e influyentes escritores mexicanos del siglo XX, así como de la historia teatral y cinematográfica de México entre 1928 y 1950.

El archivo documental se encuentra en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia (CCLXV), ubicado en la colonia Condesa, el cual surgió en 2006 con el propósito de difundir la obra de escritores mexicanos y promover la creación literaria con actividades dirigidas a niñas, niños, jóvenes y adultos.

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