Dueños de restaurantes mexicanos en Chicago han endurecido sus protocolos de acceso para proteger a su personal frente a operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Patricia Rodríguez, propietaria de un establecimiento en una zona turística latina, mantiene la puerta cerrada con timbre para controlar la entrada, una medida que atribuye a la seguridad de comensales y empleados por la frecuencia de estos operativos. Aunque el objetivo es salvaguardar al personal, reconoce que la afluencia de turistas latinos y visitantes de otros estados ha disminuido, con impacto directo en las ventas.
Los negocios señalan que, pese a estas precauciones, agentes federales han irrumpido de manera violenta en algunos locales, lo que ha incrementado el temor en la comunidad. Rodríguez relató incidentes en comercios vecinos —como el restaurante Aguascalientes— donde los agentes habrían ingresado “a la brava”. Este ambiente de presión ha llevado a más restaurantes a mantener sus puertas cerradas como principal barrera, aun con el costo económico que supone para una avenida comercial históricamente concurrida por la comunidad latina.
Trabajadores también reportan intentos de ingreso directo por parte de autoridades. Pamela, cajera en otro restaurante mexicano, afirmó que un comandante de la Patrulla Fronteriza y su equipo intentaron entrar a su lugar de trabajo y se les negó el acceso. Empleados describen estos episodios como experiencias “muy tremendas” que alteran la normalidad del entorno laboral, generan estrés constante y obligan a los comercios a dedicar recursos a vigilancia y protocolos, en detrimento de la operación cotidiana.
El paisaje urbano de la zona ha cambiado: en un recorrido reciente se observó que muchos anuncios y promociones fueron sustituidos por letreros que prohíben explícitamente el acceso a agentes del ICE. Esta transformación visual refleja cómo la defensa y la contención han pasado a dominar la imagen pública de los negocios, priorizando la protección de su personal y clientela. En este contexto, restauranteros y empleados insisten en equilibrar la seguridad con la supervivencia económica, mientras la comunidad se organiza para mantener sus espacios de trabajo y encuentro en medio del clima actual.