La primavera ya llegó al hemisferio norte. El equinoccio, ocurrido este 20 de marzo de 2026, marcó el inicio oficial de una de las estaciones más esperadas del año, caracterizada por un clima más templado y días más largos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), el evento astronómico se registró exactamente a las 08:46 horas, tiempo del Centro de México. ¿Qué es el equinoccio de primavera? La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explica que se trata de uno de los eventos astronómicos más importantes del año. Ocurre cuando el Sol se posiciona de tal manera que ambos hemisferios terrestres reciben prácticamente la misma cantidad de luz solar, lo que resulta en un día y una noche con duraciones muy similares. El término "equinoccio" proviene del latín y significa literalmente "noche igual". Este fenómeno también se presenta en septiembre, marcando entonces la transición hacia el otoño en el hemisferio norte. Tras este equinoccio primaveral, los días comenzarán a alargarse gradualmente hasta alcanzar su máxima duración en el solsticio de verano. ¿Por qué cambian las estaciones? Las estaciones no están determinadas por la distancia entre la Tierra y el Sol, sino por la inclinación del eje terrestre, que se mantiene en aproximadamente 23.5 grados. Durante esta época del año, la orientación del planeta favorece una mayor incidencia de luz solar en el hemisferio norte, influyendo directamente en el clima y ciclos naturales como el aumento de temperatura y el crecimiento vegetal. Otros planetas también experimentan equinoccios bajo condiciones distintas. Marte presenta dinámicas comparables a las terrestres, mientras que Urano sufre variaciones extremas debido a su pronunciada inclinación axial. Un fenómeno ancestral Mucho antes del desarrollo científico moderno, diversas civilizaciones ya observaban e interpretaban los equinoccios con notable precisión. En Mesoamérica, este conocimiento quedó plasmado en su arquitectura. Uno de los ejemplos más conocidos es la pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá. Durante los equinoccios, un juego de luces y sombras crea la ilusión óptica de una serpiente descendiendo por sus escalinatas, confirmando el avanzado conocimiento astronómico de estas culturas. Efectos visibles en la naturaleza Más allá del evento astronómico preciso, el equinoccio simboliza transformaciones tangibles en nuestro entorno: incremento paulatino de temperaturas, paisajes que reverdecen y ecosistemas que entran en fases renovadas y activas.