La muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, tras 37 años en el poder, plantea interrogantes sobre el futuro político y religioso del país. La situación se produjo después de ataques aéreos de Estados Unidos e Israel, en una ofensiva que mató al líder y otros altos funcionarios.
Para gobernar temporalmente, Irán conformó un consejo de liderazgo integrado por Masud Pezeshkian, presidente en funciones; Gholamhossein Mohseni Ejei, jefe del Poder Judicial; y un jurista del Consejo de Guardianes, elegido por el Consejo de Discernimiento. Estos tres asumirán las funciones del líder supremo hasta que se elija a un nuevo jefe de Estado.
La Asamblea de Expertos, formada por 88 clérigos chiíes elegidos cada ocho años, será el organismo encargado de elegir al próximo líder supremo conforme a la Constitución. Este panel decide quién puede ocupar el cargo y su elección está supervisada por el Consejo de Guardianes, que puede vetar candidatos. Por ejemplo, el expresidente Hasán Ruhani fue impedido de participar en la elección de marzo de 2024.
La sucesión se complica ante la ausencia de designaciones claras por parte de Jamenei y la muerte del presidente Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero en 2024. Entre los posibles candidatos destaca uno de los hijos de Jamenei, Mojtaba. La transferencia podría generar controversia interna pues una sucesión familiar podría ser vista como antiislámica. El líder supremo concentra la máxima autoridad sobre el Estado y la Guardia Revolucionaria. Expertos señalan que la decisión será tomada internamente sin elecciones populares directas.