La AMACC surgió para respaldar la búsqueda de un cine más ambicioso
_ El cineasta recordó los inicios de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas surgió para respaldar la búsqueda creativa de un cine más ambicioso, más allá de las rumberas, afirmó Juan Antonio de la Riva durante la primera conferencia de Conversando con nuestros cineastas, dedicada a la historia de la AMACC, que se llevó a cabo en la Sala 4, Arcady Boytler.
Organizada por el Departamento de Extensión Académica y moderada por el cineasta duranguense, la serie de charlas se llevará a cabo todos los jueves de este mes. En la primera sesión, De la Riva habló de la fundación de la academia en 1946, la clase de cinematografÃa que se proponÃa impulsar y sobre la primera ganadora del Ariel: La barraca (Roberto Gavaldón, 1945).
La AMACC fue fundada el 3 de julio de 1946 por un grupo de reconocidos directores, actores, guionistas, abogados, periodistas y otros trabajadores de la industria cinematográfica, entre quienes se encontraban Alejandro Galindo, Gabriel Figueroa, Carlos Pellicer, Raúl de Anda, Manuel Fontanals, Fernando Soler, Felipe Gregorio Castillo y Carlos Gorostiza, inspirados por la organización análoga en Estados Unidos.
De acuerdo con el director de Vidas errantes (1985), a pesar que la producción mexicana se encontraba en uno de sus momentos más prolÃficos, la intención de la academia siempre estuvo enfocada en rescatar y promover aquellos filmes que se distinguieran de la mayorÃa, incluso si no contaban con la popularidad de “las rancheras de Jorge Negreteâ€.
“Roberto Gavaldón es el representante (de esa clase de cine) porque prácticamente todas sus pelÃculas, aún las pelÃculas de encargo con Libertad Lamarque o melodramas un poco más convencionales, tenÃan la marca de un gran director que sabÃa filmar de otra maneraâ€, aseguró.
Respecto a La barraca, basada en la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez, aseguró que se trataba de un filme trascendental, porque su argumento era una buena representación de la tragedia del hombre pobre. “Tiene la posibilidad de llegar a todo tipo de público porque es una tragedia universalâ€, comentó y la enmarcó en la tradición de obras como Las viñas de la ira (The grapes of wrath, 1940) y ¡Qué verde era mi valle! (How green was my valley, 1941), del autor estadounidense John Ford.
Conversando con nuestros cineastas continuará con su ciclo dedicado a la AMACC hasta el 26 de mayo. El 12 de este mes se proyectará RÃo Escondido (Emilio Fernández, 1947), con la presencia de Ernesto Contreras; el dÃa 19, Los Fernández de Peralvillo (Alejandro Galindo, 1954), con Roberto Fiesco, y durante la última sesión, Torero (Carlos Velo, 1956), con Armando Casas.
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas surgió para respaldar la búsqueda creativa de un cine más ambicioso, más allá de las rumberas, afirmó Juan Antonio de la Riva durante la primera conferencia de Conversando con nuestros cineastas, dedicada a la historia de la AMACC, que se llevó a cabo en la Sala 4, Arcady Boytler.
Organizada por el Departamento de Extensión Académica y moderada por el cineasta duranguense, la serie de charlas se llevará a cabo todos los jueves de este mes. En la primera sesión, De la Riva habló de la fundación de la academia en 1946, la clase de cinematografÃa que se proponÃa impulsar y sobre la primera ganadora del Ariel: La barraca (Roberto Gavaldón, 1945).
La AMACC fue fundada el 3 de julio de 1946 por un grupo de reconocidos directores, actores, guionistas, abogados, periodistas y otros trabajadores de la industria cinematográfica, entre quienes se encontraban Alejandro Galindo, Gabriel Figueroa, Carlos Pellicer, Raúl de Anda, Manuel Fontanals, Fernando Soler, Felipe Gregorio Castillo y Carlos Gorostiza, inspirados por la organización análoga en Estados Unidos.
De acuerdo con el director de Vidas errantes (1985), a pesar que la producción mexicana se encontraba en uno de sus momentos más prolÃficos, la intención de la academia siempre estuvo enfocada en rescatar y promover aquellos filmes que se distinguieran de la mayorÃa, incluso si no contaban con la popularidad de “las rancheras de Jorge Negreteâ€.
“Roberto Gavaldón es el representante (de esa clase de cine) porque prácticamente todas sus pelÃculas, aún las pelÃculas de encargo con Libertad Lamarque o melodramas un poco más convencionales, tenÃan la marca de un gran director que sabÃa filmar de otra maneraâ€, aseguró.
Respecto a La barraca, basada en la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez, aseguró que se trataba de un filme trascendental, porque su argumento era una buena representación de la tragedia del hombre pobre. “Tiene la posibilidad de llegar a todo tipo de público porque es una tragedia universalâ€, comentó y la enmarcó en la tradición de obras como Las viñas de la ira (The grapes of wrath, 1940) y ¡Qué verde era mi valle! (How green was my valley, 1941), del autor estadounidense John Ford.
Conversando con nuestros cineastas continuará con su ciclo dedicado a la AMACC hasta el 26 de mayo. El 12 de este mes se proyectará RÃo Escondido (Emilio Fernández, 1947), con la presencia de Ernesto Contreras; el dÃa 19, Los Fernández de Peralvillo (Alejandro Galindo, 1954), con Roberto Fiesco, y durante la última sesión, Torero (Carlos Velo, 1956), con Armando Casas.