La coreógrafa Isabel Beteta recibirá la Medalla Bellas Artes 2016
_ Gentil, centrada, con gran decisión en su mirada y en su andar, Isabel Beteta considera que la danza ha sido su ruta definitiva, “en donde crecÃâ€.
La coreógrafa y bailarina recibirá la Medalla Bellas Artes, máximo galardón que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, el martes 20 de septiembre a las 19:00 en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque, donde presentará las piezas Tiempo largo y La caÃda, esta última una reinterpretación que realizó del ballet El lago de los cisnes.
Isabel Beteta, directora artÃstica de Nemian Danza Escénica, refiere en entrevista: “Tuve un camino largo antes de llegar a la danza. Hice tres carreras: historia del arte, literatura francesa y artes plásticas y restauración de bienes muebles. Ya habÃa estudiado danza de forma intermitente en la niñez, pero al final la danza te atrapaâ€.
La coreógrafa con más de 25 años de trayectoria señala que fue la danza la que le dio sentido a lo que le interesaba: “Para mÃ, la danza fue una integración de todo lo que estudié, y al traducirlo a este arte pude comprenderlo más.
“Y aún más cuando pasé a la coreografÃa, ya que los elementos que aprendà sirvieron como entrenamiento visual y literario para crear narrativas con el cuerpo. La danza tiene una gran ventaja sobre otras artes: parte del cuerpo, y el cuerpo dice la verdad, no miente.
“Creo que hay que considerar al cuerpo, y por tanto a la danza, desde dos perspectivas: la individual y la social. La danza es compartir una vivencia, una experiencia; crear comunidad, sobre todo la ritual y la que elegà para la vida: la contemporánea. Esta convierte al escenario en un espacio sagrado, donde todos se vuelven comunidad y tú ofreces lo mejor de ti.
“En lo individual y como parte del cuerpo es una forma preverbal de reflejar las emociones a través de un orden, del raciocinio. La danza me ha dado disciplina, constancia, un conocimiento de mà misma. Eso no es inmediato, es poco a poco que llegas a saber quién eres, porque te cuestionas.
“Con los años, en Nemian hemos encontrado un lenguaje propio a partir de ese trabajo con el cuerpo y la danza, que tambien está basado en las imágenes de las reacciones y en cómo somos los humanos.
“Creamos obras a partir de una idea y una imagen inicial, a veces algún germen de movimiento. Luego, tengo la retroalimentación de mis bailarines por medio de ejercicios de improvisación, pero mucho me lo dan ellos de regreso y lo voy armando. Asà se genera la coreografÃa.
“A veces los objetos externos (aros, faldas largas, abanicos) son parteaguas para que nazca el movimiento, porque te obligan a conocer otra técnica, a salir del movimiento espontaneo, a hacer algo un poco elaborado y profundo.
“El teatro y la danza van muy unidos, pero la palabra puede estorbar porque el movimiento se racionaliza a través de ella. En ese momento, la pureza del cuerpo y de la emoción se pierde. La danza es preverbal, es cuerpo puro, está más cerca de la poesÃa que de otras artes. No obstante, se nutre también de ellasâ€.
Beteta afirma asimismo que, si bien “la danza vive en el momento en el que se interpreta, prolonga su existencia en la memoria de los bailarines y del público; se incorpora a su acervo vivencial y regresa al cuerpo de esa maneraâ€.
Finalmente, comenta que, a lo largo de los años, la danza ha sido un encuentro constante: “Es un conocimiento de mà misma y le da sentido a mi vida, porque es lo que puedo transmitir, dar. Creo que el sentido de la vida como seres humanos es saber qué heredamos a los otros. La danza me ha dejado hacer eso: trascenderâ€.
La coreógrafa y bailarina recibirá la Medalla Bellas Artes, máximo galardón que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, el martes 20 de septiembre a las 19:00 en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque, donde presentará las piezas Tiempo largo y La caÃda, esta última una reinterpretación que realizó del ballet El lago de los cisnes.
Isabel Beteta, directora artÃstica de Nemian Danza Escénica, refiere en entrevista: “Tuve un camino largo antes de llegar a la danza. Hice tres carreras: historia del arte, literatura francesa y artes plásticas y restauración de bienes muebles. Ya habÃa estudiado danza de forma intermitente en la niñez, pero al final la danza te atrapaâ€.
La coreógrafa con más de 25 años de trayectoria señala que fue la danza la que le dio sentido a lo que le interesaba: “Para mÃ, la danza fue una integración de todo lo que estudié, y al traducirlo a este arte pude comprenderlo más.
“Y aún más cuando pasé a la coreografÃa, ya que los elementos que aprendà sirvieron como entrenamiento visual y literario para crear narrativas con el cuerpo. La danza tiene una gran ventaja sobre otras artes: parte del cuerpo, y el cuerpo dice la verdad, no miente.
“Creo que hay que considerar al cuerpo, y por tanto a la danza, desde dos perspectivas: la individual y la social. La danza es compartir una vivencia, una experiencia; crear comunidad, sobre todo la ritual y la que elegà para la vida: la contemporánea. Esta convierte al escenario en un espacio sagrado, donde todos se vuelven comunidad y tú ofreces lo mejor de ti.
“En lo individual y como parte del cuerpo es una forma preverbal de reflejar las emociones a través de un orden, del raciocinio. La danza me ha dado disciplina, constancia, un conocimiento de mà misma. Eso no es inmediato, es poco a poco que llegas a saber quién eres, porque te cuestionas.
“Con los años, en Nemian hemos encontrado un lenguaje propio a partir de ese trabajo con el cuerpo y la danza, que tambien está basado en las imágenes de las reacciones y en cómo somos los humanos.
“Creamos obras a partir de una idea y una imagen inicial, a veces algún germen de movimiento. Luego, tengo la retroalimentación de mis bailarines por medio de ejercicios de improvisación, pero mucho me lo dan ellos de regreso y lo voy armando. Asà se genera la coreografÃa.
“A veces los objetos externos (aros, faldas largas, abanicos) son parteaguas para que nazca el movimiento, porque te obligan a conocer otra técnica, a salir del movimiento espontaneo, a hacer algo un poco elaborado y profundo.
“El teatro y la danza van muy unidos, pero la palabra puede estorbar porque el movimiento se racionaliza a través de ella. En ese momento, la pureza del cuerpo y de la emoción se pierde. La danza es preverbal, es cuerpo puro, está más cerca de la poesÃa que de otras artes. No obstante, se nutre también de ellasâ€.
Beteta afirma asimismo que, si bien “la danza vive en el momento en el que se interpreta, prolonga su existencia en la memoria de los bailarines y del público; se incorpora a su acervo vivencial y regresa al cuerpo de esa maneraâ€.
Finalmente, comenta que, a lo largo de los años, la danza ha sido un encuentro constante: “Es un conocimiento de mà misma y le da sentido a mi vida, porque es lo que puedo transmitir, dar. Creo que el sentido de la vida como seres humanos es saber qué heredamos a los otros. La danza me ha dejado hacer eso: trascenderâ€.