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Las Políticas de Educación de Jair Bolsonaro ponen en riesgo el Proyecto de Futuro de Brasil
internacional - 2019-06-03
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Las Políticas de Educación de Jair Bolsonaro ponen en riesgo el Proyecto de Futuro de Brasil


Un retroceso, las Políticas de Educación de Jair Bolsonaro, ponen en riesgo el Proyecto de Futuro de Brasil.

Son decisiones catastróficas en el corto, mediano y largo plazos, aseveró Regina Crespo, del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM.

Son parte de la ola de derechización que se vive en todo el mundo, de demonización de las izquierdas, del fuerte antiintelectualismo, y de descalificación de la política como herramienta de cambio social, dijo.

Intervenir en las universidades es volver a los viejos tiempos de la dictadura militar, subrayó.


Las decisiones del presidente brasileño Jair Bolsonaro de recortar el presupuesto a la educación, formar menos científicos, humanistas y alumnos a nivel maestría y doctorado, así como atentar contra la autonomía universitaria, son un retroceso e impiden que ese país tenga un proyecto a futuro, afirmó Regina Crespo, académica del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), de la UNAM.

“Si la formación de cuadros científicos, humanísticos y sociológicos se retira de un plan de gobierno, se impide que la nación tenga un proyecto a futuro, que las condiciones de vida sean mejores para su propia población y que el país tenga un papel más protagónico en términos internacionales. En definitiva, es un retroceso”, remarcó la también doctora en Historia Social por la Universidad de São Paulo.

Estas políticas, así como la propia llegada de Bolsonaro a la presidencia, son parte de la ola de derechización que se vive en todo el mundo, del movimiento global de demonización de las izquierdas, del fuerte anti intelectualismo y de descalificación de la política como la herramienta legítima de cambio social. Todo ello contribuye a potenciar radicalismos y ha dado lugar incluso a manifestaciones de rasgos fascistas.

“Es un camino preocupante. Los riesgos de retroceso son muy grandes en el sentido de impedir el propio ejercicio del pensamiento crítico”, subrayó.

El gobierno brasileño ha congelado el presupuesto a la educación, recortado en 30 por ciento los recursos a las universidades públicas e institutos técnicos; investigaciones de punta están amenazadas, hospitales-escuelas pueden ser cerrados. Además, el ministro de Educación, Abraham Weintraub, ha llegado a afirmar que ya no se requiere formar a más personas con doctorado, pues Brasil ya tiene suficientes.

“Para un país que durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores experimentó una política de avance en términos educativos y científicos, esa conducta es una regresión”, insistió Crespo.

De igual forma, el gobierno ha afirmado que debe “combatir el socialismo” y apoyar sólo las escuelas y carreras que preparen a los jóvenes para el mercado de trabajo y no para la militancia política. Así, plantea dejar de lado licenciaturas como Filosofía y Sociología. Esto último, consideró la investigadora, refleja una visión sesgada de la educación.

“El gobierno trata de cerrar los cursos de Filosofía y Sociología, que en este momento deberían ser los más importantes: hay que pensar qué ocurre en el país, las humanidades no son perfumería ni proselitismo, deben ser parte del pensamiento cotidiano. La sociedad necesita reflexionar sobre su contexto, debemos entender lo que vivimos para ser mejores ingenieros, médicos o enfermeros. Tenemos que trabajar juntos humanidades y las llamadas ciencias duras para lograr un mundo de diálogo y vivir mejor”, remarcó.

Al pretender formar mano de obra para el mercado, el gobierno brasileño busca justamente impedir la formación del necesario pensamiento crítico.

Respecto al Decreto 9794 con el que se pretende facultar al presidente para intervenir en las designaciones de rectores, auditores y demás autoridades de las universidades, la investigadora señaló que implica volver a los viejos tiempos de la dictadura militar (1964-1985), en que las instituciones de educación superior sufrieron “la mano dura del Estado”.

Esos viejos tiempos parecían haberse superado con el fin de la dictadura y la promulgación de la Constitución ciudadana de 1988 –que significó un avance en términos de los derechos humanos, políticos, la búsqueda de la justicia y el ejercicio democrático-, que dio a las universidades una apertura al nuevo estado de las cosas en Brasil.

La especialista en relaciones entre los intelectuales y la política recordó que los pasados 15 y 30 de mayo hubo protestas multitudinarias contra estas medidas del gobierno en más de 180 ciudades de Brasil, durante las cuales estudiantes y académicos salieron y explicaron a la población el trabajo que realizan y que no implica hacer proselitismo.

“Los académicos no podemos aislarnos, tenemos que cumplir nuestro papel político y social, mostrar a la sociedad que al cumplir nuestras tareas no estamos ideologizando ni haciendo proselitismo. Políticos como Bolsonaro demonizan la crítica y defienden el pensamiento único. Para ellos, la figura del profesor puede pasar a ser el gran enemigo a combatir”.

Para Crespo serán fundamentales las próximas movilizaciones que realice la sociedad brasileña frente a las políticas del actual gobierno, aunque también consideró que jugará un papel importante la situación de Brasil en un contexto más amplio.

Finalmente, dijo que América Latina tiene mucho que aprender de la situación brasileña, en la que los medios de comunicación han jugado un papel importante para estructurar y fortalecer los conservadurismos.

“Si las personas no tienen la capacidad de reflexionar, preguntar y criticar, acaban por refrendar todo lo que no les favorece. Por ello, la banalización de la ignorancia es un peligro que se necesita combatir. Hay mucho que aprender y de qué preocuparse con lo que está pasando en Brasil. Hay que tomar en cuenta las consecuencias de las campañas basadas en fake news, que fueron fundamentales en los resultados de las elecciones presidenciales y que siguen incidiendo en la política y el cotidiano de los brasileños”, concluyó.





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