Comparsa Inclusiva Xantetelco transforma el 'brinco del chinelo' en Morelos con apoyo del PACMyC
_ En el corazón de Morelos, la Comparsa Inclusiva Xantetelco demuestra que no existen límites para vivir la cultura con su proyecto 'En Xantetelco no tiembla, los chinelos inclusivos brincan'. Con el respaldo del Programa de Apoyos a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) Morelos 2025, que impulsa la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la agrupación adquirió quince trajes profesionales de chinelo. Esta adquisición permite que niños y jóvenes con discapacidades motrices, visuales, auditivas e intelectuales porten con orgullo y dignidad la vestimenta tradicional que da identidad a su estado.
El proyecto nació hace casi cinco años a partir de un taller de cartonería tradicional para infantes con discapacidad, dirigido por las maestras Ana Karen y María José Domínguez. Ellas notaron que el estímulo de la música generaba una respuesta natural entre sus estudiantes. 'Al escuchar la banda, los niños empezaban a moverse por instinto', relatan. Esta observación fue el motor para gestionar recursos y adquirir los trajes. Cerca de 50 personas conforman la comparsa, que incluye a infantes desde los 3 años hasta jóvenes de 23 años, como Mildred, quien tiene discapacidad intelectual.
La iniciativa marca un precedente al alejarse del enfoque asistencialista o médico. Para Ana Karen Domínguez, se trata de un tema de derechos humanos y recreación: 'La discapacidad ha sido vista bajo un enfoque rehabilitador, médico o de prescindencia. Hoy, con los ajustes necesarios, demostramos que son capaces de realizar cualquier actividad'. El proyecto promueve activamente el derecho a la recreación y la cultura. La creatividad es fundamental: para quienes aún no tienen un traje completo, las madres diseñaron un 'chinelito' artesanal para portar sobre la cabeza, asegurando que nadie se quede atrás. Incluso integrantes con hipoacusia (disminución auditiva) participan en la danza a través de las vibraciones de la música y la imitación.
Tras consolidar la vestimenta y el equipo de sonido, la agrupación proyecta crear la primera banda de viento inclusiva en la región. El plan es gestionar instrumentos como tambora, trompetas y clarinetes para aprovechar el talento musical de integrantes con discapacidad visual y sus cuidadores, lo que podría convertirse en una futura fuente de empleo digno. El objetivo final es visibilizar a este sector poblacional evitar su infantilización y romper prejuicios sociales. Como testimonio del impacto emocional María José Domínguez recuerda cuando Jair niño diagnosticado espina bífida recibió su traje: 'Ah mamá ya tengo mi traje chinelo' dijo alegremente.
El proyecto nació hace casi cinco años a partir de un taller de cartonería tradicional para infantes con discapacidad, dirigido por las maestras Ana Karen y María José Domínguez. Ellas notaron que el estímulo de la música generaba una respuesta natural entre sus estudiantes. 'Al escuchar la banda, los niños empezaban a moverse por instinto', relatan. Esta observación fue el motor para gestionar recursos y adquirir los trajes. Cerca de 50 personas conforman la comparsa, que incluye a infantes desde los 3 años hasta jóvenes de 23 años, como Mildred, quien tiene discapacidad intelectual.
La iniciativa marca un precedente al alejarse del enfoque asistencialista o médico. Para Ana Karen Domínguez, se trata de un tema de derechos humanos y recreación: 'La discapacidad ha sido vista bajo un enfoque rehabilitador, médico o de prescindencia. Hoy, con los ajustes necesarios, demostramos que son capaces de realizar cualquier actividad'. El proyecto promueve activamente el derecho a la recreación y la cultura. La creatividad es fundamental: para quienes aún no tienen un traje completo, las madres diseñaron un 'chinelito' artesanal para portar sobre la cabeza, asegurando que nadie se quede atrás. Incluso integrantes con hipoacusia (disminución auditiva) participan en la danza a través de las vibraciones de la música y la imitación.
Tras consolidar la vestimenta y el equipo de sonido, la agrupación proyecta crear la primera banda de viento inclusiva en la región. El plan es gestionar instrumentos como tambora, trompetas y clarinetes para aprovechar el talento musical de integrantes con discapacidad visual y sus cuidadores, lo que podría convertirse en una futura fuente de empleo digno. El objetivo final es visibilizar a este sector poblacional evitar su infantilización y romper prejuicios sociales. Como testimonio del impacto emocional María José Domínguez recuerda cuando Jair niño diagnosticado espina bífida recibió su traje: 'Ah mamá ya tengo mi traje chinelo' dijo alegremente.