_ La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro, ha generado un impacto inmediato más allá del ámbito diplomático y alcanzó al futbol internacional. La cercanía de la Copa del Mundo 2026, en la que el país norteamericano funge como anfitrión junto a México y Canadá, ha encendido el debate sobre la viabilidad de mantener la sede en territorio estadounidense.
La posibilidad de que la FIFA retire la organización a Estados Unidos y la traslade completamente a México comenzó a circular en redes sociales y espacios de opinión, alimentando la incertidumbre entre aficionados y especialistas. Sin embargo, hasta el momento no existe pronunciamiento oficial del máximo organismo del futbol que sugiera un cambio de sede o sanciones directas contra el país anfitrión.
De acuerdo con los estatutos de la FIFA, las sanciones suelen aplicarse en casos de interferencia gubernamental en federaciones nacionales o cuando la seguridad de las competencias se ve comprometida de manera directa. El conflicto en Venezuela, aunque de gran relevancia política, no ha derivado en boicots, retiradas de selecciones ni afectaciones operativas relacionadas con el Mundial, lo que reduce la probabilidad de consecuencias deportivas inmediatas para Estados Unidos.
El reto logístico también juega un papel determinante: once de las dieciséis sedes del torneo están en territorio estadounidense, lo que convierte cualquier modificación en un desafío mayúsculo a nivel organizativo, económico y estructural. Por ahora, la Copa del Mundo 2026 sigue programada para disputarse del 11 de junio al 19 de julio, con protocolos de seguridad reforzados para garantizar que el evento más importante del futbol se desarrolle conforme a lo planeado.