Danza de los Payasos: proyecto comunitario preserva tradición en Veracruz
_ Entre el sonido de la música tradicional, las máscaras talladas en madera y los coloridos trajes, la Danza de los Payasos forma parte de la vida comunitaria de Santa María Magdalena, Veracruz. Cada presentación reúne a distintas generaciones alrededor de una tradición que combina identidad, memoria, convivencia y devoción, y que con el paso de los años se ha convertido en uno de los símbolos culturales más representativos de la comunidad.
La Danza de los Payasos tiene un origen relativamente reciente. En 1999, Rodolfo Ramón Canche Maldonado impulsó la creación de la primera cuadrilla al advertir que el personaje aparecía únicamente como acompañante; amenizaba y complementaba bailes importantes como los de los Tocotines, Santiagos y Cruzados. "Veíamos que en cada Danza de Banda Cruzada eran muy pocos los personajes del payaso. No tenía una danza propia; solamente era un agregado. A partir de esa inquietud surgió la iniciativa para conformar la primera Danza de los Payasos de Xicochimalco", recuerda Canche Maldonado en entrevista. La iniciativa abrió camino para que surgieran nuevas agrupaciones: "Actualmente ya somos seis danzas de payasos. Todo comenzó con esa loca aventura de sacar adelante la primera".
Con el propósito de preservar dicho legado y facilitar que más personas se integren, desarrolló el proyecto "El arropaje del cuerpo mítico del payaso", beneficiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. El apoyo permitió, durante nueve meses, realizar una serie de talleres enfocados en la elaboración de máscaras, confección de vestuario, fabricación de accesorios y formación musical, además de adquirir materiales que fortalecieron la continuidad del proyecto.
Uno de los principales retos consistió en reducir los costos que implica participar en la danza. "Actualmente un traje de payaso ronda los mil 800 pesos, mientras que las máscaras y los bonetes también representan un gasto importante", explica Rodolfo Ramón Canche. "El proyecto nació para apoyar a la comunidad y disminuir esos costos para quienes desean integrarse a la tradición". Durante los talleres, las y los participantes aprendieron el proceso que da vida a la danza: desde preparar la madera para tallar las máscaras hasta confeccionar el vestuario y ejecutar la música que acompaña cada presentación.
"Aprendimos a tocar y algunos jóvenes ya tienen la oportunidad de presentarse con músicos antiguos. Eso también ayuda a disminuir gastos y, sobre todo, fortalece la participación de las nuevas generaciones dentro de la danza", señala. Con los insumos que se generaron durante los talleres, se creó un banco comunitario de vestuario y accesorios, pensado para que ninguna persona deje de participar por falta de recursos. "A veces alguien tiene el traje, pero no la máscara; o tiene la máscara y le falta el traje. La finalidad era contar con prendas para prestarlas y facilitar un poquito más el bailar para la gente", agrega Canche Maldonado.
Cada traje representa también un conocimiento artesanal transmitido entre generaciones. Su elaboración requiere cerca de catorce metros de tela, además de técnicas que las familias resguardan. A ello se suma una tradición musical que distingue a la cuadrilla de Xicochimalco frente a otras agrupaciones de la región. "Lo que nos diferencia es la música y el nombre de la danza. Todas llevan máscaras y un vestuario parecido, pero nuestra música tradicional forma parte de nuestra identidad".
El trabajo colectivo también permitió recuperar otra expresión que permanecía ausente desde hacía casi dos décadas: la Danza de los Negros Separados. "Con lo poco que quedó de material nos dimos a la tarea de volver a sacar esa danza. Seguimos apoyando y preservando la tradición con todo lo que nos enseñaron los mayores". Para Rodolfo Ramón Canche Maldonado, la permanencia de las expresiones culturales depende de que cada generación encuentre un lugar dentro de ellas y haga propios los saberes heredados por quienes les antecedieron. "Para preservar hay que fomentar. Seguiremos invitando a jóvenes, niñas, niños y personas adultas para que participen y mantengan viva la danza", concluye.
La Danza de los Payasos tiene un origen relativamente reciente. En 1999, Rodolfo Ramón Canche Maldonado impulsó la creación de la primera cuadrilla al advertir que el personaje aparecía únicamente como acompañante; amenizaba y complementaba bailes importantes como los de los Tocotines, Santiagos y Cruzados. "Veíamos que en cada Danza de Banda Cruzada eran muy pocos los personajes del payaso. No tenía una danza propia; solamente era un agregado. A partir de esa inquietud surgió la iniciativa para conformar la primera Danza de los Payasos de Xicochimalco", recuerda Canche Maldonado en entrevista. La iniciativa abrió camino para que surgieran nuevas agrupaciones: "Actualmente ya somos seis danzas de payasos. Todo comenzó con esa loca aventura de sacar adelante la primera".
Con el propósito de preservar dicho legado y facilitar que más personas se integren, desarrolló el proyecto "El arropaje del cuerpo mítico del payaso", beneficiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. El apoyo permitió, durante nueve meses, realizar una serie de talleres enfocados en la elaboración de máscaras, confección de vestuario, fabricación de accesorios y formación musical, además de adquirir materiales que fortalecieron la continuidad del proyecto.
Uno de los principales retos consistió en reducir los costos que implica participar en la danza. "Actualmente un traje de payaso ronda los mil 800 pesos, mientras que las máscaras y los bonetes también representan un gasto importante", explica Rodolfo Ramón Canche. "El proyecto nació para apoyar a la comunidad y disminuir esos costos para quienes desean integrarse a la tradición". Durante los talleres, las y los participantes aprendieron el proceso que da vida a la danza: desde preparar la madera para tallar las máscaras hasta confeccionar el vestuario y ejecutar la música que acompaña cada presentación.
"Aprendimos a tocar y algunos jóvenes ya tienen la oportunidad de presentarse con músicos antiguos. Eso también ayuda a disminuir gastos y, sobre todo, fortalece la participación de las nuevas generaciones dentro de la danza", señala. Con los insumos que se generaron durante los talleres, se creó un banco comunitario de vestuario y accesorios, pensado para que ninguna persona deje de participar por falta de recursos. "A veces alguien tiene el traje, pero no la máscara; o tiene la máscara y le falta el traje. La finalidad era contar con prendas para prestarlas y facilitar un poquito más el bailar para la gente", agrega Canche Maldonado.
Cada traje representa también un conocimiento artesanal transmitido entre generaciones. Su elaboración requiere cerca de catorce metros de tela, además de técnicas que las familias resguardan. A ello se suma una tradición musical que distingue a la cuadrilla de Xicochimalco frente a otras agrupaciones de la región. "Lo que nos diferencia es la música y el nombre de la danza. Todas llevan máscaras y un vestuario parecido, pero nuestra música tradicional forma parte de nuestra identidad".
El trabajo colectivo también permitió recuperar otra expresión que permanecía ausente desde hacía casi dos décadas: la Danza de los Negros Separados. "Con lo poco que quedó de material nos dimos a la tarea de volver a sacar esa danza. Seguimos apoyando y preservando la tradición con todo lo que nos enseñaron los mayores". Para Rodolfo Ramón Canche Maldonado, la permanencia de las expresiones culturales depende de que cada generación encuentre un lugar dentro de ellas y haga propios los saberes heredados por quienes les antecedieron. "Para preservar hay que fomentar. Seguiremos invitando a jóvenes, niñas, niños y personas adultas para que participen y mantengan viva la danza", concluye.
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