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Viernes 03 de julio de 2020

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Gunther Gerzso, puente entre realismo y arte abstracto

Gunther Gerzso, puente entre realismo y arte abstracto

Gunther Gerzso, puente entre realismo y arte abstracto

A más de un siglo de su nacimiento, la figura del pintor Gunther Gerzso (1915-2000) se ha consolidado como la del artífice que generó, por convicción personal, un arte genuinamente mexicano y que más tarde lo convertiría en puente esencial entre el realismo y la abstracción de la plástica en nuestro país.

La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) recuerdan este 17 de junio, en el marco de la campaña “Contigo en la distancia”, el 105 aniversario del natalicio del también escenógrafo, director de teatro y cine, a quien críticos de arte, curadores, escritores y cronistas consideran figura decisiva en el desarrollo del arte abstracto.

El artista mexicano de ascendencia húngaro-alemana, originario de la Ciudad de México, fundador de la escuela de arte abstracto y galardonado en 1978 con el Premio Nacional de las Bellas Artes, fue descrito por el cronista, escritor y periodista Carlos Monsiváis como un artista “que pinta, persevera y cambia; por lo que nunca veremos un cuadro suyo de la misma manera, nunca congelaremos el fervor que su obra suscita, nunca olvidaremos su método para darle transparencia a las emociones”.

En tanto, para el curador del Museo de Arte Moderno (MAM) del INBAL, Carlos Segoviano, Gerzso, autor de los óleos Untitled (1941), El nacimiento de los pájaros (1944), Combate (1946), Mitología (1961) y Yaxchilán (1988), entre otras, perteneció a una generación de creadores que indujeron cambios en la pintura hispanoamericana –tras la Segunda Guerra Mundial- por lo que fue un puente esencial entre el realismo y la abstracción.

Gerzso, hijo del emigrado húngaro Oscar Gerzso y Dore Wendland, de nacionalidad alemana, alternó su residencia entre Suiza y México. Durante su estancia en el país europeo en 1927, su tío, el coleccionista Hans Wendland, lo guió en el conocimiento del arte clásico y contemporáneo, así como en la arquitectura.

También se interesó en la escenografía, por lo que al estar en México, el dramaturgo y director de cine Fernando Wagner usó sus diseños en montajes de Moliere, Lope de Vega y Shakespeare; además de realizar otros trabajos durante la Época de Oro del cine mexicano y desempeñarse, en la década de los cuarenta y cincuenta, como escenógrafo en la industria cinematográfica nacional, así como de Francia y Estados Unidos.

En este ámbito, Gerzso Wendland ganó cinco premios Ariel como Mejor Diseño de Producción y colaboró con directores como Emilio El Indio Fernández en la cinta Un día de vida (1950); Luis Buñuel en Susana (1951) y Una mujer sin amor (1952); con Yves Allégret en Les Orgueilleux (1953) y John Huston en Under the volcano (1984).

También obtuvo en 1994 la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico que otorga la Cineteca Nacional, y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas lo reconoció con el premio Ariel de Oro en el 2000 por su trayectoria en el séptimo arte.

Fue a finales de la década de 1930 cuando Gerzso se aficionó por la pintura, inspirado, al principio, en personajes del escenario fílmico. Casi una década después, el pintor estadounidense Bernard Pfriem lo convenció para participar en la exhibición anual del Museo de Arte de Cleveland, donde expuso algunos cuadros.

Poco a poco, comenzó a considerarse más un pintor que un diseñador, por lo que a principios de la década de los cuarenta, al radicar de manera permanente en la Ciudad de México, se integró, junto con su esposa, al grupo de artistas surrealistas exiliados en México, como Benjamín Péret, Leonora Carrington, Remedios Varo, Alice Rahon y Wolfang Paalen, entre otros.

​Así, bajo una influencia europea y mexicana, Gerzso mostró su profunda apreciación artística. ​Sus óleos incorporaban aspectos de arte precolombino dentro de un marco surrealista y cubista para evolucionar al arte abstracto. Un momento clave en la carrera del artista ocurrió durante un viaje a Yucatán, donde visitó Uxmal y Chichén Itzá, lo que reforzó su convicción de realizar un tipo de arte genuinamente mexicano.

Octavio Paz calificó a Gerzso como uno de los grandes pintores de América Latina, quien junto con Carlos Mérida y Rufino Tamayo, contrapusieron su trabajo al movimiento ideológico-estético que caracterizaba al muralismo mexicano, encabezado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, entre otros.

Permeado de lo surrealista, lo mexicano y por el cubismo, Gerzso formó parte de la Generación de la Ruptura, liderada por Vicente Rojo, Manuel Felguérez y Vlady, entre otros, en la que se hablaba de evolucionar el arte convencional y académico, lo cual significó un parteaguas para trascender el arte mexicano, pero sobre todo el nacionalismo de la escuela muralista.

De esta manera, Gerzo y los rupturistas reconstruyeron las formas de expresión plástica, dando inició a un movimiento de abstracción cuyo simbolismo perpetuó sus orígenes mexicanos precolombinos.

En este sentido, su trabajo es reconocido por hacer referencia a las culturas prehispánicas amerindias, la arquitectura moderna y prehispánica, un uso de la técnica de la tradición pictórica europea y por desarrollarse dentro de una plataforma multidisciplinar. El artista falleció el 21 de abril del 2000.


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