La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (CENIDIAP), realizaron jornadas académicas el pasado 27 de febrero para analizar el legado de la fotógrafa Kati Horna. El foco del análisis fue su serie 'Historia de un vampiro' (1962), que actualmente se exhibe en la muestra 'Kati Horna. La mirada puesta en página', en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.
El investigador Michel Otayek destacó que esta obra representa un giro en la narrativa vampírica clásica del cine, donde el personaje solía encarnar una amenaza extranjera. En contraste, Horna transforma este símbolo a través de un personaje femenino que, tras aterrizar en una casa de Coyoacán, parece maravillarse e integrarse físicamente al entorno arquitectónico. Otayek subrayó el carácter autobiográfico de la serie, señalando que Horna encontró plenitud creativa al abordar su propia biografía y su tránsito visual en un momento en que se sentía completamente integrada al entorno cultural mexicano, tras haber huido sucesivamente de Hungría, Berlín, París y Barcelona.
Durante su conferencia, Otayek explicó que Horna se integró rápidamente a la vida cultural mexicana. Su casa en la calle Tabasco se convirtió en un punto de encuentro para artistas e intelectuales, siendo escenario incluso de eventos como la boda de Leonora Carrington con el fotógrafo Emérico 'Chiki' Weisz en 1946. Esta red facilitó colaboraciones con figuras como Remedios Varo y Alejandro Jodorowsky. Paralelamente, Horna tuvo una amplia participación en medios impresos, especialmente en revistas como S.nob y Mujeres, donde construyó una estética del retrato que permite reconstruir el entorno cultural mexicano de mediados del siglo XX.
El investigador también destacó el 'invisibilismo voluntario' que caracterizó a Horna: aunque fue centro de una gran red afectiva y profesional, mantuvo un perfil discreto, sin dar entrevistas ni hacer exposiciones. Otayek señaló que su obra ha ganado reconocimiento internacional en la última década y que la exposición actual hace justicia a su proceso creativo, el cual trasciende el surrealismo. Finalizó apuntando la necesidad de estudiar más a fondo su mirada sobre la arquitectura mexicana. La jornada continuó con un conversatorio moderado por las curadoras Paulina Villaseñor y Paola Uribe, con la participación de alumnos directos de Horna: Arturo Rosales, Estanislao Ortiz y Silvia González de León.