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Coeditan INAH y CIESAS edición facsimilar del Catálogo de la Colección de Antropología del Museo Nacional
nacional - 2019-06-22
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Coeditan INAH y CIESAS edición facsimilar del Catálogo de la Colección de Antropología del Museo Nacional


La obra rememora la exposición de antropología y su catálogo, elaborados en 1895 por el Museo Nacional con motivo del XI Congreso Internacional de Americanistas.

Se acompaña por 314 fotografías que evidencian la importancia que desde entonces tiene la imagen para la etnografía y antropología de las poblaciones indígenas de México.


En el Museo Nacional de Antropología se presentó la edición facsimilar del Catálogo de la Colección de Antropología del Museo Nacional (1895), publicación que trae a la memoria la exposición de antropología que el antiguo Museo Nacional organizó un lustro antes de acabado el siglo XIX, con motivo del XI Congreso Internacional de Americanistas, con el cual el gobierno de Porfirio Díaz buscó mostrar a México como una nación moderna que caminaba en la senda del desarrollo intelectual y con la capacidad de organizar eventos de tal envergadura.

La obra, que se reedita por primera vez, gracias a un proyecto conjunto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), da cuenta de cómo dicho catálogo contribuyó a la recuperación del legado fotográfico asociado al estudio de las poblaciones indígenas, las concepciones en torno a éstas, el estado del conocimiento antropológico y linguístico, y las técnicas y estilos de fotografía hacia finales del siglo XIX.

Así lo comentaron los etnohistoriadores Teresa Rojas Rabiela e Ignacio Gutiérrez Ruvalcaba, quienes en una mesa de diálogo compartida con el académico de la UNAM, Juan José Saldaña González, y la directora de Divulgación del INAH, Mayra Mendoza Avilés, puntualizaron que originalmente el catálogo se usó como una ‘guía de sala’ para las 471 imágenes que integraron la exposición de antropología.

Los investigadores indicaron que el Congreso Internacional de Americanistas —foro que hasta entonces se había realizado siempre en Europa, con el fin de que los estudiosos de ‘lo americano’ intercambiaran experiencias y expusieran proyectos— fue un reto mayúsculo para los científicos y el Estado mexicano, a la vez que una oportunidad única.

El facsímil presentado revela que el gobierno de Porfirio Díaz aprovechó el encuentro académico que tuvo lugar del 15 al 20 de octubre de 1895, “para hacer patente la capacidad del país de organizar un evento considerado de suma relevancia y, en ese marco, mostrar una nación moderna que caminaba en la senda del desarrollo intelectual, tal como acontecía en Europa y en el norte del continente americano”.

En ese evento, además de la exposición de corte antropológico también se presentaron otras de botánica, arqueología y demás ciencias, que tuvieron como sede el Museo Nacional, cuyo edificio hoy ocupa el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Ese conjunto de muestras desplegó una visión de México en la que el pasado prehispánico era sinónimo de esplendor, aunque con rasgos de barbarie; el periodo colonial como una etapa necesaria para llegar al siglo XIX; y dicha centuria como el lapso que forjó el concepto de lo mexicano y de un país civilizado que priorizaba la ciencia y la educación.

El historiador Francisco del Paso y Troncoso, quien dirigía el Museo Nacional, encomendó la exposición y el catálogo de antropología a dos personajes: Alfonso L. Herrera, considerado el padre de la biología moderna en México, y Ricardo E. Cícero, en esa época un estudiante de medicina que luego sería dermatólogo y pionero en estudios acuciosos y sistemáticos sobre padecimientos como la sífilis.

El trabajo que desarrollaron, señaló Ignacio Gutiérrez Ruvalcaba, mostró que la academia mexicana estaba igual o incluso más avanzada que la europea en algunas áreas. Un ejemplo fue la negación que Herrera y Cícero hicieron de la teoría de caracteres físicos del italiano Cesare Lombroso, que señalaba que los violadores, homicidas y otros criminales eran innatos a la delincuencia por su fisionomía y rasgos faciales.

ElCatálogo de la Colección de Antropología, dijo, también refutó una teoría en boga dentro de Francia, según la cual la altitud de las poblaciones afectaba el desarrollo físico de los individuos y producía ‘degenerados’ en las comunidades indígenas.

La publicación se dividió en cinco partes con profusas fotografías ilustrativas: Etnografía, Antropología Fisiológica, Antropología Criminal, Antropología Anatómica y Antropología Prehistórica. En su reedición se incluye además un estudio introductorio escrito por Teresa Rojas Rabiela e Ignacio Gutiérrez Ruvalcaba.

El facsímil publicado por el INAH y el CIESAS, acotó la etnohistoriadora Teresa Rojas, reproduce 314 fotografías de acervos del Sistema Nacional de Fototecas del INAH, que son las que hasta hoy se conocen de la exposición de 1895, y que representan 66.6% del citado total de 471 imágenes.

Las imágenes muestran, por ejemplo, retratos de indígenas seris, tarascos, totonacos, zapotecos, mayas, chontales y nahuas, por citar algunas etnias representadas. La galería que acompaña al Catálogo de la Colección de Antropología, incluso puede analizarse desde la óptica de los estudios y fotógrafos de la época, entre ellos: Antonio Cruces y Luis Campa, Desiderio Lagrange, Emilio Leal, Antonio W. Ricke y Désiré Charnay.


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