Un total de 188 vasijas de cerámica con sellos en relieve, recuperadas durante un salvamento arqueológico en los alrededores del Ex Convento de San Hipólito, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fueron analizadas por los arqueólogos Berenice Flores Montes de Oca, Élodie Mas y Erik Amador García, quienes establecieron un modelo de clasificación que, según señalaron, servirá como base para futuras investigaciones.

El análisis forma parte del libro Las vasijas selladas del exconvento de San Hipólito ¿Lebrillos, páteras o cajetes pulqueros? Un análisis metodológico (2025), editado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La obra deriva del proyecto de salvamento arqueológico “Conjunto de Oficinas Reforma-Hidalgo”, realizado entre 2016 y 2017, donde se recuperaron 271 vasijas completas y semicompletas, así como 32,356 tiestos de tipo alisado monocromo con sello.

De acuerdo con los autores, las 188 piezas analizadas son cuencos con sellos visibles en relieve o realce, fechados entre los siglos XVI y XVIII, con diámetros que oscilan entre los 14 y los 31 centímetros. Están elaborados con pasta burda y porosa, engobe anaranjado-rojizo y sin vidriado. Para denominarlas, propusieron el término “vasijas de fondo sellado”, al considerarlo neutro, descriptivo y sin connotaciones previas.

Durante la presentación de la obra, realizada el jueves 24 de septiembre de 2026 en el recinto que ocupara el propio Convento de San Hipólito, los autores explicaron que su interés por descifrar el significado de estos materiales respondió a su presencia común en las excavaciones del primer cuadro capitalino, a la gran cantidad de muestras completas encontradas durante el salvamento y, sobre todo, al número de sellos y su variabilidad.

Para develar el uso de los recipientes y el significado de las marcas, diseñaron una clasificación aplicable a cualquier colección, con un protocolo de registro sistemático. Élodie Mas detalló que construyeron un vocabulario preciso para describirlos, ya que no existía terminología. Establecieron una división de cada impronta en cuatro cuadrantes y una segmentación del monograma principal en cinco partes, analizadas de forma independiente; posteriormente registraron los segmentos gráficos y los elementos secundarios, lo que derivó en una ficha descriptiva precisa.

Con ese método determinaron cuatro categorías de sellos: alfabéticos, cuyo elemento principal son emblemas formados por letras del abecedario latino; figurativos, que destacan elementos como fauna y otros objetos; geométricos, principalmente triángulos con extensiones curvas, similares a las de los monogramas alfabéticos; y mixtos, una combinación de letras y formas. “Ninguno de los 188 sellos analizados es idéntico a otro, la variabilidad es total”, resaltó Mas.

A su vez, Erik Amador García comentó que para buscar respuestas sobre cómo leer los signos exploraron las marcas de fuego en libros coloniales y aquellas para herrar ganado, lo que permitió saber que no necesariamente debían leerse de forma literal, ya que podía tratarse de un diseño más complejo. Además, revelaron que una misma persona podía utilizar diferentes dibujos y que algunas letras podrían aparecer sin corresponder a la inicial de su nombre o apellido.

Esto llevó la investigación hacia la industria del pulque en la época virreinal. Tras indagar en torno a las familias involucradas en ese negocio y los establecimientos activos en la Ciudad de México, se realizó un mapeo de sus ubicaciones, el cual se cotejó con la localización de proyectos arqueológicos en los que se han encontrado vasijas selladas, además de incorporar otros espacios para comprender estos hallazgos, particularmente edificios religiosos y hospitalarios.

“Este cruce de información mostró relaciones que difícilmente se podrían observar al estudiar cada sello o vasija de manera aislada, y permitió formular hipótesis sobre sus posibles usos, así como los contextos en los que pudieron haber circulado”, señalaron los arqueólogos.

Los autores concluyeron que el significado de los sellos está más relacionado con las pulquerías, ya que no se encontró ningún elemento que permitiera vincularlos con el universo religioso, fueran nombres o emblemas de órdenes, instituciones y establecimientos católicos o de santos patronos. En cambio, se identificaron monogramas relacionados con nombres de establecimientos, pictogramas asociados a esas mismas denominaciones o marcas de los apellidos de los propietarios involucrados en el comercio de la bebida fermentada.