Una investigación publicada en Nature en septiembre encontró que, en pacientes sometidos a un trasplante de células hematopoyéticas, el consumo de alimentos ricos en azúcares se asoció con una mayor alteración de la microbiota intestinal durante la exposición a antibióticos de amplio espectro. El hallazgo, firmado por Anqi Dai y colaboradores, sugiere considerar la alimentación junto con el estado del organismo y los tratamientos que recibe.

El estudio registró 9 mil 419 comidas consumidas por 173 personas hospitalizadas para recibir un trasplante de células hematopoyéticas, procedimiento que utiliza células de un donante para restablecer la producción de células sanguíneas y reconstruir el sistema inmunitario en el tratamiento de ciertas enfermedades, incluidos algunos cánceres de la sangre. El análisis principal combinó registros dietéticos con mil 9 muestras fecales de 158 participantes y evaluó la ingesta durante los dos días anteriores a cada muestra.

Durante el tratamiento con antibióticos de amplio espectro, un mayor consumo de alimentos ricos en azúcares se relacionó con una menor diversidad microbiana y una mayor abundancia relativa de la bacteria Enterococcus faecium. La asociación con la pérdida de diversidad no se observó de la misma manera en ausencia de estos medicamentos. Los pacientes recibían casi universalmente antibióticos profilácticos, por lo que la comparación refleja principalmente el contexto de escalamiento a tratamientos de amplio espectro.

Los enterococos pueden causar infecciones graves en personas vulnerables y su predominio intestinal se ha relacionado con desenlaces desfavorables después del trasplante. Los ensayos realizados hasta ahora no permiten establecer con claridad si la asociación entre el uso de antibióticos y la mortalidad difiere entre los grupos con mayor y menor consumo de azúcar. En experimentos con ratones, la sacarosa intensificó y prolongó la expansión de Enterococcus inducida por antibióticos, lo que respaldó la hipótesis de una interacción con la dieta. Los autores proponen mecanismos como favorecer a microorganismos oportunistas, debilitar la protección de los microorganismos comensales o modificar respuestas del huésped, aunque el mecanismo preciso aún no está resuelto.

Otras investigaciones también han señalado al consumo elevado de azúcares como un posible factor de alteración del microbioma intestinal. En ratones, los azúcares simples modificaron la microbiota y favorecieron actividades relacionadas con la degradación de la capa de moco, lo que agravó la colitis en animales susceptibles. Un estudio reciente examinó una dieta rica en sacarosa combinada con carrageninas y encontró alteraciones en la microbiota, mayor permeabilidad intestinal y cambios en las defensas de la mucosa, aunque la exposición experimental no equivale al consumo habitual de un alimento comercial ni demuestra un daño generalizado en humanos.

El estudio abre la posibilidad de evaluar intervenciones alimentarias breves durante periodos de vulnerabilidad intestinal. Los ensayos clínicos deberán determinar si modificar el consumo de azúcares simples, en particular de sacarosa, ayuda a conservar la microbiota y mejora resultados relevantes para los pacientes. Los hallazgos todavía no justifican retirar suplementos prescritos ni pueden extenderse automáticamente a todas las personas que reciben cualquier tipo de antibiótico.