Cárceles, la realidad oculta

Un total de 25 mil 711 personas están recluidas por alguna razón en los 13 centros penitenciarios ubicados en la capital del país; 24 mil 327 son hombres y mil 384, mujeres, según información al mes de mayo de 2020 de la subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México.
La misma fuente indica que hay 19 mil 47 sentenciados y 6 mil 664 procesados; 23 mil 39 del fuero común y 2 mil 672 del fuero federal. Los delitos que se les atribuyen son desde robo calificado, privación ilegal de la libertad, armas de fuego y explosivos hasta feminicidio y delincuencia organizada.
En esa población se encuentran adultos mayores, personas con discapacidad, enfermos de Sida, mujeres embarazadas y niñas y niños viviendo con sus madres. La tercera parte terminó secundaria y preparatoria; un mínimo porcentaje, 41 reclusos, tiene maestrías y doctorados.
Casi todos los reclusos son originarios de la Ciudad de México, aunque hay un número importante que llegaron del estado de Veracruz; unos 260 son extranjeros, la mayoría colombianos, hondureños, venezolanos y norteamericanos.
En términos generales, la capacidad instalada es un poco mayor al número de reclusos; sin embargo, hay dos centros penitenciarios que sufren de sobrepoblación: el reclusorio preventivo varonil norte, con 20.03 por ciento más y el reclusorio preventivo varonil oriente, con 39.27 por ciento.
La situación es inexplicable porque hay reclusorios como el centro varonil de reinserción Santa Martha con una capacidad al 30 por ciento o el centro femenil de reinserción social, con una disponibilidad hasta del 70 por ciento. También está el reclusorio preventivo varonil sur, que tiene un 70 por ciento de ingreso.
La exsecretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga y Mónica García Villegas, dueña del Colegio Rebsamen, donde murieron varios estudiantes por el sismo de septiembre de 2017, fueron trasladadas hace unas semanas del área de observación al de la población general en el centro femenil de Santa Martha Acatitla, para prevenir posibles contagios de COVID19, según las autoridades.
Ahora bien, la sana distancia, lavarse las manos constantemente con agua y jabón, desinfectarlas con gel antibacterial y evitar las reuniones de más de 50 personas, son medidas imposibles de seguir en los centros penitenciarios por la carencia de agua y las deficiencias de higiene, además de la necesidad de generar dinero porque adentro todo cuesta. Todo ello son posibilidades de contagio.
En la revista Expansión de marzo pasado se detalla que para sobrevivir un día en una prisión de la Ciudad de México, se requiere un mínimo de 27 pesos: 15 pesos para pago de pase de lista, 5 o 10 para comida, dos pesos para el agua y tres pesos más para el pago semanal por cada recluso si deseas tener un televisor en tu celda.
El medio publica que en cada celda del reclusorio oriente hay espacio para seis camas de cemento, pero en realidad alojan a diez reos y en ocasiones hasta a 15. Algunos llegan a dormir sentados en el sanitario.
El Poder Judicial de la Ciudad de México tomó en abril pasado la decisión de liberar algunos reos en las prisiones bajo el término de razones humanitarias y por la pandemia. Se determinó la libertad por su edad, el tipo de delitos, quienes están a punto de cumplir sentencia o por padecimientos crónicos.
La subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México sólo ha informado de cuatro reclusos “de reciente ingreso” que resultaron positivos por Covid 19 en abril pasado, uno en el reclusorio preventivo varonil oriente y tres en el norte.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos reportó en mayo 15 casos confirmados del virus en las cárceles de la capital del país, sin especificar en cuáles. El organismo se queja de la falta de transparencia para la información sobre posibles contagios y las medidas implantadas dentro de los centros penitenciarios.
La realidad de los contagios puede ser peor en las cárceles de la Ciudad de México y tal vez nunca la sabremos.
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