Más de 200 jóvenes artistas interpretan el Réquiem de Verdi en Bellas Artes con ovación de pie
_ Con localidades agotadas, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes fue escenario el sábado 25 de abril de 2026 de una intensa interpretación de la Misa de Réquiem, de Giuseppe Verdi, a cargo de la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh) acompañada por más de cien voces. Bajo la dirección de Emilio Aranda Mora, los más de 200 artistas ofrecieron un recorrido sonoro marcado por el dramatismo y la esperanza que arrancó ovaciones de pie del público que llenó el recinto.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “ver a más de 200 jóvenes artistas en el Palacio de Bellas Artes confirma que la música transforma vidas, abre caminos profesionales y construye espacios de paz desde la práctica compartida”. La agrupación pertenece al Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, y forma parte de un modelo de formación musical en el que la práctica colectiva es la fuerza transformadora e incluyente que fomenta la cultura de paz, la acción social y el ejercicio de los derechos culturales.
Durante una hora con cuarenta minutos, la música transitó por la angustia, el miedo, la desesperación y la luz. Desde los primeros compases del Requiem aeternam, la atmósfera se tornó densa. Los más de 200 artistas —entre voces integradas por el Ensamble Escénico Vocal, el Coro Sinfónico Comunitario y el Coro Promúsica— e instrumentistas envolvieron la sala en una sonoridad profunda que crecía hasta estallar en los pasajes más intensos del Dies Irae, donde las percusiones y los metales irrumpieron como un eco del juicio final. En escena, los solistas Bertha Granados (soprano), Belém Rodríguez (mezzosoprano), Alan Pingarrón (tenor) y José Luis Reynoso (bajo) dieron cuerpo a los momentos más íntimos y desgarradores.
El público vivió una experiencia tanto sonora como emocional. Concepción, de 70 años, compartió: “Es un sonido extraordinario, pero también muy aterrador… te hace pensar en la muerte, en algo funesto, y lo transmiten de una forma impresionante”. Carlos, de 56 años, destacó: “Es muy fuerte… la voz de los cantantes y la maestría de los músicos te apachurran el corazón, pero al mismo tiempo es precioso”. Lucía, de 36 años, definió el concierto como “una fuerza que te atrapa; no necesitas entender todo para sentirla”. Tras el Libera Me, el silencio se sostuvo unos segundos antes de romperse con un aplauso prolongado; el público se puso de pie durante varios minutos.
Compuesta entre 1873 y 1874, la Misa de Réquiem se aparta del carácter estrictamente litúrgico para convertirse en un relato profundamente humano que plantea un enfrentamiento emocional con la muerte. La Orquesta Escuela Carlos Chávez es parte del SNFM y agrupaciones musicales comunitarias como Semilleros creativos integran modelos formativos desde lo comunitario hasta lo profesional. La presentación del sábado fue muestra del talento existente en infancias y juventudes del país.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “ver a más de 200 jóvenes artistas en el Palacio de Bellas Artes confirma que la música transforma vidas, abre caminos profesionales y construye espacios de paz desde la práctica compartida”. La agrupación pertenece al Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, y forma parte de un modelo de formación musical en el que la práctica colectiva es la fuerza transformadora e incluyente que fomenta la cultura de paz, la acción social y el ejercicio de los derechos culturales.
Durante una hora con cuarenta minutos, la música transitó por la angustia, el miedo, la desesperación y la luz. Desde los primeros compases del Requiem aeternam, la atmósfera se tornó densa. Los más de 200 artistas —entre voces integradas por el Ensamble Escénico Vocal, el Coro Sinfónico Comunitario y el Coro Promúsica— e instrumentistas envolvieron la sala en una sonoridad profunda que crecía hasta estallar en los pasajes más intensos del Dies Irae, donde las percusiones y los metales irrumpieron como un eco del juicio final. En escena, los solistas Bertha Granados (soprano), Belém Rodríguez (mezzosoprano), Alan Pingarrón (tenor) y José Luis Reynoso (bajo) dieron cuerpo a los momentos más íntimos y desgarradores.
El público vivió una experiencia tanto sonora como emocional. Concepción, de 70 años, compartió: “Es un sonido extraordinario, pero también muy aterrador… te hace pensar en la muerte, en algo funesto, y lo transmiten de una forma impresionante”. Carlos, de 56 años, destacó: “Es muy fuerte… la voz de los cantantes y la maestría de los músicos te apachurran el corazón, pero al mismo tiempo es precioso”. Lucía, de 36 años, definió el concierto como “una fuerza que te atrapa; no necesitas entender todo para sentirla”. Tras el Libera Me, el silencio se sostuvo unos segundos antes de romperse con un aplauso prolongado; el público se puso de pie durante varios minutos.
Compuesta entre 1873 y 1874, la Misa de Réquiem se aparta del carácter estrictamente litúrgico para convertirse en un relato profundamente humano que plantea un enfrentamiento emocional con la muerte. La Orquesta Escuela Carlos Chávez es parte del SNFM y agrupaciones musicales comunitarias como Semilleros creativos integran modelos formativos desde lo comunitario hasta lo profesional. La presentación del sábado fue muestra del talento existente en infancias y juventudes del país.