Logo
A través de 254 obras maestras, el Museo Nacional de Antropología invita a seguir Las huellas de Buda
turismo - 2018-07-20
BETA
A través de 254 obras maestras, el Museo Nacional de Antropología invita a seguir Las huellas de Buda

El Budadarma constituye una escuela del pensamiento seguida por millones de personas en todo el mundo; sus orígenes, su desarrollo, trascendencia y diversidad, con germen en Asia, se revelan en la exposición Las huellas de Buda, abierta en el Museo Nacional de Antropología (MNA) desde fin de semana con poco más de 250 obras de extraordinaria calidad estética, procedentes en su gran mayoría del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA, por sus siglas en inglés), Estados Unidos.

Durante la inauguración de la muestra, efectuada con la presencia de la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, y el director del LACMA, Michael Govan; el titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández, manifestó que esta exhibición “busca trascender la mera apreciación estética y nos invita a adentrarnos en el significado más profundo de estas piezas, así como en su función de herramientas para alcanzar la meta ulterior del budismo: la iluminación”.

La selección, que también reúne piezas provenientes de los acervos del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET), y otras más de colecciones particulares en México —expuso el antropólogo—, son originarias de 17 países asiáticos: India, Afganistán, Pakistán, Mongolia, Sri Lanka, Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya, Vietnam, Indonesia, Bangladesh, Nepal, Tíbet, China, Corea y Japón

María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura, comentó que este conjunto de obras abarca casi dos milenios en la historia del Budadarma, toda vez que fueron elaboradas entre los siglos I antes de nuestra era y hasta tiempos decimonónicos. Todas ellas invitan a emprender un viaje por la tradición espiritual más antigua del mundo —que data del siglo VI a. n. e. —, y permanece hasta nuestros días como “una ética para la humanidad”.

Las huellas de Buda, dijo, es parte de las acciones que la Secretaría de Cultura ha emprendido para establecer un diálogo entre las culturas milenarias: “esta exposición, como otras que hemos organizado tanto en México como en el extranjero, hablan de esa unión. El arte nutre la paz y la armonía entre los seres humanos”.

Michael Govan señaló en ese sentido que actualmente el LACMA aloja la muestra Ciudad y cosmos: Las artes de Teotihuacan, la cual fue organizada en colaboración con el INAH. Respecto a la magna muestra sobre Buda y que permanecerá hasta finales de octubre en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, expresó que quien la visite se dará cuenta de que el budismo “no es algo del pasado, está muy presente. Su filosofía, su pensamiento y su guía nos pueden servir para enfrentar al mundo”.

Por su parte, el director general del INAH, Diego Prieto, abundó que los cinco núcleos temáticos que constituyen esta exhibición, llevan de la mano al público por la historia del fundador del Budadarma: Shakyamuni, quien hace 26 siglos “puso en movimiento la rueda de sus enseñanzas.

“Más adelante seguimos por el primer sermón del Buda, después de alcanzar el ‘despertar’. Se continúa con los conceptos centrales del budismo, el samsara (la existencia cíclica) y el nirvana (la cesación de las aflicciones); para finalmente encontrarnos diversas aproximaciones sobre la expansión del Budadarma por Asia”.

El acto inaugural también estuvo presidido Aída Castilleja, secretaria técnica del INAH; José Enrique Ortiz Lanz, coordinador nacional de Museos y Exposiciones del instituto; Eva Ayala, directora de Exposiciones de esa misma área; y Antonio Saborit, director del MNA.

En un recorrido por la muestra, la curadora Karina Romero Blanco recalcó que ésta no gira en torno a una figura búdica, sino alrededor de las enseñanzas budistas: el Budadarma, y las experiencias o realizaciones que se adquieren al ponerlas en práctica. Buda impartió 84 mil enseñanzas, y todas ellas, junto con sus respectivas realizaciones, constituyen lo que se denomina en Occidente, budismo.

Resaltó la importancia de la colección de arte asiático del LACMA, en particular de obras referentes al Budadarma, por lo que es posible encontrarse testimonios tempranos como algunos del siglo I a.n.e. Abundó que las piezas más remotas de esta tradición no representaban a Buda, se trataba de elementos consustanciales a esa figura, por ejemplo la Rueda del Darma.

“La exposición mezcla las diferentes tradiciones budistas, de manera que pueden apreciarse desde pinturas japonesas del budismo zen (hechas en soportes de seda), pinturas tibetanas elaboradas con pigmentos vegetales y esculturas de esquisto negro, hasta esculturas de cobre con baño de oro, pequeños relicarios de plata que contienen diminutas esculturas de terracota y textiles bordados en seda; además de imágenes en papel, madera y mármol. La variedad de materiales implicó un reto para los museógrafos, pues cada obra requiere conservación especial”.

De este universo resalta por sus dimensiones una thangka (tipo de pintura realizada sobre una superficie plana, que puede ser enrollada) procedente de Corea, una “apabullante” escena de 3 m x 4 m que muestra a Buda disertando sobre la Perfección de la Sabiduría en el Pico de los Buitres. De piezas colosales se puede pasar a representaciones de escasos centímetros, por ejemplo, una escultura dorada de Buda infante, que en sus manos expresa protección y generosidad, auxilio para encontrar el sendero que conduce a la liberación del sufrimiento.

Otra pieza miniatura es una maqueta, con gran calidad de detalle, del Templo de Mahabhodi (Gran despertar), donde Buda alcanzó la iluminación. También sobresalen frontispicios de sutras o aforismos chinos, de los primeros grabados cargados con simbolismos del Budadarma; elementos arquitectónicos y figuras búdicas que decoraban templos y altares domésticos, y recipientes para diferentes tipos de ceremonias.

Entre las piezas facilitadas por el MET se encuentra la representación de Buda en estado de inanición, que hace referencia a sus seis años de ayuno con solo un grano de arroz al día (su vida ascética luego de renunciar a ser príncipe); una imagen donde se ve en su primer sermón junto a la Rueda del Darma, sus primeros cinco discípulos y dos venados; así como un gao o amuleto protector de piedras preciosas que decoran una escena referente al nacimiento de Shakyamuni, del costado de su madre Maya Devi.

Trajes rituales del Tíbet, por ejemplo uno utilizado en la Danza de la Muerte, e instrumentos musicales, revelan la forma en que danza y el sonido se funden en el budismo tántrico. Cada obra expuesta en Las huellas de Buda es una herramienta para honrar las enseñanzas, la práctica de la generosidad que permite alcanzar el despertar.

Entre los colaboradores de esta exposición organizada por la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH, se encuentran Stephen Little, curador de la sección dedicada a Asia en el LACMA; Tushara Bindu Gude, curadora asociada de ese mismo museo, y Marco Antonio Karam, presidente de Casa Tíbet México. La museografía y el diseño gráfico estuvieron a cargo de José Antonio Sada Sánchez Mejorada y Érika Miller, respectivamente.

Esta es una exposición accesible, por lo que todos los espacios en sala son aptos para sillas de ruedas y andaderas. Se cuenta con guías a piso, reproducciones y piezas originales contemporáneas que podrán ser tocadas, cédulas en braille y explicaciones en audio de las piezas y temas más representativos de la exposición, así como videos en Lengua de Señas Mexicana que explican cada unidad temática.

La muestra permanecerá hasta finales de octubre próximo en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec). De martes a domingo, de 9:00 a 19:00 horas. Acceso gratuito.


Más de turismo