La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de la Dirección General de Formación y Gestión Cultural, realizó la tercera sesión de Conversa/Acciones: Diálogos sobre Gestión Cultural, titulada Lugares comunes, jardines compartidos. En el encuentro, el gestor cultural y artista visual Jaime Ruiz Martínez y Naxhielli Arreola compartieron experiencias de trabajo colectivo desarrolladas en Oaxaca a partir de proyectos como Lugar Común, Laboratorio de Culturas Cooperativas y Jardín Común.

Durante la sesión, los participantes expusieron cómo estos proyectos parten de las relaciones con quienes habitan un lugar y de los saberes que surgen en comunidad. El recorrido por Lugar Común se originó con la pregunta de cómo relacionarse con un territorio sin imponer una mirada o una forma de hacer. A través de talleres, encuentros, fiestas, proyecciones de cine y acciones en el espacio público, el colectivo generó formas de convivencia y organización. La experiencia también los llevó a reconocer que la cercanía con un territorio no significa necesariamente conocerlo mejor, y que fue mediante cierta autonomía que identificaron otras dinámicas sociales y posibilidades de uso de los espacios.

Uno de los referentes que atravesó la experiencia fue la comunalidad, entendida desde el trabajo de Jaime Martínez Luna a partir del territorio, la asamblea, la fiesta y el trabajo comunitario. El desafío para el colectivo fue trasladar algunos de estos principios a un contexto urbano. Esa búsqueda dio lugar al Laboratorio de Culturas Cooperativas, desarrollado entre 2016 y 2019, y posteriormente al Jardín Común, iniciado en 2022. Ambos proyectos muestran distintas maneras de construir espacios desde el trabajo colectivo, el aprendizaje y la colaboración, y de hacer de la cultura una forma de encuentro y organización comunitaria.

Sostener lo común también implicó enfrentar tensiones. La experiencia llevó al colectivo a reflexionar sobre los modelos de gestión, la autonomía y los riesgos de que las propias iniciativas culturales contribuyan a procesos de gentrificación. Frente a ello, decidieron reducir la exposición pública del proyecto y abrir paso a nuevas formas de participación y apropiación local.

La conversación cerró con una pregunta central: cómo compartir los aprendizajes de un proceso de largo plazo sin convertirlos en un modelo que simplemente se replica. La experiencia de Lugar Común plantea que los conocimientos también pueden circular de otras maneras: a través de las relaciones, las prácticas y las herramientas que las personas incorporan y llevan consigo a otros espacios. Como se señaló durante el diálogo, hacer lo común no necesariamente significa que todas las personas tengan que trabajar juntas en todo; también puede significar que el conocimiento se disperse y encuentre nuevas formas de existir en el territorio.