El Códice Azcatitlan, que se expone de manera temporal en el Museo Nacional de Antropología, es una reelaboración tardía del último tercio del siglo XVII o incluso del XVIII, de acuerdo con la historiadora María Castañeda de la Paz, adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La investigadora sostiene que el documento, al igual que otros provenientes del taller de San Sebastián Atzacoalco, de don Diego García de Mendoza Moctezuma, fue elaborado a partir de documentos tenochcas o coloniales tempranos, como el Códice Boturini o Tira de la Peregrinación, fechado alrededor de 1540. La tesis es resultado de un análisis histórico y filológico, y fue expuesta en el Simposio Internacional de Códices Mesoamericanos. México-Francia, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Castañeda de la Paz refirió que el Códice Azcatitlan fue una de las fuentes que consultó en la Biblioteca Nacional de Francia, durante su especialización en la lectura de documentos pictográficos del centro de México. Señaló que el linaje de Axayácatl, del que se desprende la rama del tlatoani Moctezuma, estuvo vinculado con la parcialidad de Atzacoalco, al noreste de Tenochtitlan, y que su archivo debió permanecer en el tecpan o palacio del barrio una vez que fue rebautizado como San Sebastián, pues los descendientes de Moctezuma siguieron habitando allí, en la naciente capital novohispana.

La historiadora indicó que no es casual que un siglo más tarde, en San Sebastián Atzacoalco, tuviera su taller don Diego García (1662-1713), conocido como don Diego García de Mendoza Austria Moctezuma, arriero y hablante de náhuatl, otomí y español, conocedor de la historia de México y que elaboraba documentos para los pueblos, entre ellos el corpus Techialoyan. Los padres y tíos de este personaje se habían dedicado a la recolección y reelaboración de manuscritos, y él mismo, aduciendo su apellido, debió tener acceso al archivo familiar que permanecía en el tecpan de Atzacoalco, documentos originales a partir de los cuales, con la ayuda de diversos tlacuilos, elaboró los códices Cozcatzin, Chavero y Azcatitlan, alusivos a diversos aspectos de los tenochcas.

La hipótesis de que tales códices procedían de una misma escuela fue puesta en la mesa por algunos especialistas a mediados del siglo XX. Castañeda de la Paz explicó que el argumento para tratar la antigüedad del Azcatitlan siempre gira en torno al estilo, es decir, los rasgos de la tradición europea con los que sus pintores están experimentando y que no son propios de la tradición prehispánica. Entre los aspectos estilísticos mencionó la representación del espacio y la figura humana mediante el uso del sombreado, la profundidad y el movimiento, aunque el códice quedó incompleto, ya que algunos elementos no se terminaron de pintar.

El contenido del documento también es relevante, dijo, puesto que algunos componentes toponímicos, como la presencia del glifo de Azcapotzalco (una hormiga roja en su hormiguero), apuntan hacia una construcción histórica que tiene el propósito de indicar que Tenochtitlan y Tlatelolco tuvieron su origen en el linaje tepaneca, desde los tiempos de Aztlan. A su vez, en su primera parte, el Códice Azcatitlan es afín a otros documentos de los siglos XVII y XVIII, como la Genealogía de los Mendoza Moctezuma y el Códice Techialoyan García Granados, que estaban en manos de don Diego García.

La investigadora añadió que pudo inferir que en el taller de Atzacoalco se utilizaron plantillas o modelos iconográficos, porque hay elementos semejantes entre los códices Cozcatzin, Chavero y Azcatitlan, los cuales se retomaron de otros documentos, como la propia Tira de la Peregrinación. Finalmente, señaló que la caligrafía también contribuye al fechamiento y a reforzar la idea de que parten de un taller, lo que parece indicar que todos son documentos de los siglos XVII o XVIII y que fueron hechos por escribanos con una misma letra, como se observa en los Códices Techialoyan.