El Códice Boturini, también conocido como Tira de la Peregrinación, permanecerá en préstamo temporal hasta el 13 de diciembre de 2026 en el museo de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), en París, donde fue inaugurada su exhibición. El documento, que data de la primera mitad del siglo XVI, narra la migración del pueblo mexica desde Aztlan hasta su asentamiento final.

La muestra fue organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el Ministerio de Cultura de Francia, mediante la BnF, en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. La inauguración estuvo encabezada por el presidente de la BnF, Gilles Pécout, y la embajadora de México en Francia, Blanca Jiménez Cisneros, quien representó a la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza. También asistieron las directoras de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores, María de Lourdes Ruiz Pastrana, y de la Casa de México en París, Tania Enriquez Mier.

La exposición del Códice Boturini ocurre una semana después de que el Museo Nacional de Antropología recibiera el Códice Azcatitlan, bajo custodia del recinto francés. Ambos documentos pictográficos son exhibidos de manera recíproca: el Azcatitlan en la capital mexicana y el Boturini en París.

De acuerdo con el titular de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Baltazar Brito Guadarrama, quien acudió en representación del director general del INAH, Omar Vázquez Herrera, la historia narrada en ambos documentos se remonta a 1064 de nuestra era, cuando diversos grupos iniciaron una migración que, según algunas fuentes, se prolongó por más de 250 años hasta que, en 1325, los mexicas arribaron al lugar donde su dios tutelar, Huitzilopochtli, les señaló como la tierra prometida.

Brito Guadarrama señaló que los encuentros y desencuentros de la epopeya mexica y el símbolo de la fundación de Tenochtitlan —un águila erguida sobre un nopal— fueron transmitidos de boca en boca por generaciones y finalmente asentados en códices como estos. Añadió que dicho símbolo forma parte del lábaro patrio y del escudo nacional. El etnohistoriador expresó que los códices Boturini y Azcatitlan fungen como un puente para entablar nuevos diálogos que contribuyan a preservar, investigar y difundir la riqueza del pasado de México.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, afirmó que la cooperación entre México y Francia permite que dos obras fundamentales para la historia mexicana se encuentren con públicos de ambos lados del Atlántico. Señaló que el Códice Azcatitlan se exhibe en México y el Boturini en París bajo estrictas condiciones de conservación, y que esta reciprocidad amplía el acceso al patrimonio, fortalece su conocimiento y abre nuevas formas de colaboración entre las instituciones de ambos países.

El Códice Boturini es una larga tira de amate doblada en 22 láminas, que miden en promedio 19.8 por 25.5 centímetros y que, unidas, conforman un biombo de 5.49 metros de longitud. Está trazado de un solo lado sin color y su narrativa, organizada de izquierda a derecha, combina escenas pictóricas con glifos que registran de manera cronológica los acontecimientos y lugares por donde pasaron los mexicas durante su trayecto. Su exhibición en la BnF se realiza bajo estrictos protocolos de seguridad y conservación.