Un estudio reciente publicado en la revista *Frontiers in Allergy* el 9 de junio de 2026 ha puesto en duda una creencia arraigada sobre el asma infantil y la convivencia con mascotas. La investigación, liderada por Resthie Putri, becaria postdoctoral en el Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, analizó a más de 30,000 niños y adolescentes suecos de entre 4 y 17 años diagnosticados con asma o alergias respiratorias. Durante dos años, los investigadores compararon la evolución de la enfermedad entre aquellos que vivían con al menos un gato y quienes no tenían felinos en casa.

Los resultados fueron contundentes: no se encontraron diferencias significativas en la gravedad del asma entre ambos grupos. Las tasas de exacerbaciones, el control de la enfermedad y la función pulmonar fueron similares en niños con y sin gatos en el hogar. Aproximadamente el 9% de los participantes tenía al menos un gato, y su presencia no se asoció con un empeoramiento de los síntomas respiratorios. Este hallazgo desafía la recomendación tradicional de evitar mascotas peludas en hogares con niños asmáticos.

Una posible explicación para estos resultados es que la exposición a alérgenos de gato es frecuente incluso fuera del hogar, en lugares como escuelas, transporte público o casas de amigos. Por lo tanto, tener un gato en casa podría no aumentar de manera significativa la exposición total a estos alérgenos. El estudio, por su gran tamaño muestral y diseño riguroso, ofrece evidencia sólida que contradice estudios previos con resultados contradictorios.

Para México, donde el asma infantil es una preocupación de salud pública, estos hallazgos tienen relevancia directa. Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública, la prevalencia de asma en niños mexicanos es significativa. Este estudio sugiere que las familias mexicanas con hijos asmáticos podrían no necesitar deshacerse de sus gatos por temor a agravar la condición respiratoria. No obstante, los especialistas recomiendan que cada caso sea evaluado de forma individual por un profesional de la salud.

En conclusión, esta investigación aporta evidencia valiosa que podría modificar las recomendaciones médicas y las decisiones familiares en torno a la convivencia con gatos en hogares con niños asmáticos. Aunque se requieren más estudios en diferentes contextos, los resultados actuales invitan a reconsiderar las restricciones basadas en mitos y a priorizar el bienestar integral de los menores, incluyendo los beneficios emocionales de tener una mascota.