Festival de Danzas Negras inaugura en Bellas Artes con raíces afrocaribeñas
_ Con la presentación de Mujeres de cuero y lava, de la coreógrafa mexicana Argelia Arreola, y el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes fue escenario de la gala inaugural de la segunda edición del Festival de Danzas Negras: Reflexiones Afrocaribeñas. Cuatro percusionistas marcaron el primer pulso y doce bailarinas respondieron con una coreografía que, desde los primeros movimientos, despertó aplausos, vítores y exclamaciones del público. El encuentro, que se realiza del 1 al 12 de agosto de 2026, reúne a 29 compañías y 330 artistas en más de 50 actividades distribuidas entre la Ciudad de México y Cancún.
El festival es organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y la Coordinación Nacional de Danza, con la colaboración del Instituto de la Cultura y las Artes del Municipio de Benito Juárez, Quintana Roo. Su propósito es abrir un espacio de encuentro en el que la danza, la música, la formación y el intercambio artístico visibilicen las raíces afrodescendientes y su legado en la identidad de México y el Caribe.
La función inaugural abrió con Mujeres de cuero y lava, una creación de Argelia Arreola, quien desde hace más de dos décadas enlaza la danza contemporánea con las tradiciones de la diáspora africana. La pieza fue interpretada por un ensamble de doce bailarinas, acompañado por cuatro percusionistas y músicos en vivo, y exploró el cuerpo como territorio de memoria, resistencia y transformación. Entre la percusión en vivo, la poesía y el movimiento colectivo, las intérpretes construyeron un paisaje escénico que, como evocó la propia obra, es la danza que germina, una metáfora de las raíces afrodescendientes que permanecen vivas en la memoria y en la identidad latinoamericana.
El ensamble estuvo conformado mediante talleres y audiciones realizados en Guerrero, la Ciudad de México, Quintana Roo y Veracruz. Reunió a mujeres especializadas en danzas de matriz afro y a mujeres afromexicanas, quienes, desde una mirada contemporánea, hicieron del cuerpo un espacio en el que dialogan la memoria, la resistencia y un legado que permanece vivo. De esta manera, la pieza inaugural no solo mostró una propuesta escénica, sino también un proceso de formación y participación comunitaria que cruzó varias regiones del país.
Tras el intermedio, un audiovisual con imágenes históricas y de figuras emblemáticas del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba introdujo al público en la trayectoria de la agrupación, fundada en 1962 y dedicada a investigar, preservar y llevar a los escenarios las tradiciones musicales y dancísticas afrocubanas. La proyección dio paso a La raíz y el tiempo, un programa dirigido por Leiván García Valle e integrado por coreografías de Manolo Micler.
El recorrido artístico comenzó con Ayabbá, danza dedicada a Oyá, orisha del viento y las centellas; continuó con Obaterero, pieza en la que las sonoridades tradicionales de los tambores batá dialogaron con recursos musicales contemporáneos; siguió con Dahomeño, evocación de antiguos ritos de fertilidad preservados en la cultura cubana, y concluyó con Rumberos, celebración de la rumba nacida en los barrios populares de la isla. Esta última expresión ha sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La segunda edición del Festival de Danzas Negras continúa hasta el 12 de agosto de 2026 y reúne a 330 artistas, entre ellos danzantes de pueblos originarios, investigadoras e investigadores provenientes de Brasil, Colombia, Cuba, Haití, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y México. Durante los días del encuentro se compartirán funciones, talleres, coloquios, conferencias magistrales y proyecciones documentales en la Ciudad de México y Cancún.
La programación incluye propuestas como Grupo Yuka, de México y Colombia; la colaboración entre Compañía Zaira Lobato y Peter Levi, de México y Brasil; Dinastía Negra, de Colombia; Compañía Nahual y la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, entre otras agrupaciones que exploran la riqueza y diversidad de las expresiones dancísticas de raíz africana en América Latina y el Caribe. Con ello, el festival busca visibilizar las raíces afrodescendientes, descentralizar la vida cultural y crear espacios donde la danza reafirme su papel como memoria viva, diálogo entre comunidades y reconocimiento de la diversidad que conforma la identidad cultural de México y el Caribe.
Con esta segunda edición, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México refrenda su compromiso con la visibilización de las raíces afrodescendientes, la descentralización de la vida cultural y la creación de espacios en los que la danza reafirma su papel como memoria viva, espacio de diálogo entre comunidades y reconocimiento de la diversidad que conforma la identidad cultural de México y el Caribe.
El festival es organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y la Coordinación Nacional de Danza, con la colaboración del Instituto de la Cultura y las Artes del Municipio de Benito Juárez, Quintana Roo. Su propósito es abrir un espacio de encuentro en el que la danza, la música, la formación y el intercambio artístico visibilicen las raíces afrodescendientes y su legado en la identidad de México y el Caribe.
La función inaugural abrió con Mujeres de cuero y lava, una creación de Argelia Arreola, quien desde hace más de dos décadas enlaza la danza contemporánea con las tradiciones de la diáspora africana. La pieza fue interpretada por un ensamble de doce bailarinas, acompañado por cuatro percusionistas y músicos en vivo, y exploró el cuerpo como territorio de memoria, resistencia y transformación. Entre la percusión en vivo, la poesía y el movimiento colectivo, las intérpretes construyeron un paisaje escénico que, como evocó la propia obra, es la danza que germina, una metáfora de las raíces afrodescendientes que permanecen vivas en la memoria y en la identidad latinoamericana.
El ensamble estuvo conformado mediante talleres y audiciones realizados en Guerrero, la Ciudad de México, Quintana Roo y Veracruz. Reunió a mujeres especializadas en danzas de matriz afro y a mujeres afromexicanas, quienes, desde una mirada contemporánea, hicieron del cuerpo un espacio en el que dialogan la memoria, la resistencia y un legado que permanece vivo. De esta manera, la pieza inaugural no solo mostró una propuesta escénica, sino también un proceso de formación y participación comunitaria que cruzó varias regiones del país.
Tras el intermedio, un audiovisual con imágenes históricas y de figuras emblemáticas del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba introdujo al público en la trayectoria de la agrupación, fundada en 1962 y dedicada a investigar, preservar y llevar a los escenarios las tradiciones musicales y dancísticas afrocubanas. La proyección dio paso a La raíz y el tiempo, un programa dirigido por Leiván García Valle e integrado por coreografías de Manolo Micler.
El recorrido artístico comenzó con Ayabbá, danza dedicada a Oyá, orisha del viento y las centellas; continuó con Obaterero, pieza en la que las sonoridades tradicionales de los tambores batá dialogaron con recursos musicales contemporáneos; siguió con Dahomeño, evocación de antiguos ritos de fertilidad preservados en la cultura cubana, y concluyó con Rumberos, celebración de la rumba nacida en los barrios populares de la isla. Esta última expresión ha sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La segunda edición del Festival de Danzas Negras continúa hasta el 12 de agosto de 2026 y reúne a 330 artistas, entre ellos danzantes de pueblos originarios, investigadoras e investigadores provenientes de Brasil, Colombia, Cuba, Haití, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y México. Durante los días del encuentro se compartirán funciones, talleres, coloquios, conferencias magistrales y proyecciones documentales en la Ciudad de México y Cancún.
La programación incluye propuestas como Grupo Yuka, de México y Colombia; la colaboración entre Compañía Zaira Lobato y Peter Levi, de México y Brasil; Dinastía Negra, de Colombia; Compañía Nahual y la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, entre otras agrupaciones que exploran la riqueza y diversidad de las expresiones dancísticas de raíz africana en América Latina y el Caribe. Con ello, el festival busca visibilizar las raíces afrodescendientes, descentralizar la vida cultural y crear espacios donde la danza reafirme su papel como memoria viva, diálogo entre comunidades y reconocimiento de la diversidad que conforma la identidad cultural de México y el Caribe.
Con esta segunda edición, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México refrenda su compromiso con la visibilización de las raíces afrodescendientes, la descentralización de la vida cultural y la creación de espacios en los que la danza reafirma su papel como memoria viva, espacio de diálogo entre comunidades y reconocimiento de la diversidad que conforma la identidad cultural de México y el Caribe.