En los últimos días, se ha reportado un incremento en la distribución y consumo de productos que contienen 7-hidroximitraginina (7-OH), un derivado del kratom, en la Ciudad de México, particularmente en bares de la colonia Roma. Este compuesto, conocido coloquialmente como 'heroína de gasolinera', ha generado preocupación debido a sus efectos similares a los opioides y su potencial adictivo. La planta de kratom, originaria del sudeste asiático, contiene alcaloides como la mitraginina y la 7-OH, que interactúan con los receptores opioides del cerebro, produciendo efectos analgésicos y eufóricos.

Aunque el kratom en su forma natural contiene solo trazas de 7-OH, algunos productos comercializados presentan concentraciones elevadas de este compuesto, aumentando significativamente su potencia y riesgo de abuso. El 1 de julio de 2026, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) anunció su intención de clasificar temporalmente la 7-OH y tres sustancias relacionadas como drogas de la Lista I, debido a su alto potencial de abuso y falta de uso médico aceptado. Esta medida busca regular la fabricación, distribución y posesión de estos compuestos en Estados Unidos.

En México, el kratom y sus derivados no están clasificados como sustancias controladas, lo que permite su venta y consumo sin restricciones legales. Esta situación ha facilitado la proliferación de productos con altas concentraciones de 7-OH en establecimientos como bares y tiendas de conveniencia. La colonia Roma, conocida por su vida nocturna y oferta cultural, se ha convertido en un punto focal para la distribución de estos productos, atrayendo a jóvenes y adultos en busca de nuevas experiencias recreativas.

La falta de regulación y supervisión en la venta de estos productos en México plantea riesgos significativos para la salud pública. El consumo de 7-OH en altas dosis puede llevar a efectos adversos como náuseas, vómitos, sedación extrema y, en casos severos, depresión respiratoria. Además, su potencial adictivo podría contribuir al desarrollo de dependencias y aumentar la carga sobre los sistemas de salud y servicios sociales.

La relevancia de este fenómeno radica en la necesidad de establecer marcos regulatorios que protejan a la población del acceso indiscriminado a sustancias con alto potencial de abuso. La experiencia de Estados Unidos, donde se han implementado medidas para controlar la distribución de 7-OH, podría servir como referencia para que las autoridades mexicanas consideren acciones similares. Es esencial promover campañas de concienciación sobre los riesgos asociados al consumo de estos productos y fomentar la investigación para comprender mejor sus efectos y desarrollar estrategias de intervención efectivas.