La creencia tradicional de que una vez que una persona desarrolla un trastorno por consumo de alcohol (TCA) nunca podrá volver a beber de manera moderada está siendo cuestionada por especialistas y testimonios recientes. Este debate cobró relevancia tras las declaraciones del actor Brad Pitt, quien reveló que retomó el consumo moderado de alcohol después de siete años de sobriedad, lo que reavivó la discusión sobre si la abstinencia total es el único camino viable hacia la recuperación.

Expertos como la doctora Smita Das, profesora clínica de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Stanford, sostienen que la adicción no es necesariamente un estado neurológico fijo e inmutable. Según Das, factores como tratamientos adecuados, la maduración cerebral y cambios en el estilo de vida pueden permitir que una persona que antes cumplía con los criterios de un TCA grave deje de hacerlo con el tiempo, lo que sugiere que la recuperación puede adoptar formas diversas.

Sin embargo, esta perspectiva no es aceptada de manera universal. Organizaciones como Alcohólicos Anónimos (AA) mantienen que el alcoholismo es una enfermedad incurable, progresiva y potencialmente fatal, caracterizada por una obsesión mental y una compulsión física hacia el consumo. AA enfatiza que la abstinencia total es el único camino hacia la recuperación, con base en su programa de 12 pasos que ha ayudado a millones de personas en todo el mundo.

En México, el debate es particularmente relevante debido a la alta prevalencia del consumo de alcohol. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que en 2025 el 71.3% de la población de 18 años y más había consumido alcohol alguna vez en su vida, y el 19.8% reportó episodios de consumo excesivo en el último mes. Estas cifras subrayan la necesidad de enfoques efectivos y adaptados a la realidad mexicana para abordar el alcoholismo.

La discusión refleja un choque entre enfoques médicos y culturales sobre la adicción. Mientras algunos profesionales abogan por tratamientos más flexibles y personalizados, otros defienden la abstinencia total como la única solución. Este debate es crucial para desarrollar políticas y programas de tratamiento efectivos y culturalmente apropiados en el contexto mexicano, lo que podría diversificar las estrategias disponibles.