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Miércoles 19 de enero de 2022

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Lourdes Suárez Diez, pionera en el estudio de materiales arqueológicos de concha

Lourdes Suárez Diez, pionera en el estudio de materiales arqueológicos de concha

Lourdes Suárez Diez, pionera en el estudio de materiales arqueológicos de concha

_ En su honor se llevará a cabo el Coloquio “Avances y perspectivas en la investigación de los materiales arqueológicos de concha”

“Las conchas y los caracoles me encontraron a mí…, y no yo a ellos”, expresa la profesora investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María de Lourdes Suárez Diez, a quien cariñosamente sus alumnos la identifican como “Concha” Suárez.

“Corría 1964, y cuando participaba en el Proyecto de Salvamento Arqueológico de la Presa Adolfo López Mateos “El Infiernillo”, en el río Balsas, me llamó la atención el hallazgo de material conquiológico y malacológico, a tan larga distancia de mares y ríos”, rememora.

Entrecierra los ojos, como tratando de citar fechas exactas, y dice: “En aquel entonces, le dije a mi maestro, el arqueólogo José Luis Lorenzo Bautista, que estaba interesada en hacer mi tesis profesional sobre las conchas. ‘Allá tú. A ver lo que puedes hacer, tú sabes’”, fue lo único que recibió por respuesta, pues no existía bibliografía sobre el tema.

La investigadora de la Dirección de Etnohistoria del INAH, con más de 50 años de trayectoria profesional, se rehúsa a admitir que es pionera a nivel internacional en el estudio de ese material. “Con honestidad, no sé si mi clasificación y tipología sean las mejores…, simplemente no hay otras”, sostiene al momento de esbozar una leve sonrisa. Lo que sí reconoce es que estudiosos de distintos países recurren a ella para solicitar sus opiniones y asesoría.

Por su trayectoria y aportes en dicho ámbito, la especialista recibirá un homenaje este martes 26 de octubre y en su honor se desarrollará el Coloquio “Avances y perspectivas en la investigación de los materiales arqueológicos de concha”, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de la Dirección de Etnohistoria de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH y del Museo del Templo Mayor. El homenaje-coloquio se llevará a cabo de las 10:00 a las 15:00 horas., a través del canal de INAH TV de YouTube, en sintonía con la campaña “Contigo en la distancia”.

A medio siglo de distancia de que iniciara con este tipo de estudios, hoy la bibliografía disponible es de la autoría de Lourdes Suárez Diez. Esa labor de campo y de escritorio, así como su extenso conocimiento, la han llevado a varios países como Rusia, Japón, Grecia, Chile, Italia, Holanda y Suecia, por citar solo algunos, para dictar conferencias a especialistas.

Ha escrito más de una docena de libros, entre los que destacan: Técnicas prehispánicas en los objetos de concha (1974); Conchas, caracoles y magia en la cultura mexica (2010) y La joyería de concha en los dioses mexicas (2011).

“Las conchas y los caracoles jugaron un papel importante entre las civilizaciones prehispánicas. Los mayas, al sureste de México, las obtuvieron para comercializarlas con otras regiones; los toltecas, en Tula, las utilizaron para venerar a sus dioses, entre ellos a Quetzalcóatl, y en Tenochtitlan la alta clase social mexica aprovechó la belleza de esos materiales conquiológico y malacológico para demostrar su estatus”, así lo explica la investigadora, quien ha dedicado más de 50 años de su vida al estudio de “este universo maravilloso”, como ella lo define.

Las conchas y los caracoles, señala, son evidencias físicas del desarrollo de las sociedades mesoamericanas, no solo fueron atractivos por su variabilidad y abundancia, sino porque nos revelan importantes datos de nuestra historia.

Fueron diversos los usos que las antiguas culturas dieron a ambos materiales, por ejemplo —cita—, en Tenochtitlan se han localizado ofrendas con elementos de concha, lo que hace inferir inicialmente que las personas enterradas gozaban de prestigio social y/o económico e, incluso, que eran guerreros, dado que ese sector también las utilizó en su joyería, armas o escudos. Noventa por ciento de las 109 ofrendas localizadas en el Templo Mayor tiene elementos de concha, las cuales fueron modificadas por el hombre o por el tiempo.

Un terreno vasto para la investigación

La experta levanta las cejas como un acto de reflejo al escuchar la pregunta de cuántas clases de caracoles y conchas se conocen en la actualidad. “Los biólogos han identificado, hasta el momento —remarca estas últimas tres palabras—, más de 100 mil especies de caracoles, así como 15 mil o 20 mil variedades distintas de conchas. “Es un terreno muy vasto”, acota.

En una conversación sostenida en el Museo Nacional de Antropología, la doctora Suárez Diez se plantó frente a la vitrina que resguarda una coraza, descubierta en el Palacio Quemado, en Tula, Hidalgo, y comentó que ese peto está integrado por más de dos mil 600 piezas de concha y caracol, y su restauración representó una labor de más de dos años y medio. “Hubo que hacer un mapeo por cada cinco centímetros de terreno, a fin de localizar todas las piezas de esta coraza dedicada al dios Quetzalcóatl”, recuerda.

Con la sencillez adquirida a lo largo de más de 40 años de docencia, desde el nivel medio superior hasta el doctorado, la investigadora emérita hizo a un lado el lenguaje técnico y puntualizó que aún falta mucho por analizar, como la presencia y el uso que tuvieron tales materiales marinos en gran parte del país, y no solo en las zonas costeras.

Los mayas, hasta donde se sabe, “no fueron tributarios del Imperio mexica, lo que fortalece la hipótesis de que ambas culturas tuvieron contacto por la venta o intercambio de distintas mercancías, entre ellas, conchas y caracoles”, especifica.

Las pirámides, los huesos, la cerámica y la pintura no son los únicos indicios que tenemos para estudiar el desarrollo de las culturas prehispánicas, las conchas y los caracoles son una fuente importante de estudio y análisis, finaliza.


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