En San Marcos Tlazalpan, municipio de Morelos, Estado de México, la comunidad otomí-ñätho mantiene una batalla silenciosa por conservar el maíz tolonki, conocido como palomero toluqueño. Esta variedad nativa, cuyos orígenes se remontan a la época prehispánica, enfrenta amenazas como el predominio de semillas híbridas, el cambio climático y la importación de maíz, que representa más del 90 por ciento del mercado nacional.

La vida en esta localidad combina las parcelas de maíz con talleres familiares dedicados a la elaboración de piñatas, otra fuente principal de empleo. Durante carnavales y fiestas patronales que comienzan en enero y se extienden a lo largo del año, las familias se reúnen para preparar palomitas y tejerlas en collares que adornan altares y coronas. Para reventar el grano utilizan una técnica tradicional: calientan ollas de barro con arena extraída del cerro P'omu, lo que conserva la pureza del color y sabor del maíz.

Alfonso Ernesto, agricultor de 54 años, es uno de los guardianes de esta variedad. Desde su infancia ha participado en la siembra, cosecha y limpieza del grano, siguiendo las enseñanzas de su madre y abuelos. Actualmente forma parte de un grupo de agricultores que busca no solo preservar el maíz tolonki, sino también fortalecerlo para obtener una semilla más resistente y competitiva en el mercado nacional, con la meta de comercializarlo por encima de los 25 pesos por kilogramo, en contraste con los 12 pesos actuales.

Con el apoyo de investigadores en maíces nativos e ingenieros agrónomos, el grupo ha iniciado acciones de mejoramiento genético en una parcela comunitaria para recuperar la pureza del grano, un proceso que podría durar entre cinco y ocho años. Alma Lili Cárdenas, investigadora de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, ha acompañado a la comunidad durante cinco años y explica que, para seleccionar la mejor semilla, es necesario reventar cada mazorca y evaluar el porcentaje de granos que explotan, además de analizar el tamaño y color de las palomitas obtenidas.

El maíz tolonki es una de las primeras variedades domesticadas y las palomitas fueron el primer alimento derivado de este cultivo. Antes del desarrollo de herramientas para elaborar tortillas o del descubrimiento de la nixtamalización, las poblaciones antiguas ya reventaban estos granos, por lo que se le considera el padre y madre de todas las semillas, una raza indígena antigua. Su preservación implica valorar la identidad comunitaria, mantener las técnicas tradicionales de reventado y reconocer el papel central de las mujeres, en un esfuerzo por conservar la diversidad genética y cultural frente a múltiples amenazas.